La frutilla del postre de una carrera espacial que hasta el momento no había sido visibilizada pero que lleva años de industria nacional. Con ustedes, la historia de Arsat-1.

 

Qué alboroto armó Arsat-1 en la Tierra semanas atrás. El satélite geoestacionario que fue lanzado al espacio el último 16 de octubre, a las 19.06, desde la Guayana francesa hasta su puesta en órbita en su posición 71,8° de longitud oeste, tiene una consistente historia detrás: siete años de trabajo, un millón de horas hombre, 200 profesionales investigando y desarrollándolo, 270 millones de dólares de inversión y un largo recorrido hasta llegar a su lugar en el mundo por los próximos 15 años.

 

 

Hasta que se separó del cohete Ariane 5, de origen francés, que lo dejó en una órbita a 300 km de la Tierra, su viaje duró 33 minutos. Desde entonces, los técnicos de la planta de Benavídez quedaron al mando y lo mantuvieron en buen rumbo para llegar a 36 mil km de la Tierra. La mayor parte del combustible lo gastó para llegar a su órbita gravitacional, casi un 80 por ciento; el 20 por ciento restante le quedará para sobrevivir. Su demora a destino será de aproximadamente tres semanas.

 

 

El satélite argentino pesa tres toneladas, mide 3,925 metros de alto y 16,416 de largo (con paneles solares extendidos). Fue construido en el vacío absoluto y, por lo tanto, no cuenta con la protección de los campos magnéticos terrestres. Es susceptible a las influencias gravitatorias externas del Sol, la Luna y la Tierra y por eso se quedará allí por los próximos años. Si se llegara a romper, tiene sistemas redundantes para poder seguir funcionando sin necesidad de reparación remota (pues no se puede).

 

 

El club de los ocho Pero hablemos de su argentinidad. Mucho se dijo de Arsat-1, el satélite que “alumbrará” a la Argentina, Paraguay, Chile y Uruguay por primera vez en la historia. Cuando el Arsat-2 emprenda su viaje y llegue a su parcela orbital 81, su panorama se ampliará desde los Estados Unidos a La Quiaca.

 

 

Mucho se discutió sobre “qué tan argentino es”, porque sus componentes (no todos) son importados. Lo cierto es que no sólo lo es, sino que es la primera vez que un país latinoamericano dirigió la puesta en órbita de un satélite geoestacionario.

 

 

Y fue posible gracias a dos empresas estatales y muchos argentinos. Es más, forma parte del selecto club de los ocho países hecho en casa que han puesto en órbita su propio satélite. Además de la Argentina, los Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Israel, India y la Unión Europea.

 

 

Por empezar, tenemos este satélite gracias a Invap, una empresa con 38 años de existencia, creada en 1976 por la Comisión Nacional de Energía Atómica en conjunto con el gobierno de Río Negro y estudiantes del Instituto Balseiro. De allí nacieron diversos proyectos y diseños para el desarrollo de reactores nucleares, equipos medicinales y, claro, satélites. Hoy hablamos del satélite argentino pero esta empresa rionegrina cuenta con más “arturitos” en su haber. De hecho, desarrolló el conocido SAC-D, que custodia nuestros cielos en su órbita solar (hace el camino de manera sincrónica al Sol) desde 2011 e informa a su casa matriz cómo es nuestro medio ambiente y cuál es la salinidad de los océanos.

 

 

Y gracias a Arsat, sociedad anónima que pertenece al Estado (2 por ciento de Economía y 98 por ciento de Planificación), creada en 2006. Volviendo al presente, la manufactura argentina para hacer esto posible consistió en el desarrollo del software de control (tiene Linux y Windows), ensamblado del satélite y su carga útil (importada desde Francia), pruebas de resistencia, seguridad e impacto ambiental y la construcción del Centro de Ensayos de Alta Tecnología (Ceatsa) para tal fin. Además, como no se trata de soplar y hacer botellas, cada una de las piezas que compusieron este satélite se diseñaron aquí y mandaron a fabricar a medida a empresas especializadas en el rubro.

 

 

 

El satélite girará a 11 mil kilómetros por hora, transmitirá a través de 24 canales en banda Ku y proveerá muchos servicios de telecomunicaciones que permitirán la transmisión de datos, telefonía y TV a lo largo de la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, adonde no lleguen los servicios habituales y para complementar la oferta actual.

 

 

 

Es el primer paso que se dará, con este gran antecedente, para ocupar la órbita asignada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y comercializar los servicios adquiridos a partir de este gran conocimiento que han logrado, además de recuperar la inversión. Tan argentino es que lleva la firma con fibrón de sus científicos, con dedicatorias que, desde ahora, sólo el espacio podrá apreciar.