La hija de Víctor Hugo cumplió 31 años, es psicóloga pero no ejerce, trabaja de actriz, tiene un hijo de siete y está soltera. Es, además, dueña de una sonrisa natural que conquista a simple vista y de una voz dulce que enamora con cada palabra.

 

Se recibió de psicóloga mientras grababa una tira con un hijo muy pequeño  ¿Cómo hizo? ¿Su padre le pidió que terminara la carrera?

 

 

–No, para nada, era una cuestión personal. Me quedaban dos finales que si no rendía me quedaba libre. Así que terminé, pero nunca ejercí, nada de nada, y sin embargo no me arrepiento de haber estudiado esa carrera, fue una experiencia increíble, aunque la psicología quedó archivada.

 

 

–¿Extraña Uruguay?

 

 

–Me vine cuando tenía nueve meses, así que viví toda mi vida en Buenos Aires. Soy uruguaya y argentina. Nací en Uruguay, tengo familia allá, pero toda mi vida está acá.

 

 

–¿En qué barrio se crió?

 

 

–En Palermo y Barrio Norte.

 

 

–¿A qué colegio fue?

 

 

–Al Argentina Modelo.

 

 

–Exigente.

 

 

–Sí.

 

 

–¿Su padre era riguroso con el estudio?

 

 

–No, para nada, al contrario. A mis amigas los padres las retaban si se llegaban a llevar alguna materia, y en mi caso nunca nada. Supongo que veían que yo era responsable, que no tenían que estar encima de mí.

 

 

–¿Le molesta que le pregunten sobre su padre?

 

 

–Si me empiezan a hablar de política, sí. No es que me moleste en realidad, sino que después la nota se va para un lado que no me gusta. Termino haciendo una nota sobre mi papá.

 

 

–Es que se dedican a algo parecido.

 

 

–No, lo que hacemos es muy distinto.

 

 

–Pero los dos se convirtieron en figuras públicas.

 

 

–Eso sí. De hecho me sirvió un montón haber nacido con un padre con exposición, conocido, que trabaje en los medios, porque cuando yo empecé a trabajar en esto todo lo veía de manera natural. A mí no me producía nada verme en una foto en una revista o verme en televisión, porque había nacido con eso.

 

 

 

–¿Cuál es su lugar en el mundo?

 

 

–Yo soy un bicho de ciudad. Me gusta la ciudad, el movimiento, que haya gente en las calles, salir y tener muchas opciones de teatro, de restaurantes, cines, bares.No soy de esas personas que detestan el tránsito, me adapto bien a las grandes ciudades. Y cuando me voy a un campo oa lugares más tranquilos, no duro mucho, siento que me falta algo. Si me voy de viaje, generalmente elijo una ciudad.

 

 

–Hace poco estuvo en Nueva York.

 

 

–Sí.

 

 

–¿Con quién?

 

 

–Me fui con mi hijo Benicio, que acaba de cumplir siete años. Mis padres estabanallá, papá trabajando, yendo de ciudad en ciudad, y mi mamá un poco con él, un poco con nosotros, y también estaba mi hermana, con la que coincidimos dos días.

–¿Le molesta la exposición política de su padre?

 

 

–No, para nada. Pero ya me pasó que me han preguntado y después el centrode la nota termina siendo eso, cuando en realidad no tiene nada que ver con loque yo hago. Antes opinaba y daba mi postura, pero después, sobre todo ennotas gráficas, las declaraciones quedan fuera de contexto o muy resumidas. Entonces lo leo y me angustio, porque no es lo que yo quería expresar.

 

 

–Son los avatares de la prensa.

 

 

–Sí, pero cuando uno aprende ciertas cosas, está bueno usar eso a su favor.

 

 

–¿Le duelen los ataques hacia usted o hacia su padre?

 

 

–Ahora estoy más fuerte. Cuando empecé había cosas que quizás me podían llegar a chocar un poco más, pero yo trato de mantenerme al margen. Casi no uso internet, no entro a ver comentarios sobre mí o mi papá, ni loca.

 

 

–¿Eso lo hace para preservarse o porque no le interesa?

