El conductor de Caiga Quien Caiga y de Días como estos, por La Metro, le pone el cuerpo a informes y crónicas que lo han llevado hasta la Franja de Gaza en pleno conflicto. Lo mismo del periodismo local, con una mirada crítica de la que no se salva ni él mismo.

– Pertenecés a una generación de periodistas para la que Caiga quien caiga era el destino laboral soñado.

 

–Sí, después fue cambiando el contexto y las posibilidades de hacer periodismo; hoy hay lugares muy interesantes también, sobre todo por las nuevas tecnologías. Pero cuando yo estudiaba, hace 14 o 15 años –y parece que fue hace un siglo porque realmente el paradigma comunicacional era otro–, trabajar en Punto Doc, en CQC o en Página/12 era lo mejor de todo. Y bueno, lo busqué pero también tuve la suerte de estar en el momento justo en el lugar indicado, y empecé en Punto Doc.

–Y cuando llegaste, quisiste más.

 

 

–Siempre quise más y siempre quiero más, soy muy ambicioso. Pero con limitaciones, nunca estuve, ni estoy, ni voy a estar dispuesto a hacer cualquier cosa en pos de alcanzar determinados lugares.

–¿Cuáles son esos límites que no querés cruzar?

–El respeto de ciertos valores.

–En ese sentido, ¿cómo conciliás el machismo histórico de CQC con la postura que mostrás en informes como el de la trata de mujeres, donde apuntaste directamente a eso?

 

 

CQC en su momento tuvo una identidad machista dada por la personalidad y el rol de los personajes que desempeñaban Mario, Eduardo y Juan, pero sobre todo la figura de Mario. Eso se correspondía con una época determinada pero después las cosas son muy difíciles de cambiar en cuanto a la construcción de las imágenes y quedó un poco esa imagen. También es el programa que durante ocho años me dio la posibilidad de hacer este tipo de crónicas que no se corresponden con esa marca registrada de la burla, la ironía permanente o la sátira, sino que apuntaban más a una construcción donde hubiera un mensaje. Y concretamente, esa es una nota que me interpela a mí mismo, a mí generación y a mi género porque todos o la gran mayoría de los que somos criados en una cultura machista y patriarcal nos manifestamos con la cuestión de la prostitución como si fuera un chiste, quizá sin tener real dimensión de lo que eso genera y lo relacionado que está con un delito que para mí es de los más graves porque expresa lo más salvaje del capitalismo, que es la comercialización de una persona como producto, no hay cosificación mayor posible.

–Igual es raro pasar de un informe así a un notero que da piquitos y les hace dar la vueltita a las mujeres.

 

 

CQC siempre tuvo una cosa como de firma, muy de la gráfica. Por eso siempre ha habido quien hacía informes como los que hago yo y otra gente que decide hacer otro tipo de notas que a mí pueden no gustarme, pero son parte del programa.

–Otra jugada fuerte fue la de ir a la Franja de Gaza en pleno conflicto, ¿cómo se gestó eso?

 

 

–Ya habíamos ido en diciembre de 2012, pero cuando estábamos en viaje se decretó la tregua. Fue una experiencia muy gratificante, a mí me interesa mucho la problemática de Medio Oriente, a Nico [Gutman] también.

–¿Individualmente qué evaluación hacés antes de exponerte a una cosa así?

 

 

–Sabíamos que corríamos mucho riesgo, mucho riesgo real de muerte. Eso es verdad, pero nos parecía que era parte de la aventura de haber elegido esta profesión. Sin ponerme en un lugar solemne, tiene que ver con conocer gente, historias, y contar cosas que están pasando.

–¿En qué encontrás la motivación después de una experiencia tan fuerte?

 

 

–Trato de hacer cosas que me generen curiosidad y orientar mi carrera hacia la versatilidad.

–Pero hay algo adictivo también.

 

 

–Sí, por supuesto, porque hay una cuestión muy vinculada con la adrenalina, como droga. De hecho yo volvería a un conflicto armado, sin dudarlo.

