Correr una hora en la cinta, hacer abdominales hasta aburrirse o entregarse a la camilla de cuádriceps son cosas del pasado. El entrenamiento funcional es la nueva tendencia mundial que rompe con todo lo conocido en cuanto a mecánica y resultados.

 

 

La técnica nace de la mano de Gary Gray en los años 90. El fisioterapeuta estadounidense apuntaba a la rehabilitación de lesiones de deportistas de alto rendimiento que buscaban una rápida recuperación. Así dio origen a lo que hoy conocemos como entrenamiento funcional, un método que asegura mejores resultados y un porcentaje casi inexistente de lesiones.  

 

 

Esteban Dietz, director de Functional Gym, explica: “La clave está en trabajar acompañando el funcionamiento del cuerpo humano vivo y en movimiento, respondiendo a sus funciones motoras: estar de pie, desplazarse, tirar, empujar, rotar y cambiar el centro de gravedad.

 

 

Sin olvidar que estos movimientos pueden ser hacia delante, al costado y atrás”. Esta es una de las principales diferencias con el entrenamiento convencional, donde los movimientos son cíclicos, para adelante y trabajando un grupo muscular aislado.

 

 

El crecimiento de esta tendencia está comenzando a modificar la planta de los gimnasios más importantes del mundo, que ceden metros del espacio ocupado con costosas y enormes máquinas para priorizar el entrenamiento funcional, que requiere elementos blandos como bandas elásticas, conos inteligentes, hexágonos, patines de deslizamiento, balones medicinales y bandas de suspensión, entre otros.

 

 

Dietz asegura que se rompe un paradigma en la forma de hacer ejercicio y da como ejemplo la forma tradicional de hacer abdominales: “En posición horizontal es donde menos activación abdominal existe y siempre se entrenó así. Los abdominales se trabajan de pie, y los resultados son superiores”.

 

 

 

Para el especialista es fundamental que los alumnos no se lastimen: “Si cuando uno sale del gimnasio le duele la columna, las rodillas o cualquier articulación algo está mal. Hacer ejercicio no debería traer dolores óseos”. Esta técnica entiende al cuerpo humano como una máquina perfecta y lo entrena de acuerdo a sus capacidades y límites genéticos para potenciarla al máximo en sus funciones.

 

 

A diferencia de las clases tradicionales, acá no hay música ni televisores que distraigan. Los entrenadores están pendientes de los alumnos de forma personalizada, no se trata de cuarenta individuos siguiendo una coreografía, sino que se realizan variantes para cada uno según lo que va sucediendo. De esta forma pueden compartir la misma clase un principiante y una persona que entrena hace años.

 

 

Esta tendencia, que es furor en Estados Unidos y Europa, gana cada vez más adeptos en la Argentina. Algunas de las famosas que lo eligen son Luli Fernández, Zaira Nara, Candelaria Tinelli, Juanita Repetto y Alexandra “la Sueca” Larsson. Pero no hace falta ser modelo, tener un cuerpo escultural ni estar previamente entrenado para asistir, pueden entrenar tanto personas sedentarias como deportistas de alto rendimiento. “El que viene principalmente tiene conciencia de que hay que hacer actividad física, y eso se suma a las necesidades particulares, como bajar de peso, recuperación física de dolores o estado general y estética, porque el entrenamiento genera cambios muy rápido.

 

 

 

En seis semanas, tomándolo con seriedad, se pueden ver modificaciones corporales impensadas”, asegura Dietz. Tal es así que Máximo Ravenna incorporó la técnica de entrenamiento para acompañar el tratamiento de sus pacientes.

 

 

 

Si de precios se trata, las clases grupales comienzan en $450 y las particulares en $2.000 al mes. Pero el dinero no es una excusa, porque Functional Gym, además de sus dos centros, realiza clases abiertas y gratuitas todos los sábados, domingos y feriados en el rosedal de Palermo.Correr una hora en la cinta, hacer abdominales hasta aburrirse o entregarse a la camilla de cuádriceps son cosas del pasado. El entrenamiento funcional es la nueva tendencia mundial que rompe con todo lo conocido en cuanto a mecánica y resultados.

