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Nicolás Cabré: retrato de un hombre simple – El Planeta Urbano

¿Quién dijo que Cabré no quiere a la prensa? El mito se desvanece cuando lo conocemos, lo entrevistamos, hacemos una producción de fotos con él y nos reímos juntos. El actor se muestra contento con su profesión, emocionado por la llegada de su hija y sereno tras un mediático divorcio. De todo eso, y mucho más, habla en esta larga entrevista.

 

–¿Cómo se siente hoy con 34 años y 24 de profesión?

 

 

–Sé que falta mucho. Si bien es una bocha y hace más de la mitad de mi vida que estoy trabajando, también sé que es muy largo y me falta muchísimo. ¿Cómo me encuentra después de 24 años? Creo que igual que el primer día.

 

 

–¿En qué momento se sintió bueno por primera vez actuando?

 

 

–No, yo no digo que soy buen actor. Si digo que soy bueno o que soy actor, ¿qué tiene que decir Alfredo Alcón?

 

 

 

–Él habló muy bien de usted cuando trabajaron juntos.

 

 

–Sí, él. Yo quiero aprender, insisto con lo mismo, sé que me falta mucho. Sé que hay cosas que las hago bien, cosas que me cuestan infinidad y otras que me faltan por aprender. Creo que es una profesión que todo el tiempo te exige cosas nuevas o a veces te pide lo mismo y depende de uno ver cómo las modifica. Yo hace diez años no hubiera hecho de la misma manera algo que puedo llegar a hacer hoy (…)

 

 

–A la hora de trabajar en un equipo, ¿qué le importa más: que sus compañeros lo consideren talentoso como actor o que piensen que es buen compañero?

 

 

–Yo trato de ser buen compañero, no sé si me interesa que me vean como talentoso o que digan: “Che, ¿viste lo que hizo?”. No me fijo en esas cosas,yo voy y hago lo mío, que es trabajar. Trato de no olvidarme nunca de que esto es un trabajo. Está instalado decir: “Soy un privilegiado que hago lo que me gusta y vivo de lo que me gusta”, que no es poca cosa en un país como este, y tienen razón, pero es un trabajo. Yo no me corro de eso, voy a trabajar y cada uno hace su trabajo.

 

 

 

–Pareciera que en otros trabajos importa menos lo que piensa el de al lado.

 

 

–Claro, cada uno hace su trabajo. A veces cuando estás en un restaurante y te cruzás con un actor al que tal vez no viste nunca en tu vida hay una obligación de saludar y decir: “¿Cómo estás?”. Mi papá es taxista, si se tiene que saludar con todos los taxistas se le acaba la batería a los dos días de tocar bocina. Hay cosas que son raras.

 

 

–A pesar de eso, ¿disfruta el trabajo?

 

 

–Sí, disfruto, me siento un privilegiado, pero nunca me olvido de que es un trabajo porque lo aprendí a los diez años. Yo arranqué como un juego, me divertía. Hasta que en un momento dije “me gusta lo que hago”. Cuando empecé a trabajar en Son de diez me di cuenta de que me gustaba la actuación y entendí también que era un trabajo.

 

 

–¿Terminó el colegio?

 

 

–No, pero no culpo a la carrera o a que no me daban los horarios. Fue por decisión propia, de vago. Había cosas que no me iban.

 

 

–Volviendo a los códigos de su profesión, sabemos que no es amante de dar notas, ¿cómo se lleva con la obligación de hablar con la prensa cuando se estrenan sus proyectos?

 

 

–Hay cosas que desde mi punto de vista están equivocadas. Vos estrenás un programa o una película, y la obligación o parte de lo que es el todo de la película es que tenés que hacer prensa, no sé si lo siento como parte del trabajo. Después está el periodismo que dice: “Te debés a tu público”. Yo no le debo nada a nadie. Te puedo hablar de la película y lo que sea, pero mi vida es mi vida.

 

 

–¿A quién cree que le interesa esa información, al público o al periodismo?

 

 

–Yo creo que la gente ve lo que le ponen. Obviamente, si te preguntan eso es porque a la gente también le gusta y se fija. No sé si se le va la vida en eso, lo dudo, ojalá que no (se ríe). Es raro, la palabra lo dice, a veces arrancan la pregunta diciendo: “Hablemos de tu vida privada”. No, lo estás diciendo vos: es mi vida privada.

 

 

 

–La prensa le pegó mucho en estos últimos años. Cuando empezamos a conversar para hacer esta nota pensé que me iba a decir rotundamente que no. Le hicieron tanta fama de malo que me sorprendió el sí, porque fue muy fácil ponernos de acuerdo.

 

 

–Es según el lugar. Yo tampoco voy y pretendo que se me halague o que me digan: “No te vamos a preguntar tal cosa”. A mí me podés preguntar lo que sea, y yo te voy a decir que de eso no hablo.

