La muestra El amante de Buenos Aires propone un recorrido nostálgico por la ciudad a través de la mirada sensible y exacta de un artista que trascendió la fotografía y las fronteras.

No te quiero conocer/ No digas tu nombre ya no estaré/ Estoy entregado a un amor sin vos…/ Amo lo extraño…/ No quiero arruinarlo volverlo a hacer/ No quiero volverte a ver. La canción, que es una joyita de Charly García semisumergida en el océano de su maravillosa obra, habla románticamente de la extrañeza frente a lo lejano y, sin embargo, nada ajeno, donde dice ver “el fulgor de lo imaginario”.

Toda una forma del amor que bien podría ilustrarse con imágenes de la ciudad y sus recovecos sagrados, tal y como el fotógrafo Claudio Larrea los retrató para su muestra El amante de Buenos Aires. Un registro con los ojos de un enamorado que pedalea las calles persiguiendo la belleza de lo efímero, sublimando la imperfección y atrapando la más pura armonía. Veintiocho fotografías en blanco y negro del esplendor Art Decó que se escapa del registro cotidiano pero late en el imaginario colectivo creando esa postal inconsciente de la ciudad que amamos amar.

–¿En qué se reconoce como un “amante de Buenos Aires”?

 –Luego de vivir diez años afuera, tenía muy engrandecida en mi memoria la idea de Buenos Aires, la pensaba de una manera… yo me fui antes de 2001 y después de esa fecha la ciudad sufrió el cimbronazo de la crisis. Al volver de visita comencé a verla más deteriorada y el ideal mucho más lejano. Así que cuando decidí volver definitivamente, elegí volver a enamorarme de ella y así surgió dentro de mí el sentimiento de amante. El término tiene que ver con esa indulgencia que muchas veces perdona las imperfecciones del ser amado, lo acepta como es y trata de sacar lo mejor de lo que tiene.

–¿Cómo veía a la ciudad en su recuerdo?

 –Como en una novela de Julio Cortázar o de Adolfo Bioy Casares, en mis pensamientos de la ciudad la imaginaba romántica y bella (…)