La dueña de la sonrisa más linda de los noventa lleva más de una década junto al periodista Matías Martin; se convirtió en mamá de Mía y Alejo; pasó los cuarenta con la frescura intacta y lanzó una marca de ropa inspirada en la belleza de las cosas simples.

Cuando la profesión de modelo era una plataforma local para el mercado fashion internacional, Natalia Graciano era top. Representante de una belleza rotunda y femenina, enamoró a toda una generación y fue protagonista destacada de la década del 90 en las tapas de las revistas más importantes, pisando fuerte en las pasarelas y en resonantes campañas publicitarias. Después de haber recorrido el mundo, en la década de 2000 encontró a su amor y hace ya casi diez años, se casó con el periodista Matías Martin e iniciaron el proyecto familiar que se consolidó con la llegada de sus hijos Mía y Alejo.

Hoy, ya pasados los 40, pero con silueta y sonrisa intactas sigue abogando por un estilo auténtico nuevamente en la trinchera de la moda. Ya la habíamos visto al frente de Quiero, libro de moda, una publicación que ofrecía una edición visual de la industria local a través del registro de desfiles, campañas y backstages y llegó a convertirse en la biblia de los fashionistas. Esta vez, el retorno es desde un lugar nuevo pero no inexplorado: el diseño de indumentaria, a través de la marca de ropa que creó desde cero a su imagen y semejanza con “prendas inspiradas en lo cotidiano”. Merci Beaucoup es el nombre del emprendimiento que ya es una realidad nacida, según sus propias palabras, de su pasión por la vida y el vestir.

–¿Cuándo fue tu primer acercamiento a la moda?

 –Lo primero que hice fue una colección a los 16 o 17 años, antes de ser modelo, la vendí en mi casa. Hoy me encuentro con amigas de esa época, algunas que ahora incluso son diseñadoras, y para mi sorpresa se acuerdan de prendas que me habían comprado. Es increíble, me encantaría tener alguno de esos productos.

–¿Los recordás?

 –¡Sí! Me acuerdo de prendas buenísimas: Un vestidito corto tipo jackie de algodón, un pantalón palazzo con una estampa de latas de tomate Campbell y unos enteritos de algodón.

–¿De dónde pensás que viene esa pulsión creadora?

  –Siempre me gustó transformar las cosas, en especial las prendas; acortar, alargar, cambiar de color. Me acuerdo que hacía vestidos con camisones antiguos… pero no tengo ninguna habilidad para coser, había mucho recorrido a la modista (…)