Un actor que vive su vida como los personajes que interpreta: con urgencia y la más cruda pasión. En una entrevista exclusiva desde la meca del cine, el relegado de los premios Oscar analiza el mundo de Wall Street y revela fragmentos de su personalidad nunca antes conocidos.

 

 

Este hombre con cara de niño, que debe su nombre a Da Vinci y carga con 25 años de carrera a sus espaldas, es el centro de la última obsesión de Hollywood: El lobo de Wall Street. Junto al realizador de la película, Martin Scorsese, DiCaprio ha esperado seis años hasta conseguir la financiación adecuada para verse despojados de las ataduras de los estudios.

 

 

“Esta película es la culminación al trabajo duro. Este filme era un experimento a muchos niveles. Marty y yo hemos conseguido verdadera libertad artística y ha sido algo increíble, porque no estábamos acotados por el sistema. No queríamos sólo hacer la película, sino correr riesgos. Nos hemos atrevido a representar a estos personajes tal y como eran, sin necesidad de cortar el traje según el patrón del estudio.

 

 

 

Creo que es la película más auténtica que he hecho en mi carrera”, explica orgulloso Leonardo DiCaprio que, como un verdadero intérprete experimental, reconoce que incluso se ha atrevido a improvisar. “Soy famoso por mis horas de ensayo, por mi intensa preparación, y sin embargo con este filme Marty y yo nos hemos enfrentado al guión ordenando el caos. Lo primero que hicimos fue destruirlo para luego ir dándole forma según grabábamos. La película cobró forma en el set. Ha sido un proceso de descubrimiento para ambos. Hemos dejado que la energía de los personajes nos guiara y lo hemos hecho inspirados siempre por el Imperio Romano.”

 

 

Calígula, la cinta que en 1979 escribiera Gore Vidal y dirigiera Tinto Brass, pavimentó la construcción del personaje: “Es la codicia en su máxima expresión, la representación de la indulgencia, de la exageración de los sentidos, una bacanal constante”, dice.

 

 

Este lobo, que aúlla como pocos robando los bolsillos de sus inversores, se inspira en la historia real del corredor de bolsa Jordan Belfort (DiCaprio) desde su deslumbrante aparición en los círculos más exclusivos hasta su caída en la jungla del crimen y la corrupción. Con esta versión cómica de la depravación de Wall Street, Leonardo DiCaprio celebra 25 años de carrera a sus espaldas, que a sus 39 significan más de media vida trabajando. Desde la cúspide en la que se encuentra, disfrutando de un estatus que se ha ganado a pulso, Leo se transforma, más allá del bello lobo estepario, en ese formidable artista que lleva dentro. Y es que lo suyo no es talento de luna en luna, sino algo permanente.

 

 

 

–¿Que dice este filme sobre Wall Street?

 

 

–Este filme no representa a Wall Street, porque el protagonista vivía en un mundo lejos de la ciudad. Era un pececillo enese océano de ballenas y tiburones que puebla el sistema financiero y que ha robado millones a los norteamericanos. La película representa el lado oscuro de la naturaleza humana, algo que merece la pena explorar, hablar, y nosotros lo hacemos desde este personaje indulgente y decadente. Es una representación clara de los tiempos que vivimos. La economía crece con la expansión de la población y estamos actuando como si el mundo tuviera recursos infinitos.

 

 

–Se muestra cínico con respecto a la humanidad.

 

 

–Mirá el estado del planeta. Me parece increíble, casi surrealista, y desde una perspectiva medio ambiental es asqueroso que el viejo dólar siga mandando en todo. El planeta está sufriendo y considero importante luchar por causas que no tienen voz porque a su costa hay gente que se está enriqueciendo. Pensaba que estábamos en una crisis económica y miro a mi alrededor y en Nueva York todo ha cuadruplicado el precio. No tiene sentido para mí.