–¿Consumís algún contenido periodístico de la televisión local?

 

 

–No, no hay programas para mí.

–¿Por qué creés que está pasando eso?

 

 

–Creo que tiene que ver con que la televisión de aire es vieja, hay gente muy conservadora manejándola, que no se anima a apostar por nuevos contenidos, ni a nuevas caras, como se animaban antes. Y por otro lado, la torta presupuestaria se achicó; la audiencia en diez años cayó un 50 por ciento, trasladá eso a cualquier otro negocio…

–¿Y cómo ves a CQC en ese contexto?

 

 

–Yo creo que CQC ya dio casi todo lo que tenía para dar. Para seguir tendría que reinventarse porque el formato que revolucionó la televisión, que cambió la forma de hacer televisión, que influenció al periodismo, a los cronistas y a los noticieros, ya está, ahora eso lo hacen todos.

–¿No basta con ser el creador y el que mejor lo hace?

 

 

–Para mí no, no para mantenerse en un lugar de respeto, de admiración y generación de grandes contenidos. Sirve la tradición, sirve la herencia, pero no basta.

–¿Cómo lo ves a Mario Pergolini hoy?

 

 

–Mario ha hecho cosas importantes y ha tomado una decisión que no toma casi nadie, que es irse de la televisión cuando no le gusta.

–¿Te ves haciendo algo así?

 

 

–Sí, siempre hablando de tener la fortuna de poder elegir. Dentro de ese contexto, si puedo elegir no hacer algo que no me gusta, voy a decir que no. Habrá que ver en el futuro.

–¿Dónde te gustaría estar?

 

 

–En un programa que tuviera una fuerte impronta periodístico-política.

–¿Te parece que eso puede suceder en la tele de aire?

 

 

–No. No creo… a ver; lo veo muy difícil. Yo no sé si la televisión de aire está dispuesta a hacer programas periodísticos políticos, porque lo de Lanata no es un programa periodístico, es un show.

–¿Lo admirabas mucho cuando estudiabas?

 

 

–No, pero sí leía mucho las cosas que escribía y sí me parecía muy interesante.

–¿Y ahora?

 

 

–No. Me parece que es un operador político y que está cegado por el odio, y cuando uno odia, no piensa, no reflexiona. No es al único que le pasa, por supuesto, lo mencioné a él porque me preguntaste y es un referente en ese aspecto. Hay gente a la que le gusta, que lo sigue y lo ve y está bien que sea así, a mí no me gusta y yo no lo consumo porque no tengo nada interesante para sacar de él.

–¿Un periodista que trasciende una ideología y abraza una militancia puede ser un buen profesional?

 

 

–Yo creo que sí, pienso en Rodolfo Walsh.

–¿Hoy también es posible?

 

 

–Sí, hoy también se puede hacer. Hay un punto en el cual se puede volver contradictorio eso porque la militancia requiere de cierta obediencia y organización partidaria que debe existir, criticar a los partidos políticos desde ese lugar es una postura inocente. Está bien que haya verticalismo, orden y obediencia, y eso no impide discusiones internas, debates y peleas, pero hay un punto donde tienen que abroquelarse e ir para adelante todos juntos. Es en ese punto donde me parece que puede entrar en contradicción con la actividad periodística; cuando hay algo que vos sabés que no está bien o que va en contra de tus principios o que va en contra de la verdad pero por militancia política tenés que alinearte.

–¿Por eso vos no lo hacés?

 

 

–No sé, quizás sea eso; que sé que requiere de un nivel de obediencia que yo no podría llevar adelante, a la vez que reconozco que es necesario porque es la forma correcta de organizar un partido político, tiene que existir eso, pero yo no me siento cómodo y uno también tiene que saber en qué lugar tiene que trabajar para… ¿una sociedad mejor, ponele?

–Es un lindo objetivo común.

 

–Bueno, ponele. Algo así.

“La televisión de aire es vieja, hay gente conservadora manejándola”.

“Yo creo que CQC ya dio casi todo lo que para dar. Para seguir tendría que reinventarse.”