¿Quién no lo quiere? Los hombres lo ven como a un amigo cómplice, a las mujeres les sigue pareciendo sexy, las marcas lo encuentran perfecto y todos los medios buscan una nota Con él. Carismático como pocos, se mantiene fiel a sus convicciones y cultiva un perfil tan bajo como atractivo.

 

Matías Martin es relajado, simpático y charlatán, pero detesta las entrevistas. “Si yo no estoy promocionando algo, siento que para lo único que sirven es para buscar roña”, dirá en esta nota, adelantándose a una polémica por su ya instalado enfrentamiento con Mario Pergolini. Llegado cierto grado de éxito en el mundo del espectáculo, la exposición pública aumenta y, en consecuencia, las personas se hacen menos accesibles. Pero este porteño de labios finitos y clarísimos ojos brillantes es una paradoja: tiene un reconocido espacio en la radio, donde lidera su franja desde hace 15 años, y una nutrida trayectoria televisiva y sin embargo, en la medida que su carrera se fue consolidando, su perfil público fue bajando hasta el mínimo actual. Curiosamente, tampoco se hizo menos accesible; sus oyentes le hablan con esa familiaridad que da la radio y encuentran en él a un tipo que se les parece y les devuelve un reflejo interesante, tanto más elocuente y muchísimo más canchero.

 

 

–Estás instalado en Brasil transmitiendo el Mundial para Basta de todo por la Metro y para Más que fútbol por Directv Sports, ¿cómo la estás pasando?

 

 

–Es un Mundial espectacular, estoy disfrutando muchísimo. Hay un clima bárbaro, de entrada lo sentí, en la ciudad están todos con carteles, pelucas, camisetas, hinchadas…

 

 

–Todo indica que se están divirtiendo mucho.

 

 

–Sí, pero lo que menos tiene es lo que la gente más creía queiba a tener: Joda y playa cero, pero cero real. No pasa nada,la noche de Río no existe. Yo laburo hasta tarde pero tengocompañeros con ganas de salir y no pasa nada. A las siete,cuando termina el partido de las cinco, la gente se va a losbares y medio que ahí arranca la joda, pero a las once ya terminó.Pero está la temperatura es perfecta y los partidos sonbuenísimos, así que lo estoy disfrutando mucho.

 

 

–Se percibe una cordialidad muy linda entre los países latinoamericanos.

 

 

 

–Hay unidad latinoamericana cuando vemos el partido por televisión; después, en la cancha o cuando se cruzan las parcialidades, hay buena onda siempre y cuando no se enfrenten. 

 

 

–En la previa se habló mucho de la ausencia de referentes como Tévez e incluso Verón en la Selección.

 

 

–Me parece que Tévez se sacó solo. Siempre tuvo una relación conflictiva con la Selección hasta que se terminó yendo y dijo que no era prioridad, que no le interesaba. El grupo siguió y la revirtió; Messi pasó de ser el traidor que no canta el himno a “…de la mano de Lio Messi todos la vuelta vamosa dar”, dos meses antes del Mundial, cuando se acordó, el grupo ya se había hecho fuerte sin él. Analizarlo desde otrlado es ser muy tribunero. Y Verón se retiró del fútbol, es un  ex jugador. Eso fue porque Sabella es de Estudiantes y Gago estaba lesionado, pero le costaba jugar en el campeonato local, en el Mundial hubiera sido difícil.

 

 

–Es un análisis muy objetivo.

 

 

–Pero mirá que en los últimos años recuperé mucho la pasión por el fútbol. Cuando empecé a trabajar en los medios me saqué al hincha de encima y lo mantuve a un costado hasta ahora que, para desgracia familiar, volví a ver muchísimo fútbol.

 

 

–¿A Luca, tu hijo más grande, no le interesa para nada?

 

 

–No, no quiere saber nada y a mí no me interesa que le interese tampoco. Le gustan el cine y la música, sus inquietudes van por otro lado y me encanta.

 

 

–¿Pensás que influyó que el fútbol sea parte de tu trabajo?

