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Elena Roger: la musa encantada – El Planeta Urbano

El director y escenógrafo ganador de un Oscar y la estrella internacional de los musicales unieron sus talentos para rodar Amapola, que cuenta con un reparto hollywoodense y se perfila como el gran estreno del año.

 

Hay un cuento que describe por qué yo hago esta película. A un tipo se le aparece un ángel y le dice: ‘El agua del mundo va a ser cambiada el día 20 de junio, y cuando la gente beba las nuevas aguas, se va a volver loca. Usted tiene que guardar el agua buena en una cueva, y todos los días ir y beber de esa agua’. Al día siguiente se secan los arroyos y la gente bebe el agua nueva y la humanidad empieza a enloquecer, salvo el hombre que guardó agua en su cueva. Entonces la vida se le hace imposible, porque él es el único que está cuerdo y todos piensan que se ha vuelto loco, porque piensa distinto de los demás. Finalmente, no puede resistir la situación y va a tomar el agua del resto.

 

 

”Cuando yo miro la realidad, me parece el mundo del revés. Porque mucho de lo que tiene éxito es lo opuesto de todo lo que a mí me interesa. Es como si yo siguiera bebiendo el agua limpia y me pareciera que está loco el universo.” El que habla es Eugenio Zanetti, talentoso escenógrafo, vestuarista, artista plástico y ahora director de cine que, está visto, hace lo que quiere. Eugenio conversa animadamente sentado en el sofá de su imponente living, una joya porteña cargada de obras de arte, recuerdos y premios acumulados alrededor del mundo. A sus espaldas descansa el Oscar que ganó hace muchos años y que lleva consigo adonde sea que viaje, y en frente de él, sentada con su pequeña hija en brazos, está Elena Roger, la reina de los musicales que de a poco se afianza, también, como actriz cinematográfica.

 

 

Elena Roger: –Yo veo mucho lo que señala Eugenio, para mí ese es mi camino como artista, no beber el agua de todo el mundo. Lo que están haciendo con los realities es crear artistas que sean iguales, que piensen igual, que se muevan igual y que hagan un producto que va a funcionar. Entonces el artista no existe más, porque el artista no es alguien que hace lo que le dicen, sino quien dice lo que quiere decir, y que muestra a la humanidad una verdad que para él es cierta. ¿Queremos crear todos muñequitos que canten bien, que tengan el mismo tono de voz, que se escuchen igual, que no salgan de una línea, que no perturben? El arte tiene que perturbar.

 

 

–El arte de ustedes perturba. En sus carreras hacen lo que quieren, y con éxito.

 

 

Eugenio Zanetti: –Uno hace la danza que hay que danzar. Yo hago fotos, hago press junkets en los Estados Unidos.

 

 

Compromisos laborales hay en todos lados, pero en el trabajo creativo es donde uno hace la menor cantidad de concesiones. Porque lo único original que uno tiene es el trabajo creativo, y si hacés compromiso en eso no queda nada.

 

 

E. R.: –Es muy gratificante cuando uno puede hacer un producto que sale de adentro. Es un lujo.

 

 

E. Z.: –Hacer esta película es un lujo. No por la calidad, por como esté hecha visualmente; es un lujo porque está hecha para reflejar una realidad interior del director, y no necesariamente para que le guste a la gente. Y mi realidad interior es la de mucha gente, no sólo mía.

 

 

–¿Elena, como te sentís formando parte de un proyecto así?

 

 

E. R.: –Yo la pasé muy bien. Me gustó mucho el libro, esto de que hable del pasado, del futuro, de los mundos paralelos.

 

 

–Para dos estrellas internacionales como ustedes, ¿cuál fue el desafío de rodar esta película en la Argentina?

