Tiene 1,48 millón de seguidores en Twitter, conduce dos programas de televisión y escribe una columna semanal. Entre tanta vorágine, asegura que el universo de las celebrities está lleno de falsedades y que sus verdaderos amigos pertenecen al mundo real.

 

–¿Cómo definirías a los famosos?

 

 

–Los famosos son psicópatas. Se enojan por todo y te adoran cuando los elogiás por cualquier cosa mínima. Pasan de hacerte un monumento a querer meterte un juicio, insultarte o a tenerreacciones que no esperás. Te mandan mensajes de texto a cualquier hora por cualquier estupidez. Es como todo, pasa a ser un trabajo después, pero al principio te sorprende que tengan tal grado de sensibilidad y de irritación. Los más divos, como Tinelli, Susana, Natalia Oreiro y Mirtha, son los más relajados porque se terminan curtiendopor todo lo que escuchan de ellos, porque saben que muchas veces no es real. Los famositos, los que están en el primer escalón o en el segundo, intentando ser estrellas, son los que más se ofenden por cualquier cosa.

 

 

–¿Alguna vez sufriste amenazas?

 

 

–Una vez nos amenazó Luciano Garbellano porque estábamos hablando del escándalo entre Moria y Nazarena. Igual pienso que esas amenazas son más de calentura. No creo que el que te amenace te avise. De hecho, a todos los colegas que les pasó no tuvieron mucha advertencia, les pasó directamente. El mundo del espectáculo es mucho más relajado que el de la política. Acá los famosos se enojan un día y al otro te aman.

 

 

–¿Qué temas del espectáculo te interesan y cuáles te aburren?

 

 

–Algunos temas me interesan más que otros. La novela con la familia Maradona, al público le encanta, pero a mí no me quita el sueño, me aburre. Es parte del espectáculo y se hace. El Bailando… me entretiene porque conozco todo el funcionamiento ya que trabajé ahí.

 

 

“Hay una falsa idea en el mundo del espectáculo de que los periodistas somos rompecódigos y los famosos son pobres víctimas.”

 

 

 

–¿Qué pasa cuando terminás de trabajar? ¿Seguís enganchado?

 

–No. Los temas me importan en el momento del programa y chau. Cuando termino, termino. No estoy en mi casa pensando en qué le pasa a Giannina Maradona, o si Verónica Ojeda está sufriendo por Dieguito. Me importa hasta ahí. De cualquier manera, esto nunca termina porque te llaman, te buscan, te cuentan cosas todo el tiempo en horarios ridículos. Este trabajo es así.

 

 

–¿Te molesta que te encasillen en el segmento chismes?

 

 

–No. Supuestamente el espectáculo y el deporte son los rubros menores del periodismo, pero no son nada fáciles. A veces dentro del mundo del espectáculo te tocan temas que son más importantes que la actualidad. Algunos se creen grandes periodistas porque hacen una denuncia de un árbol que se cayó y desprecian el chisme. Dentro de este mundo muchas veces terminamos hablando de adicciones, de mujeres golpeadas, de delitos, de causas judiciales. La excusa es el famoso pero hablamos de todo. El tema de los géneros desapareció: hoy en un noticiero hay cada vez más noticias del espectáculo, igual que en los magazines.

 

 

 

–Siempre se te ve muy serio, como enojado. ¿Sos así naturalmente?

 

 

–Sí, nací serio, qué se yo. Me divierto para adentro. En el programa estoy muy concentrado en doscientas cosas, porque produzco yo, porque estoy pensando en la pregunta que viene, si está el tape o no, qué están poniendo en el graph. Pero eso es de obsesivo, porque nadie me obliga. Tal vez se me ve serio porque siempre estoy concentrado en algo.

 

 

–¿Cuánta falsedad hay en el showbizz?

 

 

–Es muy falso. Cuando te necesitan, te llaman. Cuando les sirve, si tienen que promocionar algo, van a tus programas a dar notas. Ahí los periodistas somos los mejores del mundo, pero después no te atienden nunca más un teléfono. Así funciona el juego, por eso yo nunca me lo tomo como personal. Cuando pasan esas situaciones atendés a los famosos, los usás y después los descartás, como te descartan ellos a vos.

 

 

–¿Los famosos se te hacen los amigos cuando te necesitan?

 

 

–Todo el tiempo.

 

 

–¿Cómo diferenciás quién es tu amigo y quién no?

 

 

–Yo no tengo amigos famosos, sí colegas porque con algunos trabajé mucho tiempo y me caen bien. Pero famosos famosos, no. No voy a comer a la casa de Moria ni tomo mates con Wanda Nara; con esas figuras tengo relación por el medio, nada más.

