Es la joya menos conocida de un circuito que hilvana pueblitos de una belleza inigualable. El increíble color del mar, el aroma de los azahares y un ristretto en la vereda de una callecita medieval garantizan unas vacaciones perfectas.

La costa amalfitana tiene su propio poder evocador, la hayas conocido o no. Es uno de esos destinos que el viajero asocia con el Paraíso. La palabra mágica. O una de las palabras mágicas en el abecé del viajero consuetudinario.

 

 

Evoca mar esmeralda, costas escarpadas, villas de alegres colores, glamour, look. Cuerpos morenos volviéndose aun más morenos, si eso fuese posible. Evoca yates fondeados en los puertos, modelos y artistas de cine pavoneándose en verano. Millonarios poniendo en funcionamiento la maquinaria perpetua del champagne. Y evoca, en primerísimo primer plano, sitios como Positano o Amalfi.

 

 

Pero la hermana menos mencionada, la que se visita de paso, la injustamente postergada Sorrento, es igual de inolvidable y depara no menos estupendas sorpresas.

 

 

 

 

Con ustedes, la bella

 

 

La ciudad está enclavada en un lugar de privilegio, orientada hacia la bahía de Nápoles, de cara al Vesubio, con la magnífica Capri a escasa media hora de ferry, y las ruinas de Pompeya a una hora y pico de tren. Para agregarle magia, el paisaje que rodea a la ciudad es llamado Tierra de las Sirenas. Y si tenés la suerte de alojarte en el llamado apropiadamente Bellevue Syrene, en la Marina Grande, que fuera primero una residencia patricia y luego una villa para convertirse finalmente en un hotel que contempla al Vesubio, la dicha no tendrá fin.

 

 

La città

 

 

El centro histórico, de origen medieval y surcado por pequeñas callecitas de empedrado, era patrimonio exclusivo de los nobles. Hoy podés recorrerlo para admirar la Piazza Tasso, la catedral y recorrer el corso Italia, repleto de boutiques de souvenirs, cafés, restaurantes y sucursales de exclusivas casas de ropa. Además de cruzarte inesperadamente con cualquier persona, conocida o anónima, que se precie de glamorosa. La iglesia de San Francisco, con sus claustros, y la basílica de San Antonio, con sus criptas, no deben dejar de visitarse. La Marina Grande es la playa más importante de la ciudad. Las casas de los magnates dan hacia esta costa, y también los mejores restaurantes de Sorrento. Si lo que buscás es diversión, sesiones de jazz moderno o música cool y beautiful people, lo tuyo es la un poco más alejada y bonita Marina Piccola. Alquilá una reposera (carísima), provéete de un prosecco y esperá la puesta de sol. El Vesubio siempre te acompaña.