Con poco más de 20 años, el hijo de Juanse hizo de su arte un medio de vida. Al frente de La Armada Cósmica, es la voz de una banda con reales pretensiones de cambiar el mundo. Perfil de un cantante y compositor lúcido y sin edad mental.

 

Lejos las comparaciones, Daland Gutiérrez –o Sepun, apellido artístico que adoptó para difundir su mensaje–, el líder de La Armada Cósmica no reconoce influencias directas de su padre –Juanse, ex líder de Los Ratones Paranoicos–, ni de su abuelo, Hipólito Felipe Gutiérrez, compositor de música clásica. Por lo menos no lo hace en público. “Esas cosas las dejo para mi intimidad, reconozco que auditivamente me puedo haber enriquecido con ellos”, explica. Y cuando se bucea en su notablemente rica trayectoria, la ruptura con el pasado se comprende. “A los 14 años decidí abandonar el colegio secundario y radicarme con los otros músicos en La Plata; vivíamos en un galpón en el que armamos una sala de ensayo. A partir de ese momento empezamos a tocar en el circuito platense con Norma, una banda muy importante en la cultura de la ciudad y, para mí, nacional”.

 

 

En el plano musical, la banda conjuga elementos que vinculan el underground platense y el brit rock con alusiones a los Sex Pistols, pero Los Beatles, Oasis e incluso Nirvana agradan el paladar de sus miembros. “Muchos dicen que lo nuestro es el brit grunge, y me parece una buena definición”, puntualiza.

 

 

–¿Era necesario abandonar el colegio secundario?

 

 

–Sí. Por muchas razones. Me sentía incomprendido. Había pasado por muchas situaciones que ya me hacían sentir como un adulto y mis decisiones eran respetadas como tal. Incluso mis compañeros de la banda tomaron el mismo camino.

 

 

–¿Cuáles fueron esas razones que cita?

 

 

–La mayoría prefiero guardarlas para mi círculo íntimo. En líneas generales, la marginalidad derivada de la falta de cultura que hay en las sociedades del planeta: ni siquiera en la materia en la que te especialices vas a recibir las herramientas para llegar al fondo de tu búsqueda personal. Cuando uno rinde un examen al profesor no le interesa que llegues al trasfondo del asunto, sino simplemente que apruebes. Ese tipo de cosas lastiman. Cuando a cierta edad te dicen que no servís para nada y además que tenés actividades que no corresponden a tu edad biológica, sufrís el doble. Por eso decidimos no tomar esa posta y dejar de vivir como una civilización antigua. Le dije fuck off a todo (…)

 

 

–¿Lo hizo con la anuencia familiar?

 

 

–Aunque mi familia se opuso y tuve que dejar mi casa, recibí su apoyo con la condición de que manejara bien mis asuntos. Digamos que recibí su apoyo con reservas. No puedo hablar ni de avales ni de resistencias.

 

 

–¿Se arrepiente de esa decisión?

 

 

–Para nada. Es más, quienes consideraron que estábamos locos, tiempo después nos felicitaron.

 

 

–¿Se sintió acompañado en términos generacionales?

 

 

–Sí. Creo que vamos de la mano con la gente de mi generación que ya no se traga las mentiras. Los chicos de mi edad que saben de lo que hablan están muy bien orientados y se animan a tomar las riendas de su vida; cada vez hay más personas con convicciones propias.

 

 

–¿Por qué eligió el apellido artístico Sepum?

 

 

–Porque condensa el espíritu de todo lo que hago. Sepum significa “Seamos eternos por un momento”, es decir, dejemos el máximo potencial en todo lo que hacemos. Sería el concepto de Kosenrufu que promueve la paz mundial a través de la felicidad individual. Si uno no está bien, nunca va a poder ayudar a que los otros lo estén.

 

 

–¿De ahí surge su necesidad de emanciparse?

 

 

–En parte, sí. Cuando se está en condiciones de hacerse cargo de uno mismo, se puede acompañar a los demás. Ese es parte del mensaje de La Armada Cósmica.

 

 

–¿El mensaje logró atravesar la barrera de la edad?

 

 

–Por lo que veo, sí. Igualmente no estamos hablando de una dualidad. No estamos hablando del bien y el mal, aunque hay actitudes que conducen a cosas buenas y otras que llevan para aspectos negativos. En esta rueda de la vida, simplemente hay que actuar guiados por el instinto y la mentalidad cuando resuenan desde el interior.

 

 

–¿Se trata del inicio de una nueva era?

 

 

–Exactamente. De hecho el segundo disco (el primero fue Budapest) se llamará La era del plástico. Es un juego de palabras que intenta testimoniar el fin de algo y el inicio de otra cosa. Tiene un sentido positivo: estamos convirtiendo el veneno en medicina. De ahí el doble sentido; asistimos al principio del fin de una etapa.

 

 

–¿El nombre de la banda hace referencia a este cambio?

 

 

–Inconscientemente, sí. El nombre original, Cosmic Army, fue una creación colectiva; a mí se me ocurrió llevarlo al castellano. Lo elegimos porque condensaba el mensaje que queríamos transmitir, y el arte sin mensaje no sirve para nada. No se trata de contar nada grandioso, sino de ser sinceros.

 

 

–¿Qué expectativas tiene para el futuro próximo?

 

 

–Hacer lo que uno siente que debe hacer. Nosotros pensamos que en esta existencia nos toca dar un mensaje –Sepum– y despertar a la generación plástico. El éxito será bienvenido en la medida de que sirva para que más cantidad de gente reciba este mensaje. El objetivo puede cambiar, tal vez una contradicción sea parte del plan. Lo importante es la nafta que tengamos para avanzar.

 

 

–En esos términos ¿qué balance puede hacer?

 

 

–Nuestra repercusión es creciente. Lo pudimos comprobar durante la última presentación en Salta, en febrero. Veníamos de hacer un ciclo que se llamó La Fiesta Cósmica, en el que logramos reunir un público de alrededor de 500 personas. De repente hicimos los Personal Fest y después el Cosquín Rock con Charly García, Illya Kuryaki y León Gieco, entre otros. Pero la diferencia la notamos en Salta. Había unas 20 mil personas que, obviamente, no esperábamos que vinieran a escucharnos. Sin embargo notamos que casi todos los espectadores conocían las letras de nuestras canciones. Hubo un lindo pogo, e incluso terminé haciendo cosas con el público. Fue un show muy didáctico. No esperábamos una devolución de este calibre tan pronto.

 

 

–¿Es mucho en poco tiempo?

 

 

–No. No se trata de algo precoz. Hace nueve años que venimos trabajando en esto. Ahora nos están prestando más atención y la vamos a utilizar para cambiar el orden humano. Queremos apoyar a todos aquellos que quieran hacer algo con su vida.