El mejor tenista argentino de todos los tiempos tiene 62 años y una energía que lo hace parecer de 20. Lejos de cualquier estrellato, se declara fanático de EL PLANETA URBANO y posa para nosotros como un cowboy autóctono en una producción sin precedentes.

 

 

Guillermo Vilas es uno de los cuatro o cinco máximos exponentes del deporte argentino. Diego Maradona, Juan Manuel Fangio y quizás Carlos Monzón son los que más o menos comparten el liderazgo en cuanto a la idolatría. Cuando terminen sus carreras, es probable que Manu Ginóbili y Leo Messi se sumen a ese grupo selecto. Pero Vilas es especial, pues aunque hayan pasado muchos años desde su plenitud tenística, mantiene su vigencia.

 

 

Hay que recordar, sobre todo para los más jóvenes, que antes de Vilas el tenis en la Argentina era un deporte de elite que se practicaba sólo en clubes tradicionales, que no había ni transmisiones televisivas ni radiales de los grandes torneos y que muy pocos espectadores presenciaban los Campeonatos Nacionales o Regionales. Los triunfos logrados por Vilas (62 torneos de ATP incluyendo los grand slams Roland Garros 77, Abierto de EE.UU. 77, Australia 78 y 79 y Master de 1974) despertaron en la Argentina un furor y una masificación por el tenis que hoy –pasados más de treinta años– aún se conserva.

 

 

Ion Tiriac, el entrenador rumano que manejó la carrera de Guillermo Vilas en su apogeo y que actualmente dirige el Master 1000 de Madrid, asegura que Guillermo fue el mejor tenista de todos los tiempos y lo justifica: “Ni Roger Federer, ni Rod Laver, ni Nadal, él es el mejor jugador de todos los tiempos juntos porque ganó los grand slams, todos esos torneos, sin talento, sin una técnica especial, con seis a ocho horas de entrenamiento diario. Era muy obediente a la hora de entrenarse. Si le ordenaba tirarse de un tercer piso a la piscina, él lo hacía, sin fijarse si había agua o no. Es como que un Fiat le gané a una Ferrari; debes tener un gran respeto por ese Fiat”.

 

 

Después de haber participado junto a Gastón Gaudio (el otro ganador argentino de Roland Garrós) en una publicidad de Peugeot recorriendo París y recordando esos míticos triunfos, nos encontramos con Willy en Tafí del Valle, donde junto a Gastón participó en una exhibición a beneficio del Banco de Alimentos de Tucumán, una cruzada que beneficiará a más de 10 mil niños.

 

 

En 1977, el mejor año de su carrera, jugó 31 torneos y ganó 16, récord absoluto en la era abierta, con 130 victorias y sólo 14 derrotas, logrando un altísimo 90,3 por ciento de efectividad. También estableció el récord de mayor cantidad de victorias consecutivas, con 46, cayendo en la final de Aix-en-Provence ante Ilie Nastase, quien utilizó una raqueta de doble encordado, prohibida luego por la ATP; en tanto sobre canchas lentas, desde julio hasta setiembre del mismo año se mantuvo invicto en 53 partidos, ganó siete títulos consecutivos –Kitzbuhel, Washington, Luisville, South Orange, Columbus, US Open y París–, récord batido por Rafa Nadal 29 años después pero en tres temporadas distintas. A pesar de ello, Vilas fue clasificado por debajo de Jimmy Connors. Fue una temporada única e incomparable para Willy.

 

 

–Ahora que se está hablando de la posibilidad de recategorizar el ranking de 1977 y reivindicarte como número 1, ¿qué fantasías te hacés con ello?

 

 

–Yo creo que la felicidad es adaptarse a cosas simples, mantener una vida correcta pudiendo conservar las cosas que te gustan. No tengo mucha esperanza que los señores que tienen que revisar la historia encuentren nuevos elementos que los hagan cambiar. Si viene, bien, y si no seguiré mi camino como cuando empecé en este deporte, trabajando diariamente para lograr lo que logré. Igual nunca estuve más sólo en mi vida que ese año. La gente puede haber pensado que fue un año espectacular, pero yo deseaba que terminase pronto.

 

 

–¿Es cierto que después de haber ganado un torneo optaste por entrenarte en lugar de festejar?

 

 

 

–Nadie nace número uno. El que piensa eso raramente llega. Todo lo que logré lo hice trabajando porque yo quería llegar a ser campeón. Y acordate que cuando yo empecé lo hacíamos por nada, éramos totalmente amateurs, no recibíamos dinero. Tuve la suerte de ser parte de una familia que me dio la posibilidad de dedicarme al tenis, por eso yo nunca jugué por el dinero, si hasta se me vencieron varios cheques de premios porque no tenía cuenta bancaria (…)