 

 

–Para preservarme. Si dejás entrar eso, si dejás que eso te penetre, vas mal. La realidad es que no se puede contentar a todo el mundo, es imposible gustarle a todo el mundo, que todos estén de acuerdo con tu forma de pensar, con tu forma de vivir. En definitiva, la única persona que tiene que estar contenta con como actúa es uno mismo.

 

 

–¿En qué medida le importa el qué dirán?

 

 

 

–Me di cuenta de que se vive mucho mejor, más feliz, sin estar atenta a eso. Esto no implica ni cerrar los ojos ni negar ciertas cosas, sino ser fiel a uno mismo. Si no, después uno se termina confundiendo, pensando en lo que se supone que está bien o está mal, en lo que pueda llegar a pensar el resto. Eso sé que no lo quiero para mi vida. Quiero ser fiel cien por ciento a mí misma. Uno siempre es más feliz cuanto más libre es. Cuantos menos prejuicios tenés y menos necesitás imponer tus ideas, más seguro estás de lo que querés ser y cómo querés vivir tu vida. Y vas a ser más feliz. Cuanto menos y más prejuicios tengas, más te va a costar la felicidad.

–Vista desde afuera, parece una persona feliz.

 

 

–Sí, soy feliz, soy bastante feliz.

 

 

–Entonces, esa sonrisa que lleva siempre es verdadera.

 

 

–Sí, porque soy feliz. No es que esté todo el día contenta, pero en general sí.

 

 

“Estoy sola, pero sigo creyendo en el amor”.

 

 

–¿Qué la pone contenta?

 

 

–Tiene que ver con situaciones cotidianas. Me gusta viajar, me da mucho placer tomar un avión y sentir que me desconecto. Eso es lo que más me gusta: cuando me voy, realmente mi cabeza no está acá, desconecto todo y desaparezco. Cuando estoy acá soy muy de amigas, de juntarme a comer asados, a tomar mate. Ya casi no voy a bailar, meterme en un boliche no es lo que más placer me da. Prefiero ir al cine, al teatro.

 

 

–¿Cómo hace con su hijo?

 

 

–En general viene conmigo a todas partes, salvo que sea un programa muy de grandes.

 

 

–¿Se queda con los abuelos? ¿Cómo es Víctor Hugo como abuelo?

 

 

–Uf, fanático del nieto. Benicio juega todos los fines de semana al fútbol, y el abuelo va todos los sábados, por más que no haya dormido.

 

 

–Imagino que tendrán una conexión a través del fútbol.

 

 

–Sí, pero no sólo por el fútbol, es en general. Mi hijo está mucho con los abuelos; cuando yo hago teatro él se queda con ellos, entonces tienen una relación muy cercana.

 

 

–En su récord amoroso siempre aparecen galanes. ¿Por qué?

 

 

–(Risas) Ahora estoy sola. Ya sé que Juan (N. de la R.: el actor Juan Manuel Guilera) eralindo, pero a mí no me entró por los ojos.

 

 

–¡Eso es una gran mentira!

 

 

–Te juro, la realidad es que no entró por ahí.

 

 

–Entonces, ser lindo no es un requisito.

 

 

–No, de hecho he salido con chicos nada lindos, y de repente he tenido más piel con ellos. A mí me tiene que pasar algo más allá de lo físico.

 

 

–¿Cuál fue la relación más larga que tuvo?

 

 

–Con el padre de Benicio, duramos cinco años.

 

 

–¿Le queda el desencanto de las separaciones o sigue apostando al amor para toda la vida?

 

 

–No me quedó ningún tipo de trauma, pero a la vez no busco nada. Me encanta estar sola y me encanta estar en pareja, pero sólo si estoy enamorada y bien. Salir por salir con alguien no me interesa.

 

 

–Entonces, no es fundamental estar en pareja.

 

 

–No, para nada. Y cuando uno está solo y se da cuenta de que la pasa bien, no es necesario.

 

 

–Sin embargo, sigue creyendo en el amor.

 

 

–Sí, no sé si para toda la vida, pero sigo creyendo en el amor.

 

 

 

Producción: Nati Zubeldía // Peinó: Elvira Martínez // Agradecimiento especial: Alvear Tower / Vestuario: Bianca Valenti, La Garsonié, Justa Petra, Hey McFly, Vena Mi, Besha, La Juana, Paruolo, Jow.