Gracias a su formación actoral se anima al drama y a cualquier desafío profesional. Se hizo famosa como la desopilante notera de Roberto Pettinato en Un Mundo Perfecto y hoy se destaca como conductora de radio y al frente de su espectáculo de stand up donde, como en esta nota, no le escapa a ningún tema.

 

Virginia, todos la conocemos como Señorita Bimbo: “Siempre quiero ser señorita, aunque esté casada”, asegura. La nueva identidad le llegó a los 17 años porque su nombre le parecía “muy católico” y así empezaron a llamarla sus compañeros. Las bimbos estadounidenses son las rubias plásticas tontas, según nos ilustra. Todo lo contrario a ella, que sabe que no cumple con los estereotipos de mujer tradicionales y se anima a desafiarlos, aunque reconoce que algunas veces el prejuicio puede doler: “En la adolescencia y en la vida me ha pasado, y la mirada de la gente en la calle de vez en cuando me jode”, confiesa.

 

 

–De todas formas se la ve muy bien plantada.

 

 

–Sí, porque aprendí a construirme más allá de eso y a entender que es un problema del otro juzgar a alguien por cómo se ve. Es muy de la policía del cuerpo, las mujeres miran a la otra y piensan: “Ay, qué puta, ay, tiene puesto esto…”. Aprendí a resaltar lo bello que tenía, que todas lo tenemos, y aprendí a defenderme de eso, pude. Creo que me salvó de un par de cosas, es difícil ser linda e inteligente en este medio y no debería ser así porque está lleno de mujeres lindas e inteligentes.

 

 

–¿Es difícil pararse en un escenario y hacer humor?

 

 

–¡Es una locura! Ya pararse en un escenario es una estructura de locos que existe desde que el mundo es mundo y que no puedo creer cómo se convirtió en trabajo. 

 

 

–¿La conocimos a partir de Un mundo perfecto, pero antes de debutar con Roberto Pettinato usted ya trabajaba. ¿Cómo sintió esa masividad? ¿Fue una buena experiencia?

 

 

–Fue re-masivo, había pegado el personaje y estaba muy armado mi look; tenía 30 kilos más, flequillo, anteojos, era muy reconocible, no había otra chica con esas características. Estoy muy agradecida a GP Producciones porque me dieron una posibilidad a partir de un casting sin tener experiencia en eso, pero es difícil trabajar con Pettinato si sos mujer. Aprendí de su rapidez y su manejo del aire, pero es muy misógino, no estuvo bueno exactamente, pero aprendí a manejar esas cosas y salir airosa. Fue una buenísima experiencia pero no volvería a ser panelista de productos donde hay que hablar de los demás.

 

 

–¿Añora la tele hoy?

 

 

–No me genera la fantasía que le puede generar a alguien que no lo vivió de cerca. Con mamá viví el pedido del autógrafo desde muy chica (N. de la R.: Es hija de la actriz y cantante Virginia Luque y del locutor Lionel Godoy), y sé que más allá de eso, volvés a tu casa y la vida sigue igual. La fama no te paga las cuentas ni te acompaña en la vida.

 

 

–¿Le inculcaron el amor al arte en su casa?

 

 

–No sé si me lo inculcaron, se escuchaba tango; mi papá tiene un programa de radio hace más de 35 años y siempre escuchaba sus discos para ver qué llevaba a la radio. Mi mamá es cantante, hizo miles de películas, y crecí acompañándola a ella, aburriéndome en los pasillos de canal 9 mientras grababa Grandes valores.

 

 

–¿Fueron padres que acompañaron su proceso?

 

 

–No pusieron palos en la rueda, pero para mi papá siempre era como: “Bueno buscate un trabajo que te dé para comer y que no sea tan complicado”. A mi mamá, en general, cualquier cosa que le dijera que me hacía feliz le parecía bien.

 

 

–¿Sigue sintiendo la misma adrenalina de sus inicios cuando pisa un teatro hoy?

 

 

–Sí, es lo mejor del mundo, es como ir a ver a un chico que te gusta, es una droga, se te pasa el mundo, puede explotar algo afuera y en el escenario estás a salvo de todo. Sos hermoso, poderoso, no tenés más problemas. Tenés que ponerte en esa energía para salir, sobre todo para hacer stand up. Que la gente se ría, es instantáneo lo que te produce.

 

 

–¿Cómo es su vínculo con las redes sociales?

