En su búsqueda de algo que le haga soportar la realidad, el ser humano tropieza con buenas y malas intenciones. Y también con gurúes a la medida de cada bolsillo. Oriente nos vendió unos cuantos, incluso algunos que hacían del hedonismo una verdadera religión.

 

Chandra Mohan Jain, que nació como Acharya Rajneesh, más conocido hace veinte años como Bhagwan Shree Rajneesh o “el gurú de los Rolls- Royce”, afirmó ser la reencarnación de Buda y era conocido en Occidente como Rajneesh Gautaman the Buddha. Si estos nombres no te dicen nada, quizá sí has oído el último de los muchos alias de este gurú del hedonismo: Osho.

 

 

Osho es una marca registrada del “espiritualismo hedonista” y supo hacer de la espiritualidad el estilo más placentero de la vida. De Osho como trade mark se podría crear una exitosa etiqueta dirigida al mercadeo de la espiritualidad fashionista. Imagino escuchar a dos adolescentes paradas frente a la vidriera del Osho Store diciendo: “¿Todavía no compraste tu jean Osho con terminación Rajneesh Wash?”, “¡Qué buena gráfica la de la campaña otoño-invierno de Osho lanzada en Vogue, donde cuatro modelos muy Buda chic se bajan de un Rolls-Royce pintado con flores!”. Lo que hizo famoso a Osho fue su singular espiritualidad hedonista y, a diferencia de otros gurúes orientales occidentalizados, le costaba muchísimo trabajo fingir el desprendimiento de lo terrenal que tan bien simulaban el Maharishi o su divina gracia Swami Bhaktivedanta Prabhupada, fundador de los Hare Krishna. A Osho le gustaban las mujeres, el dinero y los Rolls-Royce, tanto que llegó a tener 93. Rajneesh era el gurú ideal para todos los famosos y millonarios que expiaban sus culpas en una espiritualidad que no les exigía desprenderse de lo material y dejar la vida hedonista. ¡Qué bueno emprender el camino al cielo subido en un Lear jet!

 

 

 

Las leyes de la espiritualidad 3.0

 

 

La primera ley de la espiritualidad 3.0 nos enseña un gran secreto: “La charlatanería no se crea ni se destruye”. Este principio no pertenece al mundo del “cuanto”, del cual se desprende la física cuántica, sino que pertenece al mundo del “cuento” del cual nace la “física cuentista”. Muchos principios de la espiritualidad 3.0 se desprendieron de este principio. ¿Te acordás de El secreto? Era esa técnica que invadió el mercado de la espiritualidad 3.0 y que prometía, con la Ley de Atracción, la eficaz materialización de tus deseos. La cercanía de 2012 trajo cientos de técnicas espirituales marketineras que aportaron cuantiosos dividendos a los nuevos gurúes de la espiritualidad hedonista y auguraban el alcance de la plenitud espiritual en una sociedad materialista.

 

 

Pero cuando los deseos no se cumplen se termina el misticismo y sólo se deben aguardar unos años hasta que la gente se olvida de los escándalos y engaños espirituales y se pasa de nuevo la gorra entre los necesitados del alma, siempre dispuestos a la espiritualidad mágica que resuelve los problemas del mundo con cursos caros. Y ni hablar de los autodenominados “contactados”, que dicen ser elegidos de los extraterrestres, que venden excursiones para ver las naves de los “maestros de las estrellas”. El show comienza en un teatro alejado del mundanal ruido, en la falda de algún cerro sagrado, cuando se prestan a aparecer en los cielos los hermanos cósmicos con sus “Rolls-Royce cósmicos” previo pago para materializar el “contacto”. Cuando los gurúes terrenales son desenmascarados teniendo sexo tántrico con sus jóvenes discípulas en las aldeas nacidas para albergar a los “elegidos” que sobrevivirán al Apocalipsis, es mejor acudir a los gurúes extraterrestres, los cuales nunca serán descubiertos in fraganti, simplemente porque ellos las prefieren con antenas. Lo cierto es que la espiritualidad hedonista siempre será una excusa perfecta para invitar a amigas para hablar de las leyes espirituales de Chopra y, de paso, programar un retiro espiritual en Tulúm para experimentar los beneficios del mezcal con el “chantman” que dice ser descendiente de quinta generación de los sacerdotes mayas de Cozumel. Después de todo, la espiritualidad no tiene dueño.

