Con Madonna entrando en la tercera edad y Britney recuperada de sus excesos, quedó un trono vacante, por eso el mundo del pop saluda la llegada de la tercera generación de chicas escandalosas. Como artista es más o menos, pero el personaje que armó da un montón de tela para cortar.

 

De aquella dulce y naif Hannah Montana de pelo largo y coletas al mejor estilo Disney a esta tromba provocativa de pelo rapado y jopo amarillo que azota hoy al mundo pop hay una distancia abismal. Pero Miley anda por el mundo como si nada. Un rayo que no cesa. Moviendo la cola y sacando la lengua sin parar, la chica nacida hace 21 años (el 23 de noviembre de 1992) en Nashville, Tennessee, se ha convertido en un fenómeno digno de análisis. Nada es casual. La jovencita se cambió el nombre, para empezar. De llamarse Destiny Hope, borró de un plumazo palabras que en castellano aluden al destino y a la esperanza. Términos que imaginan un cielo de arcoíris. Nada de eso. Comenzó a ser una “chica mala” cuando decidió llamarse Miley y empezó a desnudarse. Primero a insinuar sus formas en Vanity Fair, fotografiada nada menos que por Annie Leibovitz. Luego los disfraces se hicieron cada vez más osados. Y en el video de “Wrecking Ball”, vestida sólo con su pelo andrógino, botas y boca pintada al rojo vivo, se montó sobre una bola de cemento y el éxtasis de sus fans la catapultó a consagrarse como la reina del teen pop. Nadie se pregunta si canta bien o cómo suena su guitarra. Sin duda lo importante es cómo luce, cómo se la ve. El escándalo parece ser su sello. Las redes sociales se desesperan por imitarla.

 

 

Esta cuestión de haber convertido a Miley Cyrus en una suerte de ícono cultural tiene fechas fácilmente detectables. Uno de estos momentos de gloria se produjo el 25 de agosto, durante los premios VMA de MTV. 

 

 

Se esperaba que el dueto de Cyrus con el cantante Robin Thicke fuera subido de tono ya que ambos habían sacado videoclips “con más carne que acordes” en los meses anteriores. Nadie esperaba, sin embargo, que Cyrus se convirtiera en la estampa del año. En lugar de bailar, empezó a mover la cola como una turbina frente a Thicke, mientras fingía practicarle un cunnilingus a un modelo y, a la vez, se masajeaba la entrepierna con un dedo gigante de espuma de los que suelen verse en cualquier estadio estadounidense.

 

 

El movimiento de su culo, así de simple, al castizo modo, según se explicó en todos los medios del mundo al público, se denomina twerking y es algo típicamente afroamericano. “Sexualidad indisimulada más raza afro. Son los dos escándalos favoritos de América”, detallaba Riley Tyler, productor musical afincado en Los Ángeles. “Y ahí estaba Miley mezclándolos. Es probable que ahí esté la semilla de su éxito en 2013.”

 

 

 

Durante semanas las parodias tomaron la red. Se había convertido en una estampa universal. El 9 de septiembre se publicó en internet el video de “Wrecking Ball”, donde aparecía vestida sólo con unas botas mientras se abrazaba a una bola de demolición y lamía un martillo con éxtasis hedonista. “A lo mejor no es que haya sido el video más visto de la historia de YouTube –explica Farai Chideya, analista de la cultura popular– pero sí fue el que más interés suscitó y se convirtió en un videoclip ultrapopular.”

 

 

EN OCTUBRE “WRECKING BALL” ROMPIO EL RÉCORD DE VISITAS EN YOUTUBE: MÁS DE CIEN MILLONES EN SEIS DÍAS Y LLEVA MÁS DE 450 MILLONES. MILEY FUE LA PERSONA MÁS GOOGLEADA EN LO QUE VA DEL AÑO.

 

 

 

El secreto de batir récords

 

 

El videoclip en cuestión rompió en octubre el récord de visitas en YouTube: más de cien millones en seis días. Hoy lleva más de 450 millones. En internet Miley Cyrus fue la persona más googleada del mundo en lo que va del año.

