Una vieja secuestra a un ladronzuelo, un padre viola a su hijo y varias aguafuertes escritas en una especie de castellano antiguo que da risa. Estas son las propuestas de este mes para la mesa de luz de la dama o del caballero. Ustedes dirán.

 

 

¿Qué pasaría si, al entrar en su casa, una señora de 93 años fuera sorprendida por un ladrón pero, en vez de quedar sometida, lograra encerrarlo en el baño? Más liviano que el aire, de Federico Jeanmaire, es el monólogo de Delita, una anciana aburrida de vivir sola que, ante un intento de robo, se convierte en una suerte de Annie Wilkes, la enfermera loca de Misery, de Stephen King. Una secuestradora improvisada que mantiene encerrado durante días a un joven de 14 años pasándole por debajo de la puerta palmeritas, milanesas, galletitas de agua. Para ella, tener esa nueva compañía es toda una aventura, la posibilidad de hablar con alguien, de contarle la historia de su vida y la de su propia madre, de quebrar el silencio de tantas horas muertas. Como no hay un narrador omnisciente que cuente los hechos, la única voz es la suya, a través de la cual adivinamos los diálogos que mantiene con el chico encerrado. Tanto que parece que escucháramos al ladrón del otro lado de la puerta del baño, cuando en rigor no accedemos ni a una sola de sus palabras.

 

 

Un ejercicio literario sumamente original y logrado en el que Jeanmaire captura los contrastes sociales, los lugares comunes de las distintas generaciones (con sus modismos y sus maneras de ver el mundo) y, sobre todo, las formas de procesar la otredad en el encuentro entre dos personas en extremos opuestos tanto etarios como sociales. Un thriller entre cuatro paredes que recuerda que nada habla tanto de nosotros mismos como el modo en que hablamos de los otros.

 

 

EN EL NOMBRE DEL PADRE

 

 

Clase alta británica, abusos y muchos, pero muchos excesos. Estas son las coordenadas en las que se desarrolla El padre, de Edward St. Aubyn, el volumen que reúne tres de sus novelas autobiográficas que tienen como protagonista a su álter ego Patrick Melrose. La primera de ellas, y quizás la más brutal, presenta a los miembros de la familia Melrose y los sigue durante un día en el que reciben invitados en su mansión de campo.

 

 

Allí está el padre, David, un hombre sobrador y violento que sólo conoce de consumos de elite y de tormentos sutiles; su mujer, Eleanor, que alterna entre borracheras y estados de sedación o euforia (dependiendo de la dosis y calidad de las pastillas que haya ingerido ese día), y su pequeño hijo Patrick. Y entre anécdotas de la aristocracia, intelectuales seducidos por el dinero y mucamas especialistas en hacer la vista gorda, aparece el horror. ¿A quién podía contarle David que, en la tranquilidad de esa tarde, había violado a su hijo de 5 años? St. Aubyn tiene un estilo único, sumamente refinado, con frases pulidas al milímetro y ocurrencias de un cinismo estudiado. Todo al servicio de una historia brutal –la aventura de su propia vida– que tendrá ecos en las novelas siguientes, con Patrick ya como un joven con impulsos suicidas, adicto a la heroína y a cuanta droga dura esté a su alcance, que con maestría da cuenta de los temores y sus monstruos en el seno de la clase alta británica.

 

 

LA AVENTURA DEL LENGUAJE

 

 

Ana Ojeda nació en 1976 pero sus textos son de otro tiempo. Vienen de los albores del siglo pasado, repletos de arcaísmos, envalentonados en la virtud de una lengua que se resiste a ser muerta. “Desfacedores deentuertos” e “infundios”, “refocilan” en un “corrincho”, para rematar en un “’¿Te acordás, boludo?”. Expresiones que burlan al paso del tiempo y se resignifican en textos breves que coquetean con la poesía y que, a la manera de las aguafuertes, relatan escenas cotidianas que tienen a Buenos Aires como telón de fondo. Desde la maravilla que aguarda cada vez que llega la primavera en Boedo hasta el modo de colgar la ropa o de resolver (o no) una pelea doméstica, los relatos de Motivos particulares tienen a la aventura del lenguaje como protagonista. Textos que se emparentan con aquellos Penúltimos Oh! que Florencio Escardó publicó como “Piolín de Macramé” en los que, a la manera de un diccionario apócrifo humorístico, los significantes se mofan de su significado. Ojeda es también responsable de la pequeña editorial El Octavo Loco, que ha publicado a figuras clave del siglo XX como Nicolás Olivari o Enrique González Tuñón, además de un libro que es una perlita: Los amores de Giacumina (1886), la primera novela escrita en cocoliche. Por eso no extraña su pasión por el rescate de las palabras olvidadas, que sin embargo resuenan en alguna memoria atávica.