 

 

Materia y energía

 

 

Un principio cuántico enseña que la energía y la materia han de ser intercambiables, es decir, la materia no sería otra cosa que energía en su estado más denso. Por lo tanto, si se pudiese aumentar la frecuencia vibratoria de la composición atómica de la materia, pasaría de un estado denso a uno sutil, de pura energía: se podría inferir que energía y materia son la misma sustancia, pero en diferente estado de existencia. Si la espiritualidad consiste en recorrer un cambio de estado desde la sustancia material hacia la esencia sutil, sería lógico preguntarnos: ¿es la espiritualidad un estado más allá de la materia? ¿O es la materia un estado necesario para entender desde otro aspecto de existencia la realidad espiritual? Según Descartes hay tres sustancias que tienen existencia por sí mismas y que no dependen de otra realidad para existir.

 

 

De ellas sólo una, tiene naturaleza material: res extensa, que es la sustancia material o mundo. La res cogitans es la sustancia pensante o alma, la esencia del pensamiento y, aunque de naturaleza imperfecta (puede ser engañada y caer en la ilusión), posee a la razón como guía. Por último, la res divina es la sustancia que se caracteriza por ser perfecta, eterna e infinita. Es la realidad suprema y garantiza al hombre el alcanzar el conocimiento final de la existencia como meta evolutiva.

 

 

La principal ventaja de la espiritualidad hedonista es que permite superar las restricciones que supone una espiritualidad estricta. La única realidad está basada en vivir satisfactoriamente con una realidad material y espiritual equilibradas. La física cuántica postula que, en estado cuántico, somos tanto una onda como una partícula, por lo que afirmar la existencia de una realidad puramente material es tan problemático como hacerlo de una puramente espiritual. Todas nuestras experiencias son subjetivas, por lo tanto, son interpretaciones de lo que creemos que es la realidad. Al reducir la espiritualidad a una experiencia humana, surge el problema del determinismo. Es decir, se crea una concepción humana de la realidad asociada a una dinámica mecanicista de la espiritualidad. Tomando en consideración el sentido que define al ser espiritual como aquel que dedica su vida a buscar su esencia espiritual, es una contradicción hablar de vivir una realidad más allá de lo material mientras poseamos un cuerpo físico. No hay espiritualidad metafísica, todo surge desde un mismo plano en el que conviven la materia y lo metafísico como partes de una única existencia. La diferencia radica en la experiencia y la ubicuidad del experimentador.

 

 

La física cuántica nos dice que somos al mismo tiempo el observador y lo observado y, en términos de búsqueda espiritual, se podría entender que somos el espíritu preso en un cuerpo tratando de explicarse a sí mismo como realidad espiritual. La espiritualidad entonces sería una experiencia autorreferencial de quien busca su propia identidad más allá de sus condicionamientos del ego.

 

 

George Berkeley, un filósofo irlandés que propuso la teoría del idealismo subjetivo, enunció una doctrina conocida como inmaterialismo, que defendía el concepto de la realidad como un desprendimiento de la mente y el espíritu. Toda la existencia material quedaba así reducida a una imagen creada por la mente.

 

 

Como afirma el empirismo, sólo puedo estar seguro de mis propias experiencias. ¿Cómo puedo entonces estar seguro de la realidad material que supuestamente las origina? Lo único que existiría, entonces, serían realidades espirituales: el alma individual de cada uno de nosotros estaría atrapada en la experiencia del ego que crea nuestras percepciones e ideas, y el Uno o el Todo que reconocemos como Dios sería entonces la causa que las origina. El materialismo no debe ser un enemigo de la espiritualidad sino, al contrario, una experiencia necesaria para tomar conciencia que todo es espíritu. Quizá Osho tenía razón: llevó al extremo el materialismo y el hedonismo para alcanzar un grado también extremo de espiritualidad. No lo culpemos, en definitiva no hay mapas que indiquen la ruta correcta al destino espiritual. Encendé tu Rolls y busca el camino que conduce a la esencia de la existencia… La vida es una road movie creada por la mente.

 

 

 

Osho fue el gurú ideal para todos los famosos y millonarios que expiaban sus culpas en una espiritualidad que no les exigía desprenderse de lo material ni dejar la vida hedonista. ¡Qué bueno emprender el camino al cielo subido en un Lear jet!