La compañía que asombró a más de 7 millones de espectacdores de todos los países celebra sus quince años con Racconto, una vertiginosa evocación de su historia, con la originalidad y la energía que la convirtieron en un referente escénico mundial.

 

Como un sueño difuso del que queda una estela de color o apenas una sensación vaga, así nació May umana (del hebreo mayumanut, תונמוימ : destreza), casi como una noción de energía. El relato oficial apunta que en 1996 Eylon Nuphar y Boaz Berman idearon juntos un espectáculo basado en la suma de sus personalísimos estilos creativos.

 

 

Unos cuantos artistas versátiles y poderosos se pusieron a sus órdenes en un sótano mínimo de la ciudad de Tel Aviv y la cosa empezó a tomar ritmo. Eran bateristas-bailarines; bailarines- percusionistas; actores-cantantes y acróbatas-cantarines, una conjunción tan novedosa y tan potente que rápidamente desbordo los límites de ese espacio subterráneo. La incorporación del productor Roy Ofer le dio el impulso definitivo y el grupo debuto a lo grande.

 

 

 

Diecisiete años después, el presente de Mayumaná cuenta con una centena de integrantes de 20 nacionalidades diferentes que conforman tres compañías que se presentan simultáneamente alrededor del mundo. El sótano se convirtió en la imponente Mayumaná House, su propia sala en la ciudad israelí de Jaffa, y sus espectáculos ya estuvieron en Nueva York, Madrid, Ámsterdam, Paris, Berlín, Buenos Aires y México D. F., entre otras grandes ciudades.

 

 

El flamante espectáculo que se presenta el 22, 23 y 24 de este mes en el teatro Opera Allianz porteño honra esa leyenda con espíritu retrospectivo e incluye todos los elementos que caracterizan el estilo del grupo a lo largo de los años.

 

 

Racconto es la historia de Mayumana, refleja su crecimiento, evolución y desarrollo. Es un recorrido que acompaña al espectador desde el pequeño sótano donde comenzamos hasta lo que somos hoy. En el espectáculo hay números de video que el público nunca vio antes, una voz que va narrando los sucesos, cosas de espectáculos anteriores como Mayumaná, Bejuntos y Momentum combinados con partes nuevas y mucha buena música, cuenta la bailarina Aviv Sapir. Con 23 años, ya realizó giras por Europa y Hong Kong y ahora lo está haciendo por América del Sur. Aviv tiene apenas dos años en la compañía pero siente Racconto como un capítulo de su propia biografía: La propuesta es que el público venga a celebrar con nosotros 17 años de creación, invita.

 

 

–Sos hija de padre israelí y madre chilena, pasaste tu infancia en Ecuador, ¿ya conocías Buenos Aires?

 

 

Claro, estuve hace años como turista. La verdad es que me impresiono porque es una ciudad hermosa, la más alternativa que he visitado, muy abierta, muy especial. Pero además, varios de mis compañeros ya vinieron con Mayumaná antes y me dijeron que es el público más cálido del mundo, ¡así que no veo la hora!

 

 

–¿Cómo llegaste a la compañía?

 

 

Siempre soñé con estar en Mayumaná, prácticamente desde que empecé a bailar, a los siete años. Pero una vez que hice la audición y me aceptaron muy rápidamente comenzó el entrenamiento, fueron seis meses durante los que aprendí no solo la performance del show, sino otras habilidades como percusión, guitarra, canto, pilates, yoga y hasta una rutina de ejercicio para mantenernos en forma ¡Mi sueño se había vuelto realidad sin darme cuenta!

 

 

 

–¿Y qué es lo mejor de ese sueño?

 

 

¡Todo! Somos como una familia grande y loca compuesta por personas de diferentes culturas que hablan distintos idiomas y recorren el mundo todas juntas. Aprendemos unos de otros todo el tiempo, es un universo creativo compartido que disfrutamos muchísimo.

 

 

–Debe de haber una parte difícil también…

 

 

Yo no diría difícil, sino más bien complicada: tiene que ver con creer que lo podes hacer y estar permanentemente aprendiendo cosas nuevas y recibiendo críticas mientras aprendes. Pero al final del proceso siento que todo eso me hace una mejor artista.

 

 

–¿Qué se necesita para sobrellevarlo?

 

 

Bueno… qué se necesita para crear? Supongo que imaginación más que nada. Para nosotros el aprendizaje se parece a un rompecabezas en el que al final todas las piezas caen solas en su lugar.

 

 

–¿Cómo es la rutina del grupo durante las giras?

 

 

En realidad trabajamos muy duro. En los primeros dos días en cada ciudad el equipo técnico prepara el escenario y hacemos ensayos de iluminación, de espacio, pruebas de sonido y tratamos de conectar con la energía del lugar. Después, generalmente, tenemos una o dos funciones por día y al menos dos clases de pilates cada semana. Estamos bastante ocupados, como verás, pero de todos modos siempre encontramos tiempo para visitar la ciudad, pero ese es básicamente el folclore de las giras.

 

 

–¿Y el backstage de las funciones?

 

 

Siempre tenemos un ensayo previo con pruebas de sonido, calentamos (tenemos que estirar mucho antes y después del espectáculo), vamos a maquillaje y hacemos un círculo de energía grupal. Cuando termina el espectáculo tenemos la energía muy arriba, así que estiramos y nos vamos a cenar todos juntos.

 

 

–¿Qué es lo más importante que aprendiste desde que estás en la compañía?

 

 

A creer en mi misma en todos los sentidos, hoy siento que puedo hacer lo que sea.