Con 50 años de trayectoria, fue el interlocutor de los sucesos deportivos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Dueño de un estilo personal inimitable, brilla en la radio, en la televisión y en la gráfica.

 

El historiador Eric Hobsbawm publicó VUELO.” en 2002 Años interesantes, una suerte de autobiografía en la que repasa gran parte de los sucesos del siglo XX, de cuya mayoría había sido contemporáneo (nació en 1917). Mucho más joven y en otra rama de la cultura, Horacio Pagani podría escribir un libro parafraseando ese título. Y no es para menos, en sus casi 50 años de trayectoria pasaron por sus retinas la gloria y el ocaso de los más importantes deportistas de la segunda mitad del siglo último y lo que va del presente: desde Muhammad Ali a Floyd Mayweather, pasando por Ray “Sugar” Leonard y Carlos Monzón en boxeo, hasta Pelé, Maradona y Lionel Messi en fútbol. Y no se trata sólo de nombres. Su pasaporte también lo testimonia: “Hice más de 70 viajes a los Estados Unidos, una cantidad similar a Europa y en oriente estuve 11 veces. Calculo que volé cuatro millones de kilómetros e hice más de cinco mil horas de vuelo”, enumera.

 

 

Algunos kilómetros antes de completar esa lista de cifras siderales, la inefable popularidad tocó a su puerta.

 

 

–¿Siempre quiso ser periodista deportivo?

 

 

–Sí, lo soy desde hace 48 años. Estudié en el Círculo de Periodistas Deportivos a partir del 65 y al año siguiente me dieron el primer trabajo en televisión. Canal 13 transmitía los partidos de tercera división a la mañana y a mí me mandaban a hacer una conexión telefónica que ni siquiera salía al aire. Mi misión era anticipar cómo formaría el equipo de primera si es que lograba encontrar al técnico. En el 68 entré en Clarín y sigo ahí.

 

 

–Para el tiempo que lleva en el medio su notoriedad pública es reciente, ¿a qué se debe?

 

 

–A la televisión. Primero a la de cable, en la que empecé hace nueve años, y luego a la de aire, a la que le sirvió repetir mis participaciones en sus programas de resumen. Supongo que les llamó la atención mi estilo calentón. Yo siempre fui así, aunque reconozco que exagero porque entendí que cuanto más efecto hay, más se ve.

 

 

–Entendió la lógica del medio, ¿es su manera de diferenciarse de sus colegas?

 

 

–Hay muchos que dicen cualquier cosa; yo prefiero valerme de argumentos sólidos. Además el ambiente cambió. Todo es más urgente y menos elaborado.

 

 

–¿Cuál fue la mayor emoción que vivió con su trabajo?

 

 

–La primera Copa mundial ganada por la Argentina en 1978. Era el primer mundial que me tocó cubrir; más allá de todo el tema político, yo estaba muy comprometido con el concepto futbolístico de César Luis Menotti.

 

 

–¿Por qué cree que Menotti es un personaje tan polémico?

 

 

–Porque provocó un cambio primero en Huracán y después en la Selección. Mientras se pensaba que había que jugar como los europeos, él hizo que el fútbol volviera a las fuentes con disciplina y buena preparación física sin resignar la esencia. En definitiva, fue y es un tipo que representa la idea que yo tengo sobre el deporte.

 

 

–¿El fútbol argentino perdió calidad por no inspirarse en sus ideas?

 

 

–Es posible. Diría que hoy el fútbol vive una mala época porque se instaló la idea de que es más importante no perder que tratar de ganar. Hay un temor que lleva a correr en lugar de pensar. Por otro lado, los buenos jugadores se van enseguida. Y en esta era de los entrenadores, los jugadores son obedientes cumplidores de órdenes. Ya no quedan independientes.

 

 

 

–¿Por eso rescata la figura de Juan Román Riquelme?

 

 

–Sí. Es una cuestión sincera. Me asombra que tipos que se dicen periodistas no puedan apreciar la diferencia sideral que hay entre él y otros jugadores en cuanto a la interpretación del juego. Cuando voy a la cancha con los muchachos más jóvenes les pido que lo observen para que aprecien cómo trata de hacer todo bien.

 

 

–¿Cuándo conoció a Diego Maradona?

 

 

–Cuando todavía era una promesa. Le hice la primera nota para la revista El Gráfico cuando iba a cumplir 16 años.  La titulé “Un sueño de barrilete”. Él tenía apenas un partido y medio en primera división. Después estuve en sus cumpleaños número 17 y 18, cuando todavía no estaba todo el cholulaje a su alrededor.

 

 

–¿Siguió frecuentándolo luego de su consagración?

 

 

–No. Después de estos primeros momentos nunca lo seguí ni tuve relación de convivencia.

 

 

–¿Para usted fue superior a todos sus pares?

 

 

–Absolutamente, sí. Lionel Messi es un jugador supersónico, el mejor de este momento, pero así y todo no tiene la picardía que tuvo Diego. Nadie pudo imitar su manera de pararse en la cancha.

 

 

–¿Ni siquiera Pelé?

 

 

–Tuve la suerte de poder verlo jugar y reconozco que era extraordinario. Pero es más difícil evaluarlo en conjunto porque hay pocas secuencias televisivas en las que se lo pueda ver en toda su dimensión.

 

 

–¿El periodismo puede hacer un aporte para que mejore la calidad del juego?

 

 

–No creo que los entrenadores nos den bola (risas). Lo que es seguro es que el deportivo es la clase de periodismo que genera más críticas en la Argentina porque todo el mundo se cree director técnico.

 

 

–¿Es cierto que usted le aconsejó a Guillermo Vilas que se dedicara al tenis?

 

 

–Sí, todo el mundo se ríe de mí cada vez que lo recuerdo. Cuando él recién llegó de Mar del Plata le hice una entrevista para El Gráfico y me confesó que no sabía si había venido a Buenos Aires para estudiar Abogacía o ir a Europa a jugar. Yo le dije que si se iba un año a probar no iba a perder nada. Y me hizo caso. No creo que haya sido por lo que le dije, pero siempre lo digo y él no me lo puede desmentir.

 

 

“Lionel Messi es un jugador supersónico, el mejor de este momento, pero así y tdo no tiene la picardía que tuvo Diego. Nadie pudo imitar su manera de pararse en la cancha”.

 

 

 

 

–Desde su profesión también le rinde culto al tango. ¿Es una pasión heredada?

 

 

–Me llegó de pibe aunque mi familia no era tanguera. Una vez un amigo me regaló diez discos de 78 rpm de Gardel, y me aprendí los 20 temas de memoria. Y me quedé pegado a esa música a tal punto que me perdí todo lo de afuera que escuchaban los pibes. Soy un amante de las letras, especialmente de Manzi, Expósito y Castillo, entre otros.

 

 

–¿Ve una renovación en este ámbito?

 

 

–Sí. De hecho, soy amigo de muchos comer frecuentemente. Ariel Ardit, sin ir más lejos, es uno de los mejores, revivió la tradición de tener su propia orquesta. Me acaba de llamar para decirme que lo honra ser mi amigo (se emociona).

 

 

–¿Qué le falta a su carrera para sentirse satisfecho?

 

 

–Ya escribí dos libros y quisiera hacer otro con mis experiencias de viaje. Creo que ya hice todo lo que tenía que hacer. Igualmente, intereses no me faltan; si pudiera, entrevistaría a Fidel Castro.