Después de protagonizar la película de culto El estudiante, recorrió los festivales más importantes del mundo, se convirtió en el actor más convocado por los nuevos directores del cine argentino y dio el salto a la pantalla chica, donde cada noche conmueve al público con interpretaciones irresistibles.

 

Este hombre, que por una década sirvió las mesas de un restaurante en Puerto Madero, estrenará este año en la pantalla grande El cerrajero, de Natalia Smirnoff, y El 5 de Talleres, de Adrián Biniez, y está filmando la remake de La patota junto a Dolores Fonzi, el nuevo largometraje de Santiago Mitre. Cándido, con la simpleza característica de las personas que nacieron y se criaron en pequeños pueblos del interior, Esteban Lamothe llega puntual a la producción fotográfica y se entrega relajado a la entrevista para hablar de su trabajo, su paternidad, fruto de la relación con la actriz Julieta Zylberberg, y los proyectos a futuro.

 

 

–¿Soñaba con ser actor?

 

 

–No, nada que ver. Cuando era chiquito miraba a los de teatro y me parecían todos boludos porque el único actor que había en el pueblo era así, así que el teatro para mí no era nada divertido.

 

 

–¿Cómo fue su desembarco en los medios?

 

 

 

–Llegué de Ameghino, un pueblo en la provincia de Buenos Aires a 500 kilómetros de Capital Federal, a los 18 años para estudiar Nutrición, pero me iba mal y al año dejé. Entonces me puse a trabajar de mozo en la parrilla La Caballeriza y ahí conocí a un chico que me empezó a pasar algunas películas y libros que me marcaron el camino para empezar. Yo tenía muy poca información, mis viejos nunca consumieron arte. En mi casa no había discos ni libros. 

 

 

–¿Por dónde empezó?

 

 

–A los 23 años me anoté en un curso de narrativa y artes combinadas en el Centro Cultural Rojas, te enseñaban a escribir a partir del dibujo y la actuación. Me encantó y al toque me anoté en las clases de iniciación de Cristian Drut. Tuve mucha suerte porque era mi primera experiencia y él fue un muy buen docente. Después pasé a tomar clases con Alejandro Catalán y al tiempo me convocó para hacer una obra. Empecé haciendo cosas chiquitas, independientes.

 

 

–¿Y cuándo pudo vivir de la profesión?

 

 

–Trabajé de mozo hasta los 30 años, más o menos. Iba y venía. Empecé a hacer algunos comerciales, me llamaron para hacer una película que se llama La vida por Perón y renuncié pensando que me iba a convertir en una estrella de cine pero nada que ver, al toque volví por la puerta de atrás (risas). Trabajé como cinco años más, hasta que volví a filmar una película. En el medio trabajé con Federico León, Lola Arias, Romina Paula y viajé a festivales a Europa. Después hice una obra con Mariana Chaud dentro del ciclo BioDrama y a través de ella conocí a Mariano Llinás y a Santiago Mitre, los guionistas y el director de El estudiante.

 

 

–¿Por qué cree que esa película tuvo tanta repercusión aquí y en el exterior?

 

 

–No sé, es un fenómeno y los fenómenos son difíciles de analizar. Creo que tiene un guión de mucho nivel y excelencia. Pienso que Santiago Mitre es un genio y que los diálogos, que son una cosa muy difícil en el cine argentino, tienen un nivel de fluidez que hacen que parezca una película improvisada, con un ritmo más al estilo norteamericano. El estudiante fue clave, me vio todo el mundo, a partir de ahí no paré de trabajar.

 

 

–¿Cómo fue la primera experiencia en la televisión?

 

 

–Yo vengo del teatro, donde a veces ensayás un año antes de estrenar una obra. Entonces, cuando me soltaron en la tele a las diez de la mañana con cuatro hojas, empecé a temblar. Pero creo que si das ese salto, no te abarrotás y entendés esa velocidad, te podés subir sin hacerte demasiadas preguntas. Creo que Carrizo (el ladero de Joaquín Furriel en Sos mi hombre, la novela protagonizada por Luciano Castro y Celeste Cid) creció porque tenía esa cosa hiperpopular, todo lo que le pasaba era gracioso y tenía mucha impunidad, decía cualquier cosa sin importarle nada. Eso siempre produce simpatía.

 

 

–¿Qué lo motiva de un nuevo proyecto?

 

 

–Me gusta la experiencia de trabajar con gente distinta, ese intercambio de energía que se da entre un director y un actor. Pensá que actuás con el cuerpo, con los sentimientos, y es una cosa bastante íntima, de mucha desnudez con la gente que estás laburando. Últimamente, le estoy prestando mucha atención a lo humano. Para mí es muy importante que las relaciones sean buenas, que sea agradable trabajar ahí. Si me junto con el director, me cae bien y el guión está bueno, sigo para adelante.

 

 

“Cuando era chiquito miraba a los de teatro y me parecían todos boludos porque el único actor que había en el pueblo era así.”

 

 

–Hay muchos actores argentinos que están creciendo y les gustaría estar en su lugar, ¿a qué adjudica sus logros?

 

 

–Creo que mi gran habilidad fue rodearme de gente talentosa. Si te armás un equipo de fútbol que son todos amargos probablemente no te luzcas, pero si todos los que están alrededor tuyo juegan bien, es más fácil. Creo que tuve ese olfato, esa intuición de juntarme con Pilar Gamboa, Santiago Mitre, Mariano Llinás… me parece que ahí está la cosa.

 

 

–¿Fue un proceso de mucho esfuerzo o se fue dando de forma natural?

 

 

–La verdad es que yo no ambicionaba mucho; nunca me comí la cabeza ni me puse ansioso por trabajar. Se fue dando de a poco; actuaba en una obra y después me llamaban para otra, hacía algunas películas… Nunca tuve el deseo puesto en trabajar en la tele, por ejemplo. Yo me imaginaba que iba a volver a vivir a Ameghino, poner un local, hacer algo allá.

 

 

–¿Dónde conoció a su mujer, la actriz Julieta Zylberberg?

 

 

–La conocí hace ocho años haciendo un semimontado de textos alemanes en un ciclo de producción argentino- alemana, pero ella estaba de novia y yo también así que nos reencontramos un tiempo después.

 

 

–Luis Ernesto ya tiene un año y medio, ¿cambió mucho su vida la paternidad?

 

 

–Sí, cambió dramáticamente. Supongo que después iré recuperando un poco mi vida social, pero la verdad es que no la extraño porque estoy bastante flasheado, quiero estar todo el tiempo en casa con él.

 

 

–¿Cómo imagina su futuro?

 

 

–Me imagino de viejito viviendo en Ameghino, con mi mujer, mi familia. Tengo un terreno que me dejó mi abuelo y me gustaría construir una casa y vivir allá.

 

 

“Renuncié al trabajo pensando que me iba a convertir en una estrella de cine pero nada que ver; al toque volví por la puerta de atrás y trabajé como cinco años más.”