Lisboa enamora al viajero para siempre, pero lucha contra tres rivales increíbles: la costa de Estoril, Sintra y Cascais, que ocultan historias mágicas o pintorescas según el caso.

 

 

 

Una visita por la encantadora Lisboa pide un par de días extra porque el espíritu melancólico y añejo de la capital portuguesa deja en tu paladar ganas de más. Por suerte, allí nomás, se levantan tres ciudades que recuperan parte del esplendor de la época imperial y aún atesoran los refugios de las grandes familias nobiliarias. Son tres gemas al alcance de tu mano. Espléndidas, amigables, respiran historia.

 

 

La historia dice que Bond, el Agente 007, vio la luz en la zona portuguesa de Estoril. Ian Fleming, el famoso escritor inglés, había creado el personaje durante unas vacaciones en Jamaica, pero le dio vida en la costa de Portugal, en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. El hecho de que este país se posicionara como neutral durante ese conflicto bélico hizo que la costa de Estoril fuera elegida para sede del exilio por varias monarquías europeas, entre ellas la española, además de dignatarios de Estado, familias pudientes y fugitivos de guerra. Toda esa mezcla convirtió a Estoril en un nido del espionaje internacional y al tradicional Hotel Palacio en el cuartel general de los más peligrosos agentes secretos. En el casino de la ciudad se rodó la película 007 al servicio secreto de su Majestad, donde el agente Dusan Popov jugaba al black jack y arruinaba a los espías alemanes.

 

 

Luminosa Sintra

 

 

Muy próximo a Estoril, Sintra alberga algunos de los monumentos más impactantes del glorioso pasado de Portugal. El Palacio Real de Queluz, lamado el Versalles portugués; el Palacio Nacional de Pena, desde cuyos jardines en altura puede observarse el bellísimo Castelo dos Mouros, y el Palacio Nacional de Sintra son apenas algunos de los muy bien conservados monumentos que hacen de esta villa un placer visual. Sus callejuelas, lenas de boutiques alla Capri, y sus parques majestuosos completan el paisaje de postal.

 

 

Rumbo a Cascais

 

 

De camino a Cascais, el Cabo de Roca (el punto más occidental de Europa) y la playa del Guincho, lamada por muchos el paraíso del surf, ameritan una parada contemplativa. Durante el verano, quien quiera puede aprovechar para darse un baño en el Atlántico. Regresando por la costa, vía Boca del Infierno, se arriba a Cascais. En la ciudad podemos dar un paseo por la bahía y hacer una pausa para tomar un trago. Tanto en la lujosa villa como en la costa norte de Cascais, los pescados y mariscos frescos, acompañados de un buen vino, nos aguardan para finalizar una estupenda travesía.

 

 

 

Cascais, una postal única, con su cabo de Roca, el punto más occidental de Europa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sintra y su majestuoso pasado. El Palacio de Queluz fue la residencia de los reyes portugueses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las costas portuguesas sobre el Atlántico ofrecen paisajes de ensueño para disfrutar desde el auto. La llegada a Estoril es un shock que se graba para siempre.