 

 

E. R.: –A mí me encantó rodar con Geraldine Chaplin, con Camilla Belle, con François y con todas las figuras argentinas. Uno aprende un montón de cosas trabajando acá. Hay una anécdota de Francella que me hizo reír mucho, de cuando estaba grabando Un argentino en Nueva York. En un momento hubo una chispa de un cable y vinieron 20 tipos con matafuego y suspendieron el rodaje. Acá en la Argentina viene uno con un trapito y te lo soluciona. Entonces hay cosas muy buenas de trabajar acá, y hay otras que si las comparás con cómo se trabaja en el exterior, te querés matar. Pero somos de acá, así que es algo con lo que siempre vamos a lidiar.

 

 

E. Z.: –La experiencia de haber crecido acá te permite hacer siempre algo con lo que haya. Por eso a mí me parecía todo mucho cuando empecé en los Estados Unidos. Pero siempre se debe inventar algo con lo que hay, y ese desafío a mí me gusta. No solamente con la plata, sino con todo. Uno tiene que agradecer los problemas y las posibilidades.

 

 

El hecho de que a Fox le interesara una película argentina de naturaleza personal, y que la quieran distribuir en todo el mundo, me parece fantástico. A su vez, en los Estados Unidos se requiere que seas muy didáctico y entregues los productos muy fáciles de entender, con todo cerrado. A nosotros, que hemos crecido con el cine europeo, nos gustan las cosas que no están tan claras. Entonces esa fue la dicotomía que se dio en esta película, así que balanceamos un poco. Tuve que pelear con muchas cosas, algunas las gané y otras las perdí, tuve que transar. Y el resultado es interesante, porque la película conserva lo que a mí me parece que había que conservar.

 

 

–¿Por qué pensaste en Elena?

 

 

E. Z.: –En Elena pienso siempre. Cuando la vi por primera vez en Mina, con la primera canción supe todo lo que había que saber. Tiene algo del musical de las grandes estrellas de los 30 que es muy difícil de encontrar.

 

 

E. R.: –A mí me gustó mucho el libro. A veces no es tan importante ser protagonista o no, sino estar en un proyecto que cuente lo que a uno le interesa contar. Cuando me dirigió Eugenio me divertí mucho, logramos una armonía muy buena, y eso que yo estaba embarazada y muy hincha pelotas. Lo que me gustó de Eugenio es que nunca vio un problema en nada de todo lo que para uno puede ser un dramón.

 

 

E. Z.: –Yo creo que cuando has estado en batallas muy grandes, las pequeñas batallas te parecen nada, las sobrevolás con alegría. Nosotros íbamos a filmar en La Plata y se inundó, así que todo resultó una gran improvisación hecha en un par de semanas.

 

 

 

–Siendo tu primer trabajo como director, ¿les tenés miedo a las críticas?

 

 

E. Z.: –Yo no hago nada que tenga que ver con tendencia, y todo en este mundo es tendencia. Todo lo que ves viene de una tendencia que en general está digitada. Entonces, si uno se sale de esa tendencia los críticos no saben cómo evaluarte ni qué decir, entonces se sienten mal.

 

 

–¿Qué expectativas tienen con Amapola?

 

 

E. Z.: –Uno aprende a no tener expectativas de ningún tipo, cosa que me enseñó mi mamá. Cuando estaba con ella camino a los Oscar me decía: “Bueno, pero el Oscar no es tan importante, es sólo el premio de una industria” (risas).

 

 

E. R.: –El no tener expectativas hace que no te desilusiones con nada.

 

 

 

E. Z.: –Las menos posibles, porque todos somos humanos y las expectativas son algo natural.

 

 

Amapola fue íntegramente rodada en Tigre, con un gran elenco de actores nacionales y extranjeros.

 

 

Zanetti: “Siempre se debe inventar algo con lo que hay, y ese desafío a mí me gusta. No solamente con la plata, sino con todo. Uno tiene que agradecer los problemas y las posibilidades.

 

 

Roger: “Hay cosas muy buenas de trabajar en la Argentina, y hay otras que si las comparás con cómo se trabaja en el exterior, te querés matar. Pero somos de acá”.