Si vamos al Caribe y no queremos ni informalidad ni color local sino pura paquetería, nuestro destino es Saint Barth’s, una isla que rompe con todos los esquemas folclóricos de esa geografía y ofrece una visión europea del paraíso.

 

Hay por lo menos dos variantes del Caribe. La primera es la autóctona, la de la cultura caribeña, la cocina típica, los chiringuitos sin pretensiones, el pueblo mezclándose con el turista. La segunda, la cosmopolita, la colonizada, la de los yates y las boutiques exclusivas. Para dar ejemplos extremos, el paradigma de unas podría ser Cuba y, de las otras, la magnífica Saint Bartholomew, o Saint Barth’s para los íntimos.

 

 

UNA ISLA, UNA CIUDAD

 

 

Cuando el barco atraca en puerto y comenzamos a descender, por un minuto debemos mirar hacia atrás, a un mar de resplandeciente color turquesa, para asegurarnos de que no hemos llegado al Marais, en París. Porque así luce la ciudad de Gustavia. Coquetas boutiques de Hermès, Prada o Valentino, pequeños bistrós de lujo, cafés al estilo francés y callecitas adoquinadas. Los yates que todo el tiempo entran y salen de su puerto redondean la peculiar escenografía. Gustavia cuenta también con un pequeño aeropuerto para vuelos, claro, privados.

 

 

PLAYITAS, MUCHAS PLAYITAS

 

 

 

La isla es una gema oval, orlada de pequeñas playas no interconectadas. ¿La mejor manera de conocerlas? Alquilar un jeep y circular el montañoso corazón de Saint Barth’s como un aventurero, oteando desde la cima los diferentes sitios y escogiendo a ojo de buen cubero aquel donde recalar. Todos son encantadores o sofisticados y en cualquiera tu vecina puede ser Alessandra Ambrosio. Las playas más renombradas son Grand Anse y Petit Anse, dos bellas calas de aguas esmeralda y arena dorada. El Hotel Guhanahani, el elegido de las celebridades por su estudiado y elegante estilo descontracturado, bien merece una visita, por lo menos para degustar uno de los exquisitos platos de su restaurante de playa. Cuando tomemos el barco de regreso (Saint Maarten es el aeropuerto más cercano), los tejados bermellón de las coquetas residencias de Gustavia nos darán la más charming de las despedidas.