Locutora, conductora, comediante y escritora, juega a la antiheroína para hacer reír, pero cuando habla en serio enaltece y defiende al género femenino con vehemencia. Con más de 300 mil seguidores en Twitter y espectáculos de stand up que agotan entradas cada semana, hace rato que la mujer de Sebastián Wainraich tiene nombre propio.

Todo ese desparpajo al que Dalia nos acostumbró durante sus tres años en AM parece aplacado. No porque sea el cliché del comediante que tiene fama de amargo en su vida personal, sino porque el fin de año ya le pesa, como a todos. Comenzó con un desafío bizarro, como la conducción de un programa que se llamó 90 días o menos para rellenar un hueco de programación en Canal 9 y que, como su nombre lo indicaba, podía durar tres meses o tres días; sigue intensamente con sus funciones de Cosa de minas, el stand up que presenta en Velma Café, y ya trabaja en proyectos que desarrollará en 2015, como un libro y una serie web.

–¿Sos de hacer los típicos balances de fin de año?

 

 

–Sí, porque fue un año muy intenso. Siento que hubo un cambio de paradigma en mi vida (risas).

–¿A qué lo atribuís?

 

 

–Hay un montón de cosas que siento que cambiaron en mi cabeza, pero fue un año muy fructífero en lo personal y en lo profesional. Me pasaron varias cosas que me acomodaron un poco el panorama laboral. Empecé el año con muchísimo trabajo y en un momento di un timonazo y me quedé solamente con el teatro, que era una vez por semana. Ahora siento que fue el mejor año de mi vida laboral.

–¿Por un reconocimiento externo o un sentimiento personal?

 

 

–No, mío. Pero viste que la tele es lo más popular y masivo que hay, no deja de llamarme la atención que la gente me reconozca, nunca termino de entender bien si viene de Twitter o de dónde, pero me gusta mucho, nunca tuve fobia (…)