Si nos paramos en cualquier esquina y elegimos al azar a personas que pasan por allí para pedirles que definan “calidad de vida”, sin duda encontraremos tantas definiciones como individuos hayan participado de nuestra encuesta.

 

La mayoría coloca en la lista ingredientes que no forman parte de su existencia presente: tener otra profesión o trabajo, vivir en un lugar distinto y a veces distante al actual, tener más tiempo para las vacaciones, viajar, ganar más dinero, practicar un deporte o alguna actividad que los mantenga más saludables y en forma. Incluso están quienes consideran su relación afectiva, su familia o amigos entre esos cambios en favor de la calidad de vida.

 

 

¿Será necesario pensar en modificaciones tan radicales y a veces impracticables? ¿Y si en vez de idealizar sin concretar o probar sin saber comenzamos a revisar cuánto podemos mejorar la calidad de la vida que ya estamos viviendo?

 

 

Desde la antigüedad existen filosofías y sistemas que tienen como objetivo alcanzar la sabiduría y la felicidad a través de una vida más saludable, más dilatada y más consciente. En definitiva, de mejor calidad.

 

 

Método DeRose es una cultura basada en conceptos y técnicas oriundos de tradiciones culturales muy antiguas, cuya aplicación práctica y progresiva permite conseguir alto rendimiento en los deportes, en los estudios, en el trabajo, en todos los ámbitos del ser humano, y mejorar así la calidad de vida.

 

 

Hablar de calidad de vida supone tener una existencia menos complicada, hacer lo que da placer, con alegría, salud y bienestar. Y para lograr todo eso hay que trabajar sobre algunos cimientos basados en el desarrollo individual y social.

 

 

Buena alimentación: consiste en alimentarse con frugalidad, teniendo en cuenta la cantidad y la calidad de los alimentos. Lo ideal es que sean nutritivos, que aporten energía y que sean de fácil digestión y asimilación.

 

 

Buena forma: conquistada a través de técnicas respiratorias y técnicas orgánicas que mejoran el tono muscular y la flexibilidad.

 

 

Buena cabeza: por medio de procedimientos que perfeccionan la descontracción emocional y la concentración mental para alcanzar, en última instancia, la expansión de la conciencia y el autoconocimiento.

 

 

Si además agregamos generosidad, respeto y cariño a las relaciones humanas, sin duda influiremos positivamente en la calidad de vida.

 

 

Conseguir o mantener una vida de calidad requiere trabajo y esfuerzo, pero es muy probable que, aplicando desde hoy algunos de estos conceptos, se encuentren en poco tiempo resultados positivos.

 

 

Lo importante es tomar la decisión, identificar las modificaciones que uno desee o necesite realizar y elegir un método, un sistema, un programa con el cual obtener aquello que nos proponemos.

 

 

Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría tener en una vida de mayor calidad?