La protagonista de La casa de Bernarda Alba tuvo un 2013 perfecto. En pareja con el director de cine Ulises Rossell, disfruta la crianza de su hijo de cinco años y asegura que está viviendo un momento de absoluta felicidad laboral y familiar.

 

Existen dos clases de actores. Por un lado, los que entienden a su profesión como un don que recibieron de la vida, como algo que los hace especiales y diferentes y se encargan de que todo el mundo los trate acorde a eso. Y están aquellos que también poseen ese don pero lo llevan con humildad, con la simplicidad de quien tuvo la suerte de poder trabajar de lo que le gusta. Estos últimos son los que no le ven nada de malo a decir que actuar es un trabajo, sin que eso sea sinónimo de menospreciar la profesión. Porque, aunque puede haber mucho de amor al arte –si sabrán de eso quienes hacen teatro independiente–, la dinámica es sencilla: por cada película, programa de televisión u obra de teatro, hay un caché que se cobra.

 

 

 

“Yo voy haciendo mi carrera tranquila. Hace varios años que me empecé a tomar con mucha más tranquilidad esto de actuar”, dice en un tono relajado (y creíble) Valentina Bassi. “A veces puedo elegir, a veces no, pero cuando no puedo elegir no lo vivo con conflicto. Hice teatro alternativo, oficial, tele, cine; no siento que pertenezca a un lugar. Yo hago mi trabajo. A veces hago algo y tiene un éxito bárbaro y otras veces no lo ve ni el loro, pero es así la carrera. Por ahí al principio una está más ansiosa, piensa ‘yo quiero ser una ACTRIZ’. Así: ‘ACTRIZ’, como algo solemne. Pensaba si tal trabajo me iba a perjudicar. Ahora pienso: ‘¿Me voy a divertir?’” (risas).

 

 

–Algunos actores se llaman a sí mismos artistas y se colocan en un lugar superior. ¿Usted cómo lo vive?

 

 

 

–A mí la palabra “artista” no me identifica, no me reconozco en eso. Sí actriz. Soy re-actriz. Es más, un poco tengo que dejar de serlo. Muchas veces escucho a mi marido decirme: “No seas taaaan actriz” (risas). Por momentos somos insoportables los actores, ¡insoportables! Hay algo de vivir hasta el extremo o exageradamente, una cosa de subrayar todo… Casi como de sobreactuar. Ahora que lo pienso, creo que tendría que decirme “mala actriz” (risas). Hay una intensidad por ahí que está más presente cuando no trabajo y baja un poco cuando trabajo. Se drena todo. Ser actor es lo más, salgo de la obra y es como si me hubiera dado una ducha. Hay algo de catarsis que también me pasa como espectadora (…)