En invierno da fiaca salir al correr, pero es una actividad sanísima que no hay que abandonar. Eso sí, hay que tomar precauciones, desde cómo vestirse hasta qué comer. Puertas adentro del gym también hay opciones para los días gélidos.

 

El clima es un factor determinante a la hora de realizar una actividad física. La desventaja de entrenar con temperaturas bajas es que el cuerpo necesita realizar una entrada en calor gradual y progresiva. Si bien elevar la temperatura corporal es un principio casi obligatorio antes del trabajo físico, cuando hace frío hay que hacerlo aún más ya que nuestras venas hacen vasoconstricción (se cierran un poco) y por eso la sangre se mueve a menos velocidad, retardando los movimientos. Como además los músculos están más rígidos, podemos tener lesiones inmediatas.

 

 

Para los amantes del running hay ventajas: el cuerpo pierde menos fluidos y tiene menos posibilidades de deshidratarse, por este motivo los grandes maratones internacionales, como los de Nueva York o París, se realizan en otoño o principios de primavera.

 

 

Con el frío hay que tomar precauciones, por ejemplo, tener ropa adecuada para los grandes vientos fríos, que son los que penetran, y taparnos las orejas con gorros o vinchas para evitar pescarnos una otitis. No conviene correr con lluvia porque la humedad y el frío pueden generar gripes inmediatas.

 

 

El precalentamiento debe arrancar con muchos movimientos articulares para darle mayor viscosidad (aceite) a las articulaciones, elevar la temperatura con piques progresivos o caminatas rápidas y un muy buen estiramiento final para que los músculos estén menos rígidos.

 

 

En general se suele dejar el gimnasio en invierno y solemos aumentar de peso. El mayor perjuicio es que el cuerpo está sedentario y como llevamos en los genes un registro de “ahorro” (las bajas temperaturas, desde la época del primate, hacen que el cuerpo guarde unos kilos para pasar el invierno) está estudiado que se aumenta entre uno y tres kilos ya que la grasa es protectora.

 

 

Pero no movilizar el cuerpo es aun más peligroso para el aumento de peso. Hoy los gimnasios ofrecen varias alternativas, por ejemplo, el spinning, o ciclismo estacionario, que ahora se realiza acompañado de imágenes y sonidos para acompañar nuestros sentidos porque nos hacen vivenciar distintos lugares y situaciones. Está el ashtanga yoga, que es un yoga deportivo, casi de alto rendimiento.

 

 

Hay rutinas de gimnasio con pausas activas, es decir entrenamiento con máquinas más entrenamiento funcional (pelotas medicinales, vallas, sogas, box, etcétera, y todo aquello que realice gestos deportivos) logrando bajar calorías.

 

 

Y cómo no mencionar el tan popular crossfit. Volviendo a la vestimenta, deberíamos evitar las remeras de algodón y utilizar las tecnológicas, ya que la transpiración se libera con más facilidad evitando el enfriamiento.

 

 

Usar calzas largas si es posible, que permiten mantener el calor de las piernas; gorra de lana y camperas rompevientos. Aquí va un tip: los esquiadores, en la actualidad y aunque parezca mentira, se colocan papel de diario sobre el torso aislando el frío. Y otro más: conviene cubrir bien la zona lumbar para evitar futuros dolores del nervio ciático.

 

 

No se considera un riesgo entrenar con temperaturas bajas, simplemente debemos tener en cuenta la indumentaria y cambiarla terminada la sesión.

 

 

Con respecto a la alimentación y la hidratación, el invierno nos invita a las comidas calóricas, por eso deberíamos inclinarnos hacia las verduras calientes (asadas o hervidas), sopas libres de grasa, omelet de claras (para aportar proteínas), nueces, avellanas o frutas secas.

 

 

La hidratación es fundamental: hay que beber dos litros de agua y recordar que la ingesta de infusiones calientes (café, té) colabora con la deshidratación.

 

 

Hay que evitar las remeras de algodón, es mejor utilizar las tecnológicas, que liberan mejor la transpiración y evitan el enfriamiento.