 

 

 

“Nunca fui cholulo, yo esquivo a los famosos: cuanto más lejos, mejor”.

 

 

 

–¿Cuál es el secreto de tu éxito?

 

 

–Creo que hay que sentir pasión por lo que uno hace. Yo trabajo mucho todos los días, desde que empecé. He tenido muy buenos compañeros, nadie que me trabara los caminos ni me cerrara las puertas. Pero siempre con sacrificio: en un momento llegué a tener nueve trabajos, terminé loco.

 

 

–¿Por qué lo hacías?

 

 

–En parte porque me gustaban todos los trabajos, me costaba dejarlos. Hacía dos programas de radio, dos de televisión abierta y uno en cable. Estaba en un momento de crecimiento en el que necesitaba mostrarme y poder seguir creciendo.

 

 

–¿Cuál es la parte más difícil de tu trabajo?

 

 

–Lidiar con gente vaga. Yo soy muy exigente conmigo y con los demás.

 

 

–¿Te tomás pocas vacaciones?

 

 

–Las vacaciones nunca alcanzan, no somos Wanda Nara.

 

 

–¿Cómo te protegés de la guerra de egos?

 

 

–No le doy bola a nadie. En un momento iba más a los eventos, pero no me gusta vivir la vida del famoso. Esto de ir todo el tiempo al lugar donde están todas las celebrities y se ven siempre los mismos me embola, no me va. Termina siendo un club insoportable. Me divierte más tener amigos de otras ramas, porque podés hablar de otras cosas más interesantes, escuchar otros temas. Nunca fui cholulo, yo esquivo a los famosos: cuanto más lejos, mejor.

 

 

–De todas las informaciones que te llegan, ¿cuáles son las que más te sorprenden?

 

–La velocidad con que llegan los embarazos. No sé qué le pasa a la gente, ve a una famosa en una clínica y le saca fotos. Me ha pasado de enterarme de embarazos antes que los mismos familiares, por medio de la gente. Me pasó con Viviana Canosa, que me enteré de su embarazo antes que su propia madre, y con Sofía Gala, que me enteré antes que Moria. En una época me llamaban o incluso me mandaban sobres con información; ahora todo se mueve más por Twitter.

 

 

–¿Cuáles son tus límites?

 

 

–Nunca me meto en temas de salud, salvo que te lo cuente el protagonista al aire, que quiera contarlo de primera mano. Me ha tocado de enterarme de  enfermedades que las he dejado pasar hasta que fueron públicas, como en el caso de Jorge Guinzburg. Las adicciones de los famosos las conocemos todos los que estamos en el medio, pero nadie sale a contarlas. Hay una falsa idea en el mundo del espectáculo de que los periodistas somos rompecódigos y los famosos son pobres víctimas. En mi caso, yo juego con los que quieren jugar, se exponen los que se quieren exponer. Yo nunca mandé a perseguir a nadie; las notas que salen son porque me llegan. A mi programa viene la Negra Vernaci, viene la Süller, viene todo el mundo. Desde un bailarín clásico hasta un mediático bizarro. Incluso ha venido Julieta Díaz, que odia los chimentos. El tema es cómo le entrás a la gente.

 

 

 

–También están los famosos cool que reniegan de la tele pero viven de ella.

 

 

–Esos son inútiles, directamente. Hay una generación de inútiles que trabajan de esto, que les encantaría ser Susana Giménez, pero que lo disimulan. Quieren ser populares, exitosos, estar en las tapas de las revistas, que todo el mundo hable de ellos y después, cuando chocan con la prensa, no se saben desenvolver. Hay toda una generación de actorcitos jóvenes que odian a la prensa pero van al evento para que les regalen el anteojito y se sacan una foto para la vidriera de la revista. Es un manejo bastante raro. O dan entrevistas a revistas cool, dicen una barbaridad y cuando la reproducís en un programa de chimentos sos la peor lacra del mundo, porque dijiste lo que dijo él en otros lados. Hay gente a la que nunca le vas a sacar nada sobre su vida privada. Pinti, Gasalla, son seres inteligentes, además de talentosos. Odio a los actores cool huecos, me molestan.

 

 

“A mi programa viene la Negra Vernaci, viene la Süller, viene todo el mundo. Desde un bailarín clásico hasta un mediático bizarro. Incluso ha venido Julieta Díaz, que odia los chimentos. El tema es cómo le entrás a la gente.”

 

 

 

Ángel de Brito conduce BDV por Magazine desde hace siete años y actualmente participa del programa El diario de Mariana, en la pantalla de Canal 13.