 

 

–(Piensa) Todo influye, todo tiene que ver para mí. Es mi trabajo, es mi pasión, y uno se define también por oposición a la figura paterna, qué se yo… Por otro lado, nunca le gustó el deporte, nunca le interesó, siempre fue de un desarrollo más intelectual.

 

 

–¿Vos te criaste en una familia futbolera?

 

 

–No, mi viejo no era un gran futbolero, era dibujante; mi vieja, psicóloga, otro palo, más militante, más culturoso. Soy un futbolero autodidacta.

 

 

–Pero me imagino que en los mundiales se enganchaban

 

 

–Y sí, en el Mundial se une el país entero.

 

 

–¿Te acordás del Mundial 86?

 

 

–Claro, tenía 15 años. Creo que no hay una etapa de mayor fanatismo para alguien que le gusta el fútbol; pegaba fotos en la carpeta del colegio, iba a ver cualquier partido, y ese mundial con Maradona y todo lo que pasó fue muy grande.

 

 

–Alguien que vio el fútbol y sintió la mística de ese mundial en una edad en la que emocionalmente es una esponja, ¿cómo hace para ilusionarse hoy?

 

 

–Es cierto, con 15 años, Maradona, ese mundial, ese año que River salió campeón de la Copa Libertadores y de la Intercontinental… Una cosa muy arriba, muy arriba todo. ¿Pero cómo no motivarte con Messi?

 

 

–Yendo siempre a cubrir, ¿no hubo mundiales en casa con Natalia y los chicos hasta ahora?

 

 

–En 2002, que fue el mundial de las tres de la mañana.

 

 

–Y esta vez tocó el Día del Padre allá.

 

 

–Es que el Día del Padre, el cumpleaños… a mí no me pasa nada, por ahí en el momento llamás y te emocionás, pero no pasa nada.

 

 

–Estoy por llegar a la conclusión de que no sos un romántico.

 

 

–Bueno, depende de qué sea ser un romántico y de qué valoración le des al término.

 

 

–Contame tu punto de vista.

 

 

–¿Sobre el romanticismo?

 

 

–Sí.

 

 

–¿Qué es ser un romántico? No sé…

 

 

–Tiene que ver con la sensibilidad, con cierto apego nostálgico.

 

 

–Soy muy sensible, muy sensible. No sé si nostálgico, me gusta revisar el pasado pero no me describiría como nostálgico.

 

 

–Sin embargo has encontrado tu lugar en el medio nostálgico por excelencia.

 

 

–No, ¿lo decís porque la radio es de otra era?

 

 

–Sí, como los libros, implican cierta nostalgia.

 

 

–No, yo creo que la radio es el cariño por la palabra, por la comunicación, es un amigo permanente. Bueno, tal vez todo eso se adapte a un libro también, pero la radio habla como vos, habla tu idioma. Para el que vive en el extranjero, no hay nada que te acerque más a tu país que escuchar la radio. Y sí, por ahí hay nostalgia, pero te lleva a un registro más humano y natural.

 

 

–Probablemente lo que distingue a la generación de locutores a la que pertenecés es que no tratan a la radio como un medio viejo.

 

 

–No, cero, de viejo no tiene nada. Ya estamos habituados a que le pronostiquen la muerte a la radio cada vez que aparece un medio nuevo que, sin embargo, no hace más que potenciarla, la alimenta. Los teléfonos nuevos vienen con radio, yo me subo al auto y pongo la radio.

 

 

–¿Qué pasa con Pergolini?

 

 

–Estabas esperando. Esta es la parte que garpa.

 

 

–Es inevitable la pregunta.

 

 

–¿Qué te puedo decir? Es un tipo muy importante en la historia de la radio, alguien que hizo muchísimas cosas pero lamentablemente decidió estar del otro lado. En vez de tener una generación que lo admire y que lo quiera, buscó tener una generación que no lo quiera nada. En realidad es él el que no quiere a nadie, pero bueno, qué voy a hacer. A mí, la verdad, me trató siempre muy bien, yo soy muy agradecido de las cosas que ha dicho de mí pero también les ha tirado munición gruesa a mis amigos y eso hace imposible una cercanía.

