El director, que acaba de estrenar Las brujas de Zugarramurdi, estuvo en el país brindando una charla magistral en el marco de la Primera Muestra de Autores de Cine Español.

 

 

 

Quien vio alguna película de Álex de la Iglesia pensará que es irónico, o como mínimo contradictorio, decir que es un hombre con los pies sobre la tierra.

 

 

El humor que maneja, la estética que elige para sus films y lo corridos que están sus personajes del común de los mortales podría hacernos pensar que una disertación de este hombre sería más difícil de descifrar que un sodoku en su nivel de complejidad más alto. Sin embargo, al escucharlo hablar, seguir el orden de sus pensamientos a través del perfecto encadenamiento de sus palabras, resulta más fácil de lo que parece.

 

 

Álex de la Iglesia no es más que Alejandro de la Iglesia Mendoza, un hombre nacido hace 48 años en Bilbao, el País Vasco. Dato no menor, según él mismo reconoce, al momento de crear. “Creo que está presente en toda mi cinematografía el asunto de lo vasco. En El día de la bestia cuento la historia de un cura de Bilbao que viaja a Madrid para encontrar al Anticristo. Creo que está bastante ilustrada mi opinión acerca de las cosas. El Apocalipsis comienza en Madrid, sin duda”, explica antes de agregar que aunque “es curioso” le importa mucho España. Su visión absurda del país que lo vio nacer lo acompaña en su filmografía. “En Muertos de risa estoy hablando del conflicto de personas que para hacer reír tienen que pegarse. Creo que en mi país nadie se ríe si no hay sangre.”

 

 

Muertos de risa y El día de la bestia son sólo dos de la docena de películas que tiene en su haber. La más reciente de ellas, Las brujas de Zugarramurdi, fue presentada por él mismo en nuestro país, donde ya lo conocemos bastante por La comunidad y Crimen ferpecto, entre otras. En Las brujas… una vez más trabajó codo a codo con Jorge Guerricaechevarría, su compañero fiel en los guiones, una especie de Robin para Batman (¿o será al revés?). “Con Jorge tenemos el matrimonio perfecto: el matrimonio sin sexo. El sexo es lo  que lo estropea todo, sin sexo todo iría bien. Nuestra relación es perfecta, él puede irse con otro director, cosa que a mí me cabrea. Pero claro, ni es mi pareja ni lo he comprado, por lo tanto él tiene derecho a trabajar con otros (…)