El guitarrista de la banda Callate Mark demuestra que la música es su lenguaje natural. En la búsqueda de un sonido propio, el hijo de Vicentico y Valeria Bertuccelli bucea junto a sus compañeros en un universo variado en lo sonoro y contundente en lo formal.

Cuando el hijo de una familia de artistas decide abrir su propio camino en el mundo del espectáculo es habitual buscar similitudes y diferencias con sus padres. Una actitud que suele generar rechazo especialmente cuando se es adolescente. Más allá de estas consideraciones, lo cierto es que Florian Fernández Capello ya conquisto, junto a la banda Callate Mark (integrada por Tadeo Luna en voz, Laucha Rico Gómez en bajo, Juli Gondell en batería y nuestro interlocutor, en guitarra), un espacio propio indiscutible.

Originada como una banda de amigos, el proyecto del grupo fue creciendo en intensidad hasta alcanzar unstatus semiprofesional, no por falta de oficio sino por la búsqueda de la excelencia. El músico piensa cada palabra antes de pronunciarla y a cada frase le da una entonación sensata y reflexiva. Porque, como dice sabiamente, el éxito es una consecuencia de la autenticidad. La idea es tratar de controlarse para que ese interés no influya sobre la calidad de lo que hacemos.

Mientras tengamos claro que el objetivo no es ganar dinero, la creatividad fluirá, puntualiza.

–¿Cuándo supiste que la música era un camino profesional?

Fue una decisión transformarse en profesional. Nosotros la tomamos hace rato y se nos empezaron a dar muchas oportunidades que nos pusieron en otra situación (…)