 

 

–Es un lugar donde en general te putean mucho, pero a mí no. Siempre me asombra la buena onda que tienen, yo no me meto con nadie. A veces he contado cosas que me pasaban de verdad, otras veces lo hacés por cómo se lee y cómo suena lo que escribís, jugás un poco. Hay gente que sólo existe ahí, mucha misoginia, gente que tal vez no piensa eso pero que por un retuit hace cualquiera.

 

 

–A veces hay mucha impunidad en el anonimato que proporciona internet. En los comentarios de lectores de los diarios, por ejemplo.

 

 

–Los comentarios de los lectores de La Nación, ¡por favor! Son increíbles, es lo peor de la humanidad. Siempre me indigna, pero lo leo y pienso que a nivel porcentual, no es tanta gente. En Twitter también pasa, a mí no, pero pasa, hay un vómito de maldad y de lado oscuro, pero también hay gente superinteresante para leer, gente que agrega cosas buenas. Creo que es un reflejo del mundo; hay tanta soledad e individualidad que necesitás que alguien te lea y te escuche, la gente no tiene con quien hablar.

 

 

–Somos una generación atravesada por eso. Es una forma de calmar el estar muy solo. Nadie entiende muy bien qué es esto de estar vivo, y creo que cada época va a encontrar otra cosa: esta generación encontró las redes sociales para reafirmarse, para construirse, para mostrarse al otro y sentirse más a salvo. Se escucha al otro con tu propia voz, con el humor que tenés en ese momento, las relaciones amorosas están atravesadas por esto.

 

 

–Un avance interesante es que el contenido le gana al medio y empiezan a aparecer nuevos canales donde la gente puede dar a conocer su material.

 

 

–Totalmente, muchos blogueros pasaron a ser guionistas, gente que con sus videos se hizo pública. Se valora el contenido desde otro lugar. Como no tenés ninguna presión comercial, el contenido que se genera ahí es muy honesto, y está buenísimo que salga gente de ahí. Hay tanta gente que se hace famosa pormostrar el culo o por un escándalo que cuando alguien tiene algo para decir se le presta atención.

 

 

–Cambiando de tema, ¿en lo personal encontró el amor?

 

 

–Sí, hace cuatro meses que estoy de novia con Leo, casi estamos conviviendo, está buenísimo. No conocía el amor así, donde no sufrís. Hay muchas malas ideas sobre el amor, una de ellas es que siempre tiene que haber algo de dolor. Me costó muchos años elegir al bueno, tendemos a elegir lo malo. La gente en el fondo cree que no se merece el amor, que es para otros.

 

 

–¿Usted ya entendió que se lo merece?

 

 

–Sí, totalmente. Que me lo merezco y que el amor no necesita nada en particular más que creas que existe. No es el fin de todo, el camino sigue siendo personal. Están tus zapatos ahí solos, pero mejor si van otros al lado.

 

 

–¿Qué significa la frase que se tatuó, “Amor o nada”?

 

 

–No se milita el amor, tiene que ver con eso. Hay que parar un segundo cuando mirás al otro y entender que le duele lo mismo. Nohay que tenerle miedo al prójimo, los pobres no son el enemigo. Hay ideas terribles que no están buenas y hay que ser responsable en los medios con lo que se dice. Se juzga mucho a la gente, en la tele también. Ya no importa lo que hacen los artistas, sino con quién se acuestan. Todo el tiempo, miedo, tales son los enemigos. A los que de verdad son los malos del mundo nunca les vamos a conocer la cara, y están digitando todo. Son banqueros, señores de mucho poder y mucho dinero.

 

 

–En la radio se la escucha muy comprometida con ciertas causas. ¿Con cuáles se siente más identificada?

 

 

–Puedo hablar de cosas que no en todos lados se puede. El feminismo está tan mal visto… piensan que somos mujeres que comemos bebés, con barba y que odiamos a los hombres. Hay un femicidio cada 30 horas y de eso no se habla. La despenalización del aborto, porque es algo que sucede y hay que ponerlo en un marco para que no se mueran las pobres. La policía del cuerpo es un tema terrible, todas las mujeres, aun las más hermosas, se sienten con algo que falla. Los prejuicio que hay para con el prójimo en general, sobre todo con clases sociales más bajas que se las asocia al delito. Hay mucha falta de amor para con el prójimo al que no conocés, al que va por la calle, al que es pobre, negro, gordo, raro, judío ortodoxo. Buenos Aires es una ciudad que mira con muy poco amor al otro, que necesita diferenciarse para reafirmarse, y esas cosas me importan porque sólo tienden a separarnos.