 

 

–En ese sentido es muy fiel a sí mismo.

 

 

–Es que soy eso. Yo tengo la tranquilidad de que voy a mi casa y la gente me conoce y no me pregunta determinadas cosas, saben lo que soy. Ponele que sea fiel a mí mismo, pero es que es más fuerte que yo. A veces me llaman y me invitan a hacer un programa de una hora y te duermo, no sirvo para eso. Si vos estás esperando que vaya a un lugar, me haga el gracioso y sea chispeante, no. A lo mejor me hacés una pregunta y te meto un bache.

 

 

–Será que hizo mucha comedia y la gente tal vez espera encontrarse con eso.

 

 

–También hay un estereotipo en el que te ponen un micrófono y tenés que hacerte el gracioso. Hay un estilo de periodismo en el que vos tenés que remar la nota. A mí vienen ahora y se me hacen los graciosos, no voy a decir quién, pero te preguntan algo y te hacen un personaje de que no te escuchan, no me interesa eso, y si vos no te prendés en eso sos un hijo de puta. Si a alguien le decís: “De eso no hablo”, te responde: “Y, pero la gente…”, “No hablo”. Es simple. Si por eso me dicen que soy un forro, bueno, andá a la puta que te parió. No sé si me interesa que vos no pienses que yo soy un forro, me da igual.

 

 

–¿Siente que hay mucho mecanismo extorsivo?

 

 

–Sí, siempre es así. También hay una cosa del actor de querer caer simpático en todos lados. Y no, hay gente que me cae mal y gente que no me cae mal.

 

 

–Cuando la prensa se mete en cuestiones personales, pensando en su hija y en sus padres, ¿le duele?

 

 

–No, es real. Por mí pueden decir absolutamente lo que quieran. No sólo el periodismo, cualquiera. Por esto que te decía, yo voy a mi casa y mi mamá para bien y para mal no me pregunta, sabe lo que puedo llegar a contestar. O si me dicen sucio, ¿saben cuántas veces me lavo las manos?

 

 

–¿Nicolás Cabré es sucio?

 

 

–Sí, soy muy sucio (risas).

 

 

–¿Se baña todos los días?

 

 

–No, los meses que no tienen R me baño (risas). Por eso digo, no es algo que me quite el sueño. Es más, en muchos aspectos me saqué una mochila de encima. Yo estreno una película y sé que la crítica va a estar mal. Te puedo decir todo lo que van a poner. Si me cruzo con el periodista en cuestión, le preguntaría un par de cosas.

 

 

–¿Si se cruza con Jorge Rial, le pregunta algo o se cambia de vereda?

 

 

–No, no me importa. Por mi manera de haber sido educado, y por cómo me manejo en la vida, que alguien como Rial o muchos de esos bocones hable mal de mí, habla bien de mí.

 

 

–¿Qué queda hoy del pibe de Mataderos que empezó a trabajar de chico?

 

 

–Todo. Hay cosas que cambiaron con la edad, pero sigo yendo. Mis amigos son los del barrio, ahí es donde yo no tengo que explicar nada, donde saben que si yo me siento a comer el asado con mi papá y los amigos de mi papá, soy el hijo de Norberto.

 

 

–¿No lo cholulean o le preguntan cosas del trabajo?

 

 

–Jamás, y saben que a veces puedo estar conversador y a veces estoy toda la tarde callado, y no dicen: “¿Qué le pasa, se agrandó?”. A la gente que me conoce no hace falta explicarle cómo soy, si alguien espera que me siente y sea el centro de atención de la mesa, no me conoce.

 

 

–De chico jugaba al fútbol, ¿fantaseó con ser profesional?

 

 

–Sí, jugaba al papi fútbol, los torneos de cuando sos chico, nunca fue mi deseo ir a probarme a un club. Igual, arranqué a trabajar a los diez; bailaba en Flavia está de fiesta y era un juego, literalmente un juego. Después pasé a Son de diez, ahí empecé a actuar y de repente descubrí no sé si mi vocación, pero sí sabía qué era lo que quería hacer.

 

 

–Su trabajo a partir de ahí siempre fue continuado, no tuvo grandes pausas.

 

 

–No, las pausas siempre fueron organizadas, sabiendo que venía una película o una obra de teatro. Siempre estuvo muy organizado todo, incluso hasta el día de hoy.

 

 

Muchos actores sienten una especie de angustia por la inestabilidad de la profesión.

 

 

–Es una profesión difícil en ese sentido; yo tuve la suerte de ir sabiendo qué era, lo que seguía. En los años recorridos vi muchas cosas, vi pasar a muchos y escuché estas cosas. Creo que es lo que tenés que tener en claro siempre. Cuando uno dice: “Es todo una mentira”, se refiere a eso. Vos podés hacer un programa superexitoso, parás un año y la gente no te saluda de la misma manera que cuando estabas al aire. Mañana no sabés lo que va a pasar, no es que la gente sin Nicolás Cabré se muere. Mañana se me cae el pelo, me crece la panza, dejo de ser negocio y se terminó.

