Calificado como uno de los mejores autores latinoamericanos vivos, acaba de publicar Historia del dinero, la novela que cierra su trilogía sobre los años 70. Mientras trabaja en un ensayo biográfico, se hizo un rato para reflexionar sobre el quehacer literario, el mito de la hoja en blanco y su faceta de actor.

 

 

 

 

Terminó una trilogía, el primer proyecto de largo aliento que logró no dejar inconcluso y al que le fue fiel por siete años. Después de eso, Alan Pauls recibió un encargo que le pareció adecuado al momento: escribir un ensayo biográfico que le hiciera cambiar el registro. En el medio, se estrenó Cassandra, una película que lo tiene como actor, rol que él prefiere mirar de afuera, sin apropiárselo, pero al que cada tanto se anima. Pauls, un hombre que no sabe bien qué pasa en el momento en el que sucede, pero que después se encuentra a sí mismo en un libro escrito 28 años atrás.

 

 

 

–Es la cuarta película en la que actúa, pero sin embargo no se reconoce actor. ¿Por qué acepta ser parte de estos proyectos?

 

 

 

–Para aceptar estas propuestas medio disparatadas primero me tiene que interesar algo de quién lo propone. No es algo que hago, tampoco que haga particularmente bien, no me interesa de manera puntual. Sí me interesa formar parte de una experiencia. En el caso de Cassandra, era algo muy abierto, al comienzo yo iba a hacer una voz en off y terminamos construyendo un personaje (…)