Melómana y musicalizadora del momento, Soledad Rodríguez Zubieta reniega del rótulo de DJ y se jacta de haber inventado una profesión: la “decoración sonora”, que ambienta con canciones las más diversas situaciones cotidianas.

 

Soy una melómana extrema que se hizo musicalizadora”: si la síntesis es marca de la época, Soledad Rodríguez Zubieta resume en tres letras (SRZ) y en el ejercicio de una profesión inventada por ella misma toda una vida de fanatismo por los discos, en espíritu y cuerpo (lo etéreo de la música toma forma en la pared de su estudio, tapizada con el sinfín de compactos y vinilos). Hiperactiva y omnipresente, SRZ es la musicalizadora de los programas de radio Su atención por favor, Brunch y Fresh (todos en Metro 95.1) y el alma máter de Modular, un servicio de “decoración sonora” que ambienta restaurantes, locales comerciales, desfiles o fiestas con música curada y que, en su afán por la novedad y en la coherencia de un estilo, marca un sello personal inconfundible.

 

 

“Siento que inventé una profesión”, piensa SRZ, que reconoce precursores o parecidos, pero que marca una diferencia: “Lo mío es algo nuevo”. Y ahí donde su propia página web la describa como “sutil, de gran criterio estético, detallista y versátil”, todos esos atributos podrán apreciarse en la radio online donde ambienta las veinticuatro horas con música “climática” (www.modularmusica.com). Es que Soledad lleva adelante su vocación “desde siempre”: elegir el sonido adecuado para cada ambiente y poner canciones en las situaciones cotidianas.

 

 

¿Cuál es el primer recuerdo que tenés con la música?

 

 

–A mi abuelo no lo conocí, era químico pero también guitarrista. Cuando mi abuela enviudó, se casó con su cuñado, el hermano de mi abuelo, que también era músico. Crecí entre guitarristas, bandoneonistas y pianistas… ¡de chica pasaba horas escuchando a mi tío abuelo! Siempre me gustó la música.

 

 

Hija de una licenciada en Ciencias de la Educación y de un ingeniero, Soledad creció como una niña modélica de Banfield, donde asistía a clases de piano con la severa profesora Porota y espiaba la puerta de la casa de Sandro cada vez que iba camino a la estación. Nunca lo vio. Ya en sus años de adolescente, cuando pagó un espacio radial de música electrónica en la FM del barrio (el programa se llamaba 78 RPM), cimentó lo que sería una profesión “hecha con pasión y dedicación de amateur”, según dice. “Lo de musicalizar viene de esa época: a los DJ que ponían música en las fiestas yo les armaba las listas. Y grababa casetes para musicalizar situaciones a todo el mundo.” La era del mixtape hizo de SRZ una compiladora serial, en los tiempos precámbricos pero tan cercanos en que no existía Google y la birome era la herramienta indispensable de aquel que quisiera ahorrar pilas en los rebobinados eternos: “Me enteraba de los artistas nuevos por las revistas, investigaba, leía y compraba música. Pero tenía mucha pelea con el lugar donde vivía: me costó encontrar un grupo social con el que compartir eso, por el colegio al que iba. En los 90, tener 17 años en Banfield no era lo mismo que en Capital. Pero de a poco me fui haciendo de amigos músicos, con los que nos pasábamos los discos”.

 

 

–¿En aquel entonces querías ser DJ?

 

 

–Siempre renegué del rótulo de DJ, pero no porque tenga una idea en contra del DJ sino porque es distinto a lo que hago (…)