La vanidad no es otra cosa que el resultado de reconocerse como algo que no se es. Y uno ve el mundo desde una perspectiva propia que no es fácil que compartan los demás.

 

Vano, banal es todo aquello falto de realidad, sustancia o entidad. Algo vacío y carente de solidez. ¿Qué sucede cuando vivimos ajenos a la realidad? Simplemente estamos presos de la banalidad. Se dice que somos intérpretes subjetivos de aquello que existe como única realidad. Una realidad que en todos sus planos, tangibles o intangibles, compone una única verdad que es todo aquello que existe como totalidad. Como intérpretes subjetivos que somos, cada ser humano realiza su propia interpretación de lo que existe y elige acomodarse a las circunstancias según lo que percibe.

 

 

Pero más allá de cualquier sujeto que la explora o concibe, la realidad “es” y “existe” independientemente de cada uno de nosotros. El horizonte del observador Cuando hablamos de interpretación y entendimiento de la realidad, consideramos que esta depende de algo denominado “el horizonte del observador”.

 

 

Si existimos en un campo multidimensional, nuestra limitada perspectiva de tercera dimensión nos otorgará una visión muy acotada de la estructura de la realidad como totalidad. Es decir, desde su plano material de existencia el ser humano está observando tan sólo un cinco por ciento de la estructura de la conformación del Universo. El genial físico David Bohm definió muy bien la diferencia entre el observador y lo observado cuando expuso su teoría del Orden Implicado y el Orden Explicado.

 

 

Este último sería la interpretación –a partir de la perspectiva humana– de un orden mayor de existencia que él denomina Orden Implicado, el cual estaría conformado por todo lo que nos envuelve como realidad. David Bohm considera que en la realidad todo está ordenado según un orden preestablecido y que ese orden varía en su interpretación de acuerdo al horizonte del interpretador.

 

 

Entonces, ¿cuál es tu horizonte? Sin lugar a dudas el lugar en el que elijas posicionarte en la vida te ofrecerá una perspectiva distinta bajo la que conformarás tu interpretación de la realidad. Nuestra capacidad personal de observación, entendimiento y conocimiento es proporcional a nuestra evolución personal y de nuestra propia decisión de hacerlo. Decía Einstein que a mayor conocimiento y evolución, menor era el ego de aquel que conoce y evoluciona.

 

 

El ego nos conduce a una actituden la que la necesidad de tener razón domina cualquier diálogo o discernimiento. La vanidad como resultado del ego nos conduce a creer saber, o tener una “versión” de lo que es la realidad, que es más acertada que la del resto. El argentino es un reconocido sabelotodo que cree conocer más que aquel que realmente sabe y conoce. Así nació nuestro afamado ego que tantos problemas nos ha causado a la hora de ejercer un desarrollo mancomunado como sociedad.

 

 

La eterna identificación de “todos los argentinos” basada en el logro y el éxito logrado por algún argentino destacado nos ha causado enormes problemas a la hora de trabajar en conformar la unidad nacional. Somos un país que se destaca por capacidad individual pero que no funciona en equipo.

 

 

La subjetividad de lo observado En la teoría del conocimiento, la subjetividad es definida como “la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista del sujeto, y por tanto influidos por los intereses y deseos particulares del mismo”. Su contrapunto es la objetividad, que los basa en un punto de vista no prejuiciado,no interpretado subjetivamente por un sujeto, sino posible de ser verificado por otros.

 

 

Existen numerosas personas que hacen una vana representación, ilusión o ficción de la realidad, y con base en ello nace la diversidad. Toda observación produce como resultado una interpretación de lo observado y, como ya dijimos, esa interpretación será subjetiva y relativa al sujeto que observa. Hay un dicho que reza: “No es lo que veo, sino lo que interpreto estar viendo”, y esa gran verdad nos refleja que los paradigmas que vamos construyendo para movilizarnos en el entendimiento que tenemos de la realidad son muy relativos. Cualquier cambio en el punto de vista significará un nuevo entendimiento de lo observado.

 

 

Está generalizado el concepto del realismo, bajo el cual las cosas deben ser “tal y como se las observa”. Nuestra sociedad de consumo ha creado el vacío de todos aquellos faltos de realidad, sustancia o entidad, quienes respondiendo a la vanidad, ejercen conceptos y emiten juicios que sólo existen en su interpretación subjetiva de las cosas. Esto ha generado un comportamiento social muy reprochable por el cual se juzga al semejante por lo que aparenta y no por lo que es. Por eso la sociedad nos motiva a construir una imagen de nosotros mismos sustentada en una tribu o moda referencial con la cual identificarnos.

 

 

No sos aquello con lo cual te identificás No es lo mismo identificación que entidad. Entidad es lo que constituye la esencia o la forma real del ser. La identidad es la conciencia que una persona tiene de sí misma. La identificación es una prueba muy difícil de superar en el camino de la evolución.

 

 

Lograr ser conscientes de que nuestros logros son algo muy distinto a lo nosotros somos como entidad es el único camino destinado a romper con la ilusión del sentido identificatorio que nos impone el aferrarnos a la materialidad. Si pensás que vos y tus logros son lo mismo, estarás desidentificando tu esencia como ser humano. Es la sociedad individualista, competitiva, consumista y marquera la que promueve la identificación y alimenta la vanidad que nace del querer ser y poseer lo que el sistema nos impone.

 

 

La búsqueda por la identificación nos habla de una necesidad del ego por querer ser “mejores” y de estar mejor posicionados dentro del esquema desidentificatorio del sistema. Por mucho que se logre o se adquiera, el ego insistirá en que no es suficiente y el ser se alejará de la posibilidad de alcanzar el conocimiento real, que se logra mediante la introspección y el desapego.

 

 

Irónicamente, cuando uno deja de necesitar más, aparece el momento en el que recibe más de lo que busca. Cuando se logra estar desapegados de la necesidad, resulta más fácil vivir sin lo que el sistema nos imprime como necesario. Porque es cuando nos damos cuenta delo poco que se necesita para sentirnos satisfechos que comenzamos a estar identificados con nosotros mismos y desidentificados con lo que queríamos demostrarles que somos a los demás. Es ahí cuando la paz interior llega.

 

 

Los sistemas educativos y formativos de trabajo se apoyan en la competencia y la superación. Las generaciones crecen bajo esquemas que premian la fama y el éxito sin importar qué aporte hacen al mejoramiento de la sociedad. La fama trae la vanidad, la que a través del reconocimiento premia al ego. La fama es la ilusión que el resto de las personas forman de una persona en particular en función de lo que el sistema ha querido mostrar de ella. La vanidad no es otra cosa que el resultado de identificarnos con algo que en realidad no somos pero creemos ser. No debemos preocuparnos por cómo los demás nos van a percibir, sino por cómo percibirnos a nosotros mismos.

 

 

¿Cuál es tu horizonte? Sin duda, el lugar en el que elijas POSICIONARTE EN LA VIDA te ofrecerá una perspectiva distinta bajo la que conformarás tu INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD. La vanidad no es otra cosa que el resultado de reconocerse como algo que no se es. Y uno ve el mundo desde una perspectiva propia que no es fácil que compar tan los demás.