Este grupo de salvajes emergió en 1975, mientras la escena londinense se debatía entre el rock sinfónico y el radial. Como una contracara de los Rolling Stones, les inyectaron genialidad y pura onda a los oídos más despiertos.

 

Mi perro era muy simpático, cabrón, pero un buen tipo a fin de cuentas; tan inteligente como intenso. Para los que no lo conocían, un loco de atar. Se llamaba Wilko.

 

 

El guitarrista de Dr. Feelgood era muy simpático, cabrón pero un buen tipo a fin de cuentas; tan inteligente como intenso.

 

 

Para los que no lo conocían, un loco de atar. Se llamaba Wilko. En esta época de acceso irrestricto, ilimitado casi, a todas las grandes erasde la música de la última mitad del siglo pasado es imperdonable, es un pecado capital, no saber quien fue Wilko Johnson. Antes era diferente.

 

 

Lo que me hizo ser un pendejo fascinante, irresistible, un referente en mi barrio y en otros barrios, un sex symbol preadolescente, lo que hizo que todos quisieran ser como yo, era que yo era fan de Dr. Feelgood. Y aún hoy esas cosas producenefectos impensables. Mi mujer (quien además de ser más linda, es más moderna que yo), viéndome absorto frente a la pantalla que me ofrecía un gran show de Dr. Feelgood en el 75, me preguntó sorprendida: “¿Quiénes son? ¿The Hives?”. 

 

 

Le respondí, no sin cierto encono: “No,my love, los Hives son una copia bastante básica de Dr. Feelgood”, y tomé otro trago de whisky.

 

 

The Hives son una simple copia de esto, y los Sex Pistols y The Clash apenas fueron los más cercanos fans de Dr. Feelgood. Hay un magnífico documental acerca de Dr. Feelgood que se llama Oil City, donde el mismísimo Joe Strummer, de The Clash, los pone como una de sus mayores influencias a la hora de estar en un escenario.

 

 

Como pasa con los buenos vinos y con todo lo que sea bueno, hay épocas y cosechas que son mejores, y el mejor Dr. Feelgood es el de los cuatro años que estuvo Wilko, del 73 al 77.

 

 

Se formaron a comienzos de los 70 en Canvey, Essex, digamos la parte más obrera de la periferia londinense. Lee Brilleaux (el más brillante cantante de rock and roll de la historia, sólo superado en algún momento por Bon Scott de AC/DC), además de cantar, tocaba la armónica y se murió hace unos años; John Sparks, puro glam de oferta fin de temporada, al bajo; The Big Figure en la batería, y el genio de Wilko en guitarra. Ellos fueron Dr. Feelgood en cuatro de lo 25 discos del grupo.

 

 

En el debut, Down by the Jetty (1974), en Malpractice (1975), en Stupidity (1976) y en Sneakin’ Suspicion (1977). En todos los otros discos de Feelgood ya no estaría Wilko. De Brilleaux se decía que había nacido en África, lo cual era cierto, que tenía un coeficiente intelectual superior, cosa que dudo, y que era un animal en el escenario, algo absolutamente comprobable hoy pero recuerden que estoy hablando de 1975, cuando además del disco apenas llegaban unas fotos en la revista Pelo. Y de Wilko se sabía de su viaje a la India antes que los Beatles y los Stones, de su lucha por los derechos ecológicos de los habitantes de Canvey y que él fue el primer guitarrista que probaron los Stones tras la muerte de Brian Jones, siendo rechazado por Keith Richards, quien lo consideró “Too much loco”. ¡Cómo sería el aspecto de Wilko para espantar justamente Keith Richards en el 69!

 

 

Es que los Feelgood además de rockers geniales eran pura onda. En una época donde andaban todos los rockers de pelos largos, camisolas de bambula y collares de mostacillas haciendo canciones sinfónicas con letras que hablaban de duendes espaciales que llegaban al castillo para inmolar doncellas y sirvientes, estos cuatro se vestían con trajes de gángsteres o de mozos de fiesta de 15 baratos (excepto Lee Brilleaux, que iba con el trajecito claro que usaba a la tarde en el estudio de abogados donde trabajaba).

 

 

Eran más hombres que cualquiera y eran más divertidos que Frank Zappa.

 

 

Tenían el peor corte de pelo que hayas visto en tu barrio, jamás se sacaban una foto sonriendo y cantaban canciones acerca de cuántas ganas tenían de coger con Roxette, o de para qué tomaste las pastillas si después tenés que llamar al médico y no tenés plata para pagarle… y esos temas un poco más cotidianos.

 

 

Es que los Feelgood eran más de la calle que del estudio, eran más hombres que cualquiera y eran más divertidos que Frank Zappa. Down by the Jetty fue su primera obra y era genial, con unas versiones inolvidables de “Tequila”, de “Ruta 66” y de “BoomBoom”, de Hooker. Y, por si no alcanzara, “She Does it Right”, una de las más esperadas en sus shows y un riff diabólico inoxidablemente loopeado durante todo el tema. Era música sin rulos, sin arreglos complicados, era un puño sin brazo que te desencajaba la mandíbula sin que supieras por qué.

 

 

Existe entre los músicos lo que se llama “el síndrome del segundo disco” pero después Feelgood hizo nada menos que Malpractice, que se editó en todo el mundo, hasta aquí en la Argentina, como Mal recetado, y es todo lo que hay que escuchar para inyectarse rock and roll de verdad indeleblemente. Después de escucharlo entero, el rock comienza a ser inherente en tu aspecto y en tu línea de pensamiento.

 

 

Ya desde la tapa uno comienza a temerles a estos chavales, los cuatro parados en la puerta de una farmacia. ¡Dios! Cuánto quise durante toda mi primera juventud ser uno de ellos, cómo lograrían vestirse así, tocar de esa manera casi salvaje (en un mundo que se debatía entre el rock sinfónico y toda la mierda que pasaban en la radio). ¿Y cómo hacían para tener tanta onda invertida? Es decir, cómo se podía generar tanta onda siendo tan horribles para vestirse y peinarse al lado de los Rolling Stones, por ejemplo, que eran todo lo que queríamos ser cuando salíamos con alguna chica del barrio. ¿Me explico? Malpractice tenía “Back in the Night” nada menos, el primer rock que se bailó en la época predisco, cuando aún no se había inventado la música diseñada para bailar en las discotecas, y también estaba “Riot in Cell Block Number 9” (el motín en las celdas del block número 9, que años más tarde popularizaran los Blues Brothers de John Belushi y Dan Aykroyd, nada más y nada menos). También “Another Man”, “I Can Tell” y “Don’t Let Yogur Daddy Know”, todos himnos del mejor rock R&B.

 

 

De haber tenido la valentía necesaria, llevaría tatuado en mi pecho al Dr. Feelgood. Pero jamás llegaré a ser como estos tipos. La última noticia que nos llega de Wilko es que desde hace un año sufre cáncer de páncreas, así que negándose a la quimio decidió salir de gira con sus amigos hasta que el eterno lo llame. La última gran lección de hombría que nos lega el maestro. Buen viaje, Wilko, cuando sea que embarques para el mundo de los invisibles. Y a ustedes, buenas tardes, no lloren, crezcan.