En pleno Caribe, a dos horas y media de Miami, la isla propone noches interminables y días a puro sol en una postal que combina el árido paisaje desértico con interminables playas de arena blanca.

 

Ubicada en el Caribe, Aruba es una de las islas que forman el conjunto de las Antillas menores al noroeste de Venezuela. Su costa sur es un enorme arrecife de coral que ofrece más de 20 sitios de buceo y 11 asentamientos de ruinas entre los que se cuentan numerosas embarcaciones que quedaron ancladas luego de hundimientos históricos que crearon un singular hábitat para las especies marinas de la zona. Una de las historias más difundidas es la del barco Antilla, conocido por los isleños como “el barco fantasma alemán”, un navío que durante la Segunda Guerra Mundial prestaba apoyo a los submarinos y del que se decía que era invisible para el enemigo. Una vez descubierto, fue hundido por su capitán en estas costas donde ahora reposa rodeado de corales, mantarrayas y peces. Cada día, cientos de turistas bucean por sus compartimientos, anclas, cargamentos y calderos, así como entre los restos de otros célebres gigantes como el SS California, el Jane Sea y el Tugboat, con la mayor variedad de corales.

 

 

 

En la parte sureste, la actividad por excelencia es el surf, conocida como la capital mundial del windsurfing, cada año durante junio y julio, Aruba se convierte en el sitio de referencia de ese deporte siendo sede del campeonato Hi-Winds Amateur World Challenge Windsurfing & Kitesurfing, un evento que atrae a verdaderos profesionales pero también a una multitud de aficionados.

 

 

 

En Oranjestad, la capital de la isla, hay más paisajes e historias esperando. Se pueden hacer diferentes excursiones para ver los jeroglíficos en las paredes de las cuevas del Parque Nacional Arikok y adentrarse en las costumbres de los más de 100 mil habitantes de su territorio, cuyo estilo de vida está signado por la influencia de culturas tan diferentes como la europea, la indígena, la latinoamericana y la holandesa.

 

 

Cuando anochece, las embarcaciones explotan con turistas de todas partes del mundo que se reúnen en alta mar para escuchar a los mejores DJ del mundo. Mientras tanto, en la isla, la calle principal se convierte en peatonal y se llena de coloridos stands de artesanías y propuestas y actividades para compartir en familia. Los nativos desfilan todas las noches en los festivales con disfraces de colores mientras se suceden impactantes shows artificiales líquidos y presentaciones musicales.

 

 

Bañados por los efectos de luz, los comercios pintados en tonos pastel con los techos blancos característicos de la arquitectura colonial holandesa parecen ser la creación de un hacedor de casas de muñecas. En los restaurantes, las mesas reflejan el mix de culturas con gastronomía de influencia francesa, italiana, japonesa, argentina, americana e india. La comida típica es la comida de mar, el guisado de cabra, las conchas y el popular queso relleno Keshi Yena. La bebida es el licor Coecoei, tal el nombre de la tribu india que lo inventó, de característico color rojo dado por la savia de la agave, la misma planta que se utiliza para hacer tequila.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando anochece, las embarcaciones explotan con turistas de todas partes del mundo que se reúnen en alta mar para escuchar a los mejores DJ del mundo.