Con los ojos bien abiertos, el hijo de Graciela Borges se convirtió en el padre de María Jesús. Su última obra es un libro de fotos que ilustra ese recorrido íntimo.

Hola, me quedé pensando…

–Sí.

–La nota podría titularse “Fantasma”.

–Está bueno, tenía algo así en mente.

–O “Fantasmas”. Sí, mejor en plural: “Fantasmas”.

–Es más simétrico.

–¡Exacto!

Juan Cruz Bordeu es un esteta preciso y sensible, alguien que formó su gusto en un entorno idílico. “Eso es mi mamá, gracias a mi mamá. Si la pensás es muy difícil, no es que me sentaba a mirar planos de Torre Nilsson pero estaban ahí. Piel de verano, Crónica de una señora, Circe, El dependiente, de Favio, y estaba rodeado de libros de minas en bolas; Paco Rabbane.”

–Los sesenta.

–¡Uf! Tengo una obsesión con esos años, esas modelos con tetas puntiagudas. Mi erotismo de esos años era Susana en bikini. Me acuerdo de que la vi en una quinta en San Isidro y fue la primera persona de la que me enamoré, ella me decía “mi amor”, me acariciaba y yo me volvía loco, le preguntaba a mi mamá cómo podía confrontar a Ricardo Darín. Era un romántico empedernido, creía que tenía posibilidades con sólo diez años. Criarse con las curvas de los pósteres, ser el destinatario de la ternura de esas mujeres-mito, vivir el sueño antes de poder comprender que hay un mundo más feo allá afuera. “Hay un montón de cosas que pueden ser muy mal leídas si las digo en voz alta, pero yo he sido criado en belleza y no me refiero a una belleza superficial. Eso hay que bancárselo, hay que vivir con mujeres bellas, este libro tiene que ver con eso también.” Está hablando de Mostlo, un registro fotográfico de su mujer Ileana y María Jesús, la hija que tuvieron juntos (ver recuadro) (…)