 

 

–¿Eso no lo angustia?

 

 

–Nunca lo viví como una angustia: es real, es una posibilidad, hay que estar preparado y saber que esas son las reglas del juego.

 

 

–¿Cómo le impactó la paternidad?

 

 

–Bien, me cambió la vida.

 

 

 

“Nunca había sostenido a un bebé, y de repente me dieron a Rufina y la tuve que agarrar. Es darte cuenta de que esa personita depende de vos y que tenés que incentivarla y estar.”

 

 

–¿En qué momento se entendió como padre?

 

 

–Yo creo que es día a día. Nunca había sostenido a un bebé, y de repente me dieron a Rufina y la tuve que agarrar. Es darte cuenta de que esa personita depende de vos y que tenés que incentivarla y estar. Ahora ¿cuándo dije “soy papá”? No sé si lo tengo tan claro, teniéndola en brazos ya te cambia todo.

 

 

–¿Es un papá presente? ¿La ve todos los días?

 

 

–Sí, la veo todos los días. Rufina es de otro planeta.

 

 

–¿Qué tiene de usted?

 

 

–Tiene cosas de los dos. Es una beba feliz, se ríe desde que se despierta hasta que se duerme y te permite hacer absolutamente cualquier cosa. Con cinco meses ya no toma la teta, se viene conmigo, comemos con mis amigos y nos vamos a dormir juntos. La veo todos los días. No tiene vuelta, es muy simple, no llora, se ríe, es feliz.

 

 

–¿No se asusta a la hora de cambiar un pañal?

 

 

–No, si puedo evitar el de la caca lo evito (risas). Hago la vista gorda, si se lo puede fumar otro, que se lo fume otro. Claro, pensás: “Ojalá no se cague ahora”, así no me toca (risas). La verdad que lo vivimos con mucha alegría y muy naturalmente, relajados.

 

 

–¿En qué cambió como hombre y profesionalmente a partir de la llegada de su hija?

 

 

–Te cambian las prioridades, te das cuenta de que dejaste de ser elcentro del mundo, levantás la vistay te cambia todo. La mirada hacialos otros: mi papá es abuelo, y mihermano, tío. Fue muy importantever la vida o la felicidad de mis viejos,ver a la China mamá. Te cambia todo.

 

 

–¿Hay algo que quiera decir de la China?

 

 

–Yo tengo la suerte de haberme cruzado a la China y de que sea la madre de mi hija. Agradezco todos los días tener la relación que tengo con ella, decidimos separarnos pero nos vemos todos los días, nos llevamos bien, podemos reírnos juntos.

 

 

–¿Van a ser padres que tengan un buen vínculo por su hija, más allá de lo que pase entre ustedes?

 

 

–De lo que va a pasar el día de mañana no tengo la menor idea. El hoy marca eso, siempre fuimos sinceros y de verdad creo que es preferible a veces parar las cosas y no romperlas por un capricho, por algo que está impuesto por la sociedad, o por decir: “Uy, si nos separamos me matan”.

 

 

–Se le adjudican a las mujeres más lindas del país, ¿alguna vez alguna lo rechazó?

 

 

–Sí, todos rebotamos.

 

 

–¿Le interesa la política?

 

 

–No mucho.

 

 

–Algunos actores de su generación se muestran muy comprometidos, cada uno con su ideología. ¿Usted prefiere evitarlo?

 

 

–No sé si lo evito, no lo entiendo. Yo creo que nunca te enterás exactamente de lo que pasa ni de un lado ni del otro. No tengo posición, hay cosas que comparto y cosas que no, y el 90 por ciento no lo entiendo.

 

 

–¿Se siente forzado a tomar posición?

 

 

–Yo sé decir que no entiendo cuando no entiendo. Lo más probable es que si nos ponemos hablar de política pida que me expliquen porque no entiendo una goma.

 

 

–Si le dieran 24 horas de impunidad absoluta, ¿qué le gustaría hacer?

 

 

–Lo mismo que hago siempre, yo vivo feliz, no necesito 24 horas de impunidad. Vivo feliz, camino derecho, me equivoco, no me equivoco, pero que camino derecho, olvidate.

 

 

–En una charla imaginaria con el Nicolás Cabré que arrancó a los diez años, ¿qué consejo le daría?

 

 

–Que nunca deje de ser él mismo. Con todos los errores y todos los aciertos, siempre fui yo.

 

 

 

Producción: Gimena Bugallo Raponi

 

 

Pelo: Rey Ramires para New Station

 

 

Make up: Martín Costa Hagen para Bobbi Brown

 

 

Agradecimientos: A.Y. Not Dead, Infinit, Christian Lacroix, Terán