 

 

–¿Te preocupa que Luca sea conocido?

 

 

–Ya es un poco conocido, pero va a ser consecuencia de lo que elija ser, yo detesto la cultura y la lógica del famoso. Lo hablo mucho con él; ser famoso no significa absolutamente nada, le falta una segunda palabra, un “qué” famoso: un ladrón famoso, un asesino famoso, un periodista, un futbolista, un músico famoso… Bueno, ahora sacá famoso, ¿querés ser músico?, ¿querés ser periodista?, ¿qué querés ser? Si te va bien, por ahí te hagas famoso.

 

 

–Me parece que él va a ser famoso igual.

 

 

–Bueno, ya tiene ese apellido, esa madre, esa historia, ya está (N. de la R.: Luca, de 14 años, es fruto de la relación que tuvo con Nancy Dupláa). Eso lo va a acompañar siempre.

 

 

–¿Cómo hiciste para sostener tu estilo de vida cuando te convertiste en padre?

 

 

–Me parece que no va en contra. Obviamente, la tarea de padre te ocupa muchísimo, es 24 x 7, todo el tiempo los tenés en la cabeza. Además la paso bien, llego a casa y es una fiesta, me divierto mucho con mis hijos, y con cada uno tengo una relación distinta. Con el más grande, como te decía, el cine, las películas, la música; mi hija resultó una fanática inesperada del fútbol, ¡viene a la cancha conmigo!, y el enano es un show. Pero hay un momento en que hacemos el corte y salimos a comer, vamos al teatro o al cine.

 

 

–Luca ya está entrando en la adolescencia.

 

 

–Va a tener 14 cuando salga este número, y es un cambio impresionante. Yo fui de darles dolores de cabeza a mis padres.

 

 

–¿Cómo abordás el tema de los excesos?

 

 

–Hemos hablado varias veces, pero no le entro a temas que él no me traiga. Desde hace un tiempo hablo de los excesos, ese es el punto para mí: el exceso de alcohol, de café, de comida… El exceso, la relación excesiva con las cosas. En esa volteada entra la droga también, por supuesto. Mi hijo sabe que no es igual fumar un porro que fumar quinientos, y con cualquier droga es lo mismo, pero la clave para mí son las dosis. Cualquier cosa en exceso hace daño.

 

 

–¿Tuviste que cambiar tu discurso sabiendo que tus hijos escuchan lo que decís?

 

 

–Y sí, los chicos crecen y decís “la puta, me está escuchando”, y a veces en un diálogo zarpado en la radio algunas cosas seguramente modero y a veces estás al aire y no te importa.

 

 

–¿Por qué no te gusta dar entrevistas?

 

 

–Siento que la única gracia de las entrevistas es que me pongas de título “Pergolini no sé qué…”, y mañana le contesta Pergolini a Matías Martin. Es tan aburrido, tan simple, tan idiota y tan vacío que todas las notas traten de enfrentarte con alguien para que el otro conteste que me dan ganas de trabajar de otra cosa. Encima la gráfica tiene el problema de que las notas van a tener la impronta de quién escribe y no de quién contesta. Te diría que el 95 por ciento de las notas que hice no me representan.

 

 

–¿Consumís a Matías Martin como personaje público?

 

 

–En general no, no me gusta verme.

 

 

–Sin embargo, tenés una imagen pública muy bien construida, las marcas te aman; representás al hombre exitoso, de familia y canchero que se divierte con sus amigos.

 

 

–Trato de cuidarme, por eso no voy a ningún lado, no aparezco mucho, no me muestro demasiado, no figuro demasiado. Pero sí; me gusta ir a recitales, comer rico, pasear con mi familia, viajar. En la medida que pueda, todo eso lo voy a seguir haciendo hasta el último minuto. No sé qué representa eso… pasarla bien con lo que uno tiene, tal vez, vivir bien.

 

 

 

Producción: Gimena Bugallo Raponi

 

 

Agradecimientos: Hotel Boutique Home Buenos Aires, Terán, Doma, Bolivia, A.Y. Not Dead, Satori.