Hay diversos modos de ponerse en contacto con los demás: pintando paredes, llamando por teléfono o generando un misterio que ponga las lenguas a trabajar. Aquí van tres novelas que lo confirman.

 

No apuestan al futuro, pero quieren dejar su huella. Son jóvenes desencantados en busca de ideas nuevas, de adrenalina, de emociones extremas. En sus mochilas llevan aerosoles cargados de pintura, su herramienta de combate, su arma con visos de arte. “Si es legal no es grafiti”, dice Snipper, su mentor, un grafitero que supo cosechar fama en toda Europa por sus pintadas arriesgadas, sus trazos sangrientos y un círculo cruzado que es su sello de autor: la mira de un francotirador.

 

 

Con estos elementos, el escritor Arturo Pérez-Reverte (conocido por su saga de Alatriste –el espadachín español a sueldo del siglo XVII– o por novelas como La reina del sur, que retrataba la vida de una capa del narco) vuelve al ruedo para contar una historia distinta.

 

 

La de una tribu urbana que, comunicada a través de las redes sociales y convocada por Snipper, organiza eventos en los que, literalmente, los jóvenes se juegan la vida. ¿El desafío? Pintar en ese edificio del que es más fácil caer que aferrarse, o en ese vagón de tren que aguarda en una vía aún transitada, o en aquella institución famosa para que los diarios cubran la noticia por la mañana.

 

 

 

El caso es que, de vez en cuando, en su afán por comunicar, alguien finalmente cae. Mártires inmolados en una red de contactos clandestinos que va a ser puesta en jaque cuando el muerto sea precisamente el joven hijo de un empresario poderoso, que va a emplear armas bien distintas a la pintura para intentar vengarse.

 

 

El francotirador paciente es una novela que se lee al ritmo de los pasos apurados de quienes dejan en las paredes sus rastros y corren para no ser atrapados, con el olor del aerosol todavía en las manos.

 

 

EL CARTERO LLAMA DOS VECES

 

 

Que los vínculos ya no son loque eran, que la gente viveconectada pero se perdióel encanto del cara a cara,que la nueva comunicaciónempobrece la vida moderna.¿Acaso una crítica a los efectos de las redes sociales y las nuevas tecnologías? Para nada. En esta novela todo gira alrededor de un teléfono. Y no precisamente de un smartphone, sino de un único aparato fijo que con un ring puede cambiarle la vida a una mujer acomodada, cuando una voz del otro lado de la línea la amenaza con contarle a su marido un secreto de su pasado. Teléfono ocupado, de Silvina Bullrich, publicada por primera vez en 1956, es una comedia de enredos a la medida de aquellos enrollados cables telefónicos, que alterna entre el presente de la protagonista (el día fatal en el que recibe la llamada extorsiva) y el recuerdo de otros tiempos. Cuando viviendo en Nueva York se enamoró de otro hombre y supo escribirle no pocas cartas –el amor siempre intenta comunicar, en ocasiones más de lo debido– que ahora la vuelven víctima de una tentativa de estafa. Una novela olvidada (y por suerte rescatada) de una autora amada y denostada en partes iguales. Divertida, irreverente, arriesgada: siempre vigente.

 

 

 

SECRETOS DE FAMILIA

 

 

Secretos, malentendidos, verdades dichas a medias: denominadores comunes de lo que suele pasar en las familias, verdaderos laboratorios para poner a prueba cuán efectiva (o no) puede ser la comunicación. Bailando con los osos, primer libro de cuentos de Fernando Krapp, es mucho más que un laboratorio familiar, pero a la vez –no siempre en un registro realista– lo contiene y lo excede. Como en su relato “En un principio”, donde una mujer de campo en apariencia sumisa, cansada de no quedar embarazada, empolla –literalmente– a un “hijo”, a espaldas de su esposo.

 

 

Va al galpón a escondidas, se sienta, durante días le da a un huevo calor con su cuerpo. Espera. Y finalmente el “bebé” nace, estira las manos, y le muerde un dedo al “padre” no bien lo carga en brazos. Al mes el recién nacido ya tiene muelas de juicio, un par de heridos en su haber y varios bultos en la espalda. Cosa rara. Pero la mujer insiste, niega, se calla. Aunque lo que parece descansar en la cuna sea algo distinto, aunque el peligro que esconde nunca sea comunicado, aunque la sangre termine manando por todos lados.