Fernando Ruiz Díaz y su banda celebran dos décadas de trayectoria con la edición de un box set que condensa los momentos más destacados de su historial. La energía musical llevada al extremo.

 

Catupecu surgió con una energía arrolladora, como un big bang musical que nada ni nadie logró detener. Desde que se encendió la mecha, en 1994, la banda vive un proceso intenso y, podría decirse, caótico. Catupecu rechaza el individualismo y los recovecos de la fama. Porque “la esencia de la música es algo superior”.

 

 

 

“Lo que vivimos cuando cantamos, cuando componemos, cuando subimos a un escenario; eso es lo importante”, define su líder, Fernando Ruiz Díaz. Hoy, veinte años después de aquel comienzo, la bomba aún está por explotar.

 

 

–¿Qué balance hacen de este aniversario?

 

 

Macabre González: –El balance está en el libro. Y es paradójico al mismo tiempo. Porque en 20 años pasaron muchísimas cosas que son imposibles de condensar; más teniendo en cuenta nuestra manera de vivir la vida. Afortunadamente, existen la música y la poesía para expresar imágenes que son difíciles de condensar. Por eso el libro es parte de un paquete que incluye dos CD y un DVD que pretende testimoniar el proceso creativo de la banda desde distintas perspectivas. Para nosotros, la edición de este box resignificó un montón de cosas, porque pasamos de ser observados a ser espectadores de nuestra propia vida. En algún punto, es un libro que hicimos para nosotros mismos.

 

 

–¿Fue como una terapia de grupo?

 

 

M. G.: –Sí. Y no porque tengamos algún problema en particular, sino porque nos permitió reivindicar la energía con la que trabajamos desde un principio. Este trabajo supuso también momentos duros desde el punto de vista espiritual; no fue fácil rever fotos y videos en los que aparece Gaby, registros de cuando empezamos en el under de Buenos Aires; fue emocionante e intenso. También es un logro poder insertar un producto como este en un mercado que no es tan permeable (…)