Se llama igual que su padre y siguió sus pasos profesionales, pero lo superó ampliamente. Producto de la clase media y sin la historia trágica del chico pobre que llega a la cima, es el jugador del momento. Y esto recién empieza.

Fue el 4 de julio de 2014. Faltaban cuatro minutos para que terminara el partido que Brasil le estaba ganando por 2 a 1 a Colombia, cuando los 67.050 espectadores que sacudían los cimientos del estadio Castelão, en Fortaleza, contuvieron la respiración: Neymar caía al piso, aullando de dolor, tras recibir un rodillazo del defensor rival Juan Zúñiga. Segundos después lo sacaban en camilla y los médicos confirmaban lo peor: tenía fracturada la tercera vértebra lumbar. Neymar se había quedado sin Mundial y, en ese momento, quizá hasta sin carrera. En el Barcelona tampoco lo podían creer: el club catalán lo había comprado un año antes por 55 millones de euros con negociado incluido) y lo necesitaba un par de temporadas más para recuperar el gasto. Por suerte lo atendieron a tiempo y la cosa no pasó a mayores. El ídolo moreno de 22 años y corte desmechado con claritos volvería a las canchas y todos felices.

Neymar da Silva Santos Júnior nació en Mogi das Cruzes, San Pablo, el 5 de febrero de 1992, y no tiene una de esas biografías que hacen llorar. Nada de historias épicas desde el hambre y la pobreza hasta la cima del éxito. Más bien es una historia común y silvestre: hijo de un ama de casa y un futbolista profesional que le puso su mismo nombre (papá Neymar era bueno, pero del montón), ingresó en el Santos en 2003 y tras seis años en las inferiores saltó a primera en 2009. Ese mismo año fue elegido Mejor Jugador Joven del campeonato paulista. Un año después ya era el mejor delantero y el máximo goleador de Brasil con números sorprendentes: el 15 de abril de 2010 hizo cinco goles en el mismo partido. Los clubes europeos no tardaron en enterarse de la existencia de semejante prodigio y comenzó una lluvia de ofertas que los directivos del Santos rechazaban a piedrazos. Pero las doce millones de libras esterlinas que el West Ham ponía sobre la mesa o las veinte que gatillaba el Chelsea comenzaron a aflojar las resistencias. Neymar repetía “estoy centrado sólo en el Santos”, pero su agente tanteaba otros horizontes (…)