Durante los preparativos de su boda, sintió el llamado de la decoración y renunció a la abogacía para dedicarse a la restauración de muebles antiguos. Con un exitoso comienzo, hoy es buscada por las grandes marcas para plasmar su creatividad en rincones que requieren su toque mágico.

 

 

 

–¿Siempre tuvo las ganas latentes de ser decoradora?

 

 

–No, a los 18 años no tenés la madurez para saber lo que vas a hacer el resto de tu vida, y yo empecé a estudiar Derecho con muchas dudas, pero sabía que no quería dedicarme al diseño porque para mí eso era un juego, no una profesión.

 

 

–¿Y cómo fue la transición?

 

 

–En 2007 decidí ambientar mi casamiento y, a diferencia de muchas mujeres, disfruté toda la etapa de preparación y organización. Ahí me empezó a gustar. Después, estando de luna de miel en París, pasamos con mi marido por un local de ropa de hombre que tenía unos sillones tapizados y quedé atónita, no podía dejar de mirarlos, ese día supe lo que iba a hacer en el futuro. Al poco tiempo quedé embarazada y renuncié al estudio.

 

 

–¿Y dónde realizó sus primeras estampas?

 

 

–Cuando volví de viaje me puse a ver cómo hacía para traer a la Argentina eso que vi en Europa, y mi suegra me dejó hacer la prueba en las sillas de su casa; mi marido me ayudó con el plan de negocios; me presenté en un concurso del Gobierno de la Ciudad y entre 2.600 proyectos quedé en el puesto 11. Así empecé tapizando muebles antiguos con cuero y ecocuero estampado junto con sillas de acrílico.

 

 

–¿Cuál es su función dentro de la estructura?

 

 

–Yo hago el diseño de los estampados de los productos junto con ilustradores, diseñadores gráficos y artistas plásticos. No pinto ni tapizo los muebles, esa actividad es tercerizada. Hoy, además, me acompaña un socio, Santigo Larralde, que se ocupa de la parte financiera y estratégica del emprendimiento.

 

 

 

“A diferencia de la moda, donde lo anterior vuela y no sirve, mis colecciones pueden extenderse, acumularse y repetirse.”

 

 

–¿Hasta dónde llega su compromiso con el cuidado del medio ambiente?

 

 

–Más allá de la utilización de cuero ecológico, estampamos con tintas ecológicas que no contaminan. Son mucho más caras pero decidimos optar por ellas de todos modos y aportar nuestro granito de arena. Antes, para uno de los materiales teníamos que usar una tinta solvente supertóxica, pero apenas apareció esta nueva tecnología de tintas al agua no dudamos en utilizarlas y ahora estamos cerrando la compra de una máquina para poder tener nuestra producción interna en un taller y continuar con este proceso. Otra cosa que hacemos es trabajar en nuestra sección de costura con modistas de Media Pila, que es una fundación que enseña oficios a gente que necesita tener una salida laboral, y con modistas que hicieron el curso en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) del Gobierno de la Ciudad, que tienen una preparación que no encontrás en cualquier lado.

 

 

–¿Le gusta que sus diseños se describan como “románticos”?

 

 

–A mí lo romántico me encanta pero mucha gente lo liga solamente al rosa, y si bien al principio hice bastante de eso, creo que ahora pasa más por una conexión de sentimientos. Por ejemplo, el mural que hice en Casa FOA tiene un concepto detrás, una historia, y creo que eso es lo romántico que yo tengo.

 

 

–Pero en sus estampas hay una predilección por las flores y los animales.

 

 

–Sí, me gustan mucho. Me gusta mucho Alicia en el País de las Maravillas, hice una colección inspirada en eso y, a diferencia de la moda, donde lo anterior vuela y no sirve, mis colecciones pueden extenderse, acumularse y repetirse.

 

 

–¿Cómo es su última colección?

 

 

–Por lo general, al comenzar una colección trato de definir el concepto; me pongo a hacer una investigación y eso me facilita muchísimo las cosas y me brinda la base sobre la cual anclarme a pensar el resto. La última se llama Chinería, por el término “chinoiserie”. Refiere a un estilo europeo inspirado en Oriente, son elementos de China con una visión impuesta por el viejo continente.

 

 

–Describe su labor como una “filosofía de hacer caso omiso a lo políticamente correcto”, ¿se refiere a no seguir una moda?

 

 

–Exacto. No voy a lo comercial, hago lo que me gusta, las veces que hice las cosas más osadas fue cuando mejor me fue y se vendieron bárbaro.

 

 

–¿Recuerda algún encargo extravagante que le hayan pedido?

 

 

 

–Creo que los dos murales que hice para esta edición de Casa FOA y los cinco murales que tiene mi casa fueron una locura de trabajo porque estaba con el ilustrador y el artista plástico chateando hasta las dos de la mañana tratando de explicar imágenes muy complicadas.