 

 

Y ni que hablar del éxito en las ventas: Bangerz fue el álbum de 2013 que más copias vendió en su semana de lanzamiento: 270 mil. Si el interés por Cyrus parecía inversamente proporcional a la ropa que llevaba, quizá fuera porque su currículo ostentaba el hecho de haber desempeñado el papel de chica Disney entre 2006 y 2011. En esos años alcanzó entre los adolescentes un estrellato tan grande como el de su padre, también cantante, entre los seguidores del country.

 

 

Según Amit Ray, profesor de sociología en el Rochester Institute of Technology, hay un hecho que es fundamental e irrefutable: la música tal como circula en pleno siglo XXI es cada vez más visual que sonora.

 

 

Hay otro dato imposible de soslayar. En 2012 la revista Billboard, que otorga premios a la música, aceptó los visionados de YouTube (esto es, la cantidad de veces que se mira un video) como forma de medir los éxitos. “Wrecking Ball” fue la canción más vista del año último, aunque lo cierto es que se emitió por la radio menos veces que “Roar”, de Katy Perry.

 

 

Más determinante resulta el hecho de que en verdad no existe en el discurso de la “chica mala” ningún tipo de orden, ni ideas estructuradas sobre una base sólida, en fin, ni siquiera parece haber discurso. Digamos que de algún modo, Cyrus es, desde una perspectiva, el antidiscurso. Desde agosto ha justificado su actuación en la gala de MTV, donde se fumó un porro muy campante, alegando que sólo quería provocar para que hablaran de su música, que quería pasarla bien, que buscaba romper tabúes sexuales y, finalmente, en diciembre de 2013 le dijo a The New York Times que la intención de sus innumerables actings se basaba en su deseo de que las mujeres sintieran que podían hacer lo que se les diese la gana. “Hay algo liberador en el hecho de que no haya discurso”, prosigue Ray. “Miley llamó la atención con lo sexual, pero lo que permaneció fue algo más retorcido: sólo eran posturas, que resultan más superficiales, pero son fáciles de digerir y de compartir por internet. El mundo de la web luego rebota al real y así se crean emblemas como ella. Un verdadero fenómeno.”

 

 

Enero de 2014 empezó muy bien para Miley. El diseñador Marc Jacobs (ex Vuitton), su amigo desde hace un tiempo, la eligió como protagonista de la campaña primavera/verano en Europa. El aspecto andrógino de Miley aparece acentuado en las imágenes. Todo es bastante dark. El pelo más oscuro, la tez más pálida.

 

 

Ella en primer plano y otras modelos están en una playa incierta con pinta de tener una gran resaca o estar colocadas bajo los efectos de alguna droguita que les da un aire ligeramente metafísico. Surreal. Es que de eso se trata: de parecer algo que logre comer el coco del público.Y eso, seguro que siempre lo logra la joven chica mala. Aunque nadie, ni siquiera ella misma, sepa bien qué quiere ni quién es la volátil Miley Cyrus, la mayor marketinera teen de estos días. Tampoco sabe nadie cuánto durará su extraordinaria fama, que, como dice el viejo refrán “es puro cuento”.

 

 

La traición de Youtube

 

 

El último jueves de 2013, Miley publicó en YouTube un video en el que se la ve en ropa interior, entre las sábanas de una cama de la que es la única ocupante, mientras canta “Adore You”. Este video no tuvo el mismo éxito que los anteriores. Nunca la proporción entre la cantidad de piel exhibida y las bajadas del tema ha sido tan escasa. Ella lo atribuyó a que el clip se había filtradoantes del lanzamiento. Dijo: “Todos sabemos que mis fans habrían roto otro récord de no ser por el imbécil que filtró mi video”. Quien no se crea esa versión podrá interpretar, si así lo desea, este descenso como una señal de que Miley fue un huracán tan mastodóntico en 2013 que sólo puede llegar decrépito a 2014. Pese a haberlo inaugurado con la campaña de Marc Jacobs.

 

 

Miley entró en una vorágine escandalosa de la que le va a costar salir cuando se agote el impacto.