Los labios más sensuales del rock nacional volvieron con todo. Mientras sube la temperatura de Twitter con comentarios futboleros y provocadoras selfies, desarrolla una interesante vocación actoral, sigue presentando sus Tangos vampiros y prepara disco nuevo.

 

Érica García es para algunos aquella muchachita audaz que irrumpió en la escena del rock nacional a principios de 2000 con su video “Vete destino” para luego desaparecer; otros la recordarán pintada de cebra con su guitarra como único escudo, y los más distraídos la limitarán a la cantante que petardeaba: “Positiva, está todo muy bien o todo como el orto”. Y no está mal. Porque ella es todo eso y mucho más, como un iceberg que parece inofensivo y eludible pero que por debajo y a escondidas arrastra su inmensidad. Hoy, tras muchos años en los Estados Unidos, en donde trabajó y se perfeccionó como actriz, vuelve a destrozar nuestros parámetros con sus Tangos vampiros y con un disco que promete ser puro hit, mientras calienta motores con su faceta actoral.

 

 

–¿Vuelve la Érica de “Positiva”?

 

 

–A “Positiva” le debo prácticamente mi identidad. El otro día googleé la frase “todo muy bien” y soy el primer resultado. Eso me puso muy contenta. Prácticamente va unido a mi nombre: “Érica positiva”. Todo esto viene a que amo la magia interna de los hits, son mucho más profundos de lo que la gente cree.

 

 

–¿Cómo es su proceso creativo en esta nueva etapa?

 

 

–Bastante despojado. No va a ser con una banda de rock. Lo estoy grabando todo en mi computadora y va a quedar eso. La menor cantidad de filtros posibles. Eso lo aprendí con Tangos vampiros, que fue mi disco más urgente; me salió en un mes. El próximo seguro que en dos meses lo tengo.

 

 

–Habla de componer como si fueran pizzas para una fiesta…

 

 

–Es que para mí es natural, los que hacemos canciones somos así; de ponernos y hacerlas (comienza a percutir con sus manos como buscando un nuevo ritmo). En la actuación pasa lo mismo, si juntás a un par, seguro improvisan una escena dramática en un minuto.

 

 

“Suena mal, pero la verdad es que había borrado a la Argentina de mi mente. Pero comencé a sanarme, recordé que había dejado dormida una carrera importante y que podía despertarla”.

 

 

 

–Depende de qué actores…

 

 

–Siempre hablando de los buenos. Yo soy de la escuela de Ricardo Mollo, Andrés Calamaro y Gustavo Santaolalla, que se componen todo. Me eduqué con ellos, fui pareja de Ricardo durante diez años y por carácter transitivo conviví muchos años con Divididos, fui su artista invitada en infinidad de shows y nos complementábamos entre todos. Puede sorprender pero te juro que para nosotros es algo espontáneo. Y bueno, ahora estoy a pleno con mi próximo disco de canciones.

 

 

–¿De qué estilo?

 

 

–El disco que estoy componiendo va a ser de canciones, hits, que creo que son lo que mejor me representa. Estoy tratando de encontrar un equilibrio de canciones hiteras que tengan sustancia. Yo no tenía término medio: o era muy arriba o muy oscura, pero los hits me tiran mucho y terminan siendo la columna vertebral de mis canciones. Sería como una reconciliación conmigo misma, una no puede tener culpa de hacer canciones gancheras.

 

 

–¿O sea que los tangos vampiros fueron sólo una etapa?

 

 

–Exacto. Fue una necesidad. Un disco ángel vampiro que vino a sacarme del letargo en el que estaba. Necesitaba algo diferente para soltarme, cosa que no me pasa en el rock porque es mi lugar.

 

 

–¿Por qué se fue del país?

 

 

–Estaba aburrida y saturada. Era 2002 y el país estaba difícil, sin alegría. Encima mi tercer disco, Amorama, había tardado mucho en salir y eso me terminó de gastar.

 

 

–Muchos recuerdan Amorama como el disco de su carrera.

 

 

–Sí, es que fue muy bueno, le puse el pecho e hicimos mucha prensa pero coincidió también con que el país se estaba cayendo, yo no tenía un mango y sentía que ya estaba agotado lo que podía hacer en la Argentina.

 

 

–¿Y cómo se gestó la vuelta?

 

 

–Suena mal, pero la verdad es que había borrado a la Argentina de mi mente. Pero comencé a sanarme, recordé que había dejado dormida una carrera importante y que podía despertarla. Y por suerte, así sucedió.

 

 

–¿Suerte, constancia o cuál cree que fue el factor?

 

 

–Suerte no, pero sí una sincronicidad con el mundo. Me había ido siete años y la gente no me había olvidado; entonces entendí que volver era lo acertado. Soy de las que creen que si ponés todo de vos, resulta saliendo a tu favor. Me pasó con la serie Fronteras, que dirigió Sabrina Farji; me enteré del proyecto, la fui a buscar y le dije que quería hacer el casting. Me dijeron que había un personaje de una mujer triste y abandonada. ¡Qué mejor! Me preparé, me presenté y quedé. O sea, sincronía entre mis ganas y la necesidad de su directora. Ojo (levanta sólo una ceja), también creo en la suerte, pero no llega sola.

 

 

 

La personalidad de Érica García está compuesta por una infinidad de estadíos. Apasionada del diseño y de la arquitectura, esta amiga de Beck es una ferviente amante del deporte al aire libre y cinturón negro de taekwondo, quien con suma facilidad puede hacer un flic flac como soldar un equipo de música si se le descompone. Destinataria de la legendaria frase “Qué ves cuando me ves”, ella, auténtica y sin dobleces, contesta en su tema “Sos mi mal”: “Y dejá de preguntarme, sé muy bien qué veo al verte”. A su vez, es multiinstrumentista, profesora de canto, actriz formada con Norman Briski y, posteriormente, egresada del Stella Adler de Hollywood, escuela donde se formaron, entre muchos otros, Marlon Brando y Robert De Niro.

 

 

 

–¿En el futuro inmediato veremos más de Érica actriz?

 

 

–En el horizonte hay muchas cosas interesantes, como una obra de teatro, una comedia musical y la conducción de un programa. Estoy en un momento donde estoy mostrando a la actriz que soy y eso me encanta. Me hace feliz.

 

 

–¿Sólo le quedaría formar una familia?

 

 

–Nunca me interesó. Igual, si viene, viene. Ya no reniego de nada, pero no creo que suceda. Si me hubiese interesado, lo hubiese hecho en su momento, hace dos años que no estoy en pareja y siento que así estoy bien.

 

 

–Da aspecto de mujer superpoderosa.

 

 

–Pero quiero creer que eso no es negativo. Siempre fui muy autónoma. La distancia más corta entre lo que uno quiere y lograrlo es hacerlo uno mismo. Y todo en mi vida me lo hice yo. Sobre todo para no tener que pedirlo y relacionarme con la gente (sonríe).

 

 

 

“Estoy tratando de encontrar un equilibrio de canciones hiteras que tengan sustancia. Yo no tenía término medio: o era muy arriba o era muy oscura.