 

 

 

La técnica nace de la mano de Gary Gray en los años 90. El fisioterapeuta estadounidense apuntaba a la rehabilitación de lesiones de deportistas de alto rendimiento que buscaban una rápida recuperación.

 

 

Así dio origen a lo que hoy conocemos como entrenamiento funcional, un método que asegura mejores resultados y un porcentaje casi inexistente de lesiones.

 

 

Esteban Dietz, director de Functional Gym, explica: “La clave está en trabajar acompañando el funcionamiento del cuerpo humano vivo y en movimiento, respondiendo a sus funciones motoras: estar de pie, desplazarse, tirar, empujar, rotar y cambiar el centro de gravedad.

 

 

Sin olvidar que estos movimientos pueden ser hacia delante, al costado y atrás”. Esta es una de las principales diferencias con el entrenamiento convencional, donde los movimientos son cíclicos, para adelante y trabajando un grupo muscular aislado.

 

 

El crecimiento de esta tendencia está comenzando a modificar la planta de los gimnasios más importantes del mundo, que ceden metros del espacio ocupado con costosas y enormes máquinas para priorizar el entrenamiento funcional, que requiere elementos blandos como bandas elásticas, conos inteligentes, hexágonos, patines de deslizamiento, balones medicinales y bandas de suspensión, entre otros.

 

 

Dietz asegura que se rompe un paradigma en la forma de hacer ejercicio y da como ejemplo la forma tradicional de hacer abdominales: “En posición horizontal es donde menos activación abdominal existe y siempre se entrenó así. Los abdominales se trabajan de pie, y los resultados son superiores”.

 

 

Para el especialista es fundamental que los alumnos no se lastimen: “Si cuando uno sale del gimnasio le duele la columna, las rodillas o cualquier articulación algo está mal. Hacer ejercicio no debería traer dolores óseos”. Esta técnica entiende al cuerpo humano como una máquina perfecta y lo entrena de acuerdo a sus capacidades y límites genéticos para potenciarla al máximo en sus funciones.

 

 

A diferencia de las clases tradicionales, acá no hay música ni televisores que distraigan. Los entrenadores están pendientes de los alumnos de forma personalizada, no se trata de cuarenta individuos siguiendo una coreografía, sino que se realizan variantes para cada uno según lo que va sucediendo. De esta forma pueden compartir la misma clase un principiante y una persona que entrena hace años.

 

 

Esta tendencia, que es furor en Estados Unidos y Europa, gana cada vez más adeptos en la Argentina. Algunas de las famosas que lo eligen son Luli Fernández, Zaira Nara, Candelaria Tinelli, Juanita Repetto y Alexandra “la Sueca” Larsson.

 

 

Pero no hace falta ser modelo, tener un cuerpo escultural ni estar previamente entrenado para asistir, pueden entrenar tanto personas sedentarias como deportistas de alto rendimiento. “El que viene principalmente tiene conciencia de que hay que hacer actividad física, y eso se suma a las necesidades particulares, como bajar de peso, recuperación física de dolores o estado general y estética, porque el entrenamiento genera cambios muy rápido.

 

 

En seis semanas, tomándolo con seriedad, se pueden ver modificaciones corporales impensadas”, asegura Dietz. Tal es así que Máximo Ravenna incorporó la técnica de entrenamiento para acompañar el tratamiento de sus pacientes.

 

 

Si de precios se trata, las clases grupales comienzan en $450 y las particulares en $2.000 al mes. Pero el dinero no es una excusa, porque Functional Gym, además de sus dos centros, realiza clases abiertas y gratuitas todos los sábados, domingos y feriados en el rosedal de Palermo.

 

 

PARA AGENDAR:

SEDE CAÑITAS

Dirección: Olleros 1881, casi esquina

Luis María Campos

Teléfono: (011) 4779-0054

 

 

SEDE ESTILO RAVENNA

Dirección: Zapata 117, entre Santos

Dumont y Concepción Arenal

Teléfono: (011) 4775-9200 Interno 511

Sábados, domingos y feriados a las 8 de la mañana clases abiertas y gratuitas en el Rosedal.