Llegó a los medios como “la abogada de los famosos” y se hizo una reputación temible que capitalizó con cuatro décadas de trabajo. Gracias a eso tiene importantes clientes, escribe libros y da charlas por todo el país. Esposa, madre y profesional, también se hace tiempo para despuntar su fanatismo por las marcas y jura que no falta nunca a Tribunales.

 

A los cinco años Ana supo, mirando a Perry Mason (el protagonista de la exitosa serie televisiva de los 60), que iba a ser abogada. Hizo la carrera en tiempo récord, trabajó mucho y hoy, con una trayectoria de cuatro décadas, llegó al lugar que siempre quiso: “Estoy muy feliz por todo lo que recorrí, todo lo que caminé, las experiencias que tuve y sigo teniendo. Tengo muy presente a esa nena de cinco años, pero me sigo sintiendo joven y tengo mucho para dar”.

 

 

–Usted veía abogados en la tele, pero en la práctica el derecho no se parece a eso.

 

 

–En nada, porque el derecho acá es escrito, todo lo que uno ve como abogada civilista no existe, pero me emocionaba ir detrás de la justicia, ponerme la camiseta de los intereses de mis clientes. Más allá de que a veces te cuesta luchar contra una Justicia que no debería tener vendas pero las tiene.

 

 

–¿Cómo hizo para recibirse con sólo 20 años?

 

 

 

–El paso por toda mi preparación educativa fue muy vertiginoso, estaba en sexto grado y quería dar libre séptimo para ingresar en el Carlos Pellegrini, pero no me dejaron. La carrera la hice en menos de dos años después de dar sexto año libre. Gracias al Pellegrini, por el trato universitario que nos dieron, yo pude adelantar mucho (…)