Desafiante en su estética, perfecta en su fisonomía y por momentos inalcanzable, la modelo argentina más sexy de estos tiempos se destaca, ante todo por su humildad. De su Córdoba natal a las páginas de la revista GQ, parece no tener límites.

 

“Nadie es profeta en su tierra”, reza el dicho. Pero existe el caso de Jimena Buttigliengo, a quien su Córdoba Capital le quedaba demasiado chica para esos letales ojos celestes e interminable metro setenta y ocho de altura. Después vendrán las anotaciones al margen donde expliquen que, angustiada por la distancia y la soledad de las grandes ciudades, eligió Buenos Aires como punto de referencia.

 

 

“Al principio era todo no: ¿Desfile en un boliche? No. ¿Un evento de modelos? Tampoco. Me daba vergüenza que la gente de mi ciudad me viera. De hecho, no tenía una decisión marcada por la moda, aunque sí admiraba a Dolores Barreiro. Y lo primero que acepté fue una campaña en Perú, adonde fui con mi mamá. Nos fue realmente bien y después, ya sola, me fui a Miami, y ahí empezó todo.”

 

 

Aunque el glamour, los flashes y los viajes hagan de la pasarela un espacio donde las mujeres luzcan felices, una gran personalidad debe anidarse dentro de cada modelo para no flaquear. “Al principio era todo una aventura. Yo pasé de Córdoba a estar en una playa de Miami con un bíper que si sonaba, era para indicarme lugar y hora del desfile. Estaba fascinada. Me compraban ropa, los mejores maquillajes, me enseñaban a caminar y a pararme. Al principio era todo ideal, pero la verdad es que había mucha competencia. Y aunque allá es todo impersonal y elige el cliente, son tantas las modelos que te abruma. Por citar un ejemplo, en el casting de Armani había casi 1.500 modelos. Yo pensé que estaba entrando en un concierto y no en un casting.”

 

 

–¿Alguna vez dudó de su profesión?

 

 

–Jamás. Desde el primer momento sentí que era mi vida. Porque sabía que era el medio para conocer el mundo. Aunque flaqueé con respecto a vivir en el exterior, sobre todo cuando conocí a una chica que hacía ocho años vivía en el mismo departamento, en un estado de soledad importante, aun teniendo muchas condiciones para triunfar. Por otro lado, veía que mis hermanos la pasaban genial acá. Por eso me decidí a volver, aunque siempre estoy viajando. 

 

 

Dentro del mundo de las modelos existen dos clases de profesionales: las que hacen un culto de la banalidad y del halago, que deja a la protagonista en el epílogo de su carrera con la necesidad de conseguir un corazón que la apuntale por el resto de su vida, y las que aprovechan el talento de las personas que las rodean para salir fortalecidas. Usurpadora de sensaciones e inquieta por naturaleza, Jimena forma parte de este último grupo. Por eso, su novio jamás será el pilar de su economía, y menos, dictador de sus horarios. “Me gusta leer mucho, hago yoga y medito. Soy muy curiosa. Ahora estamos creando junto a Florencia Fabbiano una marca de ropa. Son unas remeras de arte. A veces me pregunto por qué no puedo relajarme sólo con mi profesión, pero soy así. Más allá de hacer campañas, mi cabeza necesita trabajar”, explica.

 

 

–¿También es una apasionada de la fotografía?

 

 

–La fotografía es como un juego que cada vez toma más fuerza. Siempre fui de ir con mi camarita y guardar todas las postales que presenciaba. Una noche en Nueva York, un amigo hizo una fiesta donde cada uno tenía que llevar algo de arte. Y no tenía nada que llevar más que unas fotos sacadas en la India. Las imprimí, les di un toque artístico y las llevé.

 

 

–¿Más cerca de Mario Testino o de Helmut Newton?

 

 

–Me gusta el estilo Free Street. Retratar lo que veo en el mundo. Me da mucha pena no poder estar en mi país todo el tiempo con la cámara en mano por una cuestión de seguridad. Porque todos los fotógrafos te dicen que te perdés de muchas fotos, pero bueno. Igual no me corro de mi profesión de modelo, que amo y de la que estoy orgullosa. Pero sí me hace entender u n poco más todo. Tanto para facilitarles el trabajo a los fotógrafos o cuando no son tan expertos, darles mi humilde opinión.

 

 

–¿Hay lugar en la televisión actual para una mujer como usted?

 

 

–Ahora estoy conduciendo el programa EAModa, que sale por internet. Que si bien en nuestro país aún no está la cultura de ver tele en la web, por semana tenemos más de sesenta mil visitas, que es un supernúmero. Pero si sale alguna propuesta seria en la televisión tradicional, claro que la aceptaría.

 

 

–¿Queda algún sueño por cumplir?

 

 

–En lo inmediato, realizar el Victoria’s Secret Fashion Show. Y en lo personal, no quiero pasar por este mundo sin vivir la experiencia de tener un hijo y de formar una familia junto a Elías, mi novio. Es un sueñorecurrente. Pero sé que ahora no es el momento, que queda mucho por hacer como modelo, como fotógrafa y con mi marca de ropa, Luck Now. Porque cuando tenga hijos, quiero dedicarme por entero a ellos.