La precoz creadora plástica, diseñadora, ilustradora, escenógrafa y vestuarista que lleva varias décadas colaborando con las figuras más reconocidas de la cultura contemporánea reflexiona con sensibilidad sobre la solitaria tarea de producir obra.

 

Rápidamente Renata Schussheim empezó a los nueve años estudiando dibujo y pintura con Ana Tarsia; siguieron cuatro años en el Instituto de Bellas Artes Augusto Bolognini hasta que llegó, por las suyas, al maestro Carlos Alonso a los 13 años. A los 15 realizó su primera exposición y a los 19 empezó a trabajar como diseñadora de vestuario.

 

 

Desde entonces, sus óleos y dibujos se expusieron en galerías de todo el mundo, tanto como sus creaciones escénicas, que llegaron a los teatros de las principales capitales. “He sido precoz”, reconoce, y evoca la anécdota de cuando fue presa por estar, siendo menor de edad, en un bar donde servían bebidas alcohólicas.

 

 

Ese día la fue a buscar su mamá pero, poco después, fue ella la que empezó a ir a buscar a la gente: “Vivía al lado de la comisaría, en Julián Álvarez entre Charcas y Güemes, así que en la época del Grupo Caviar caían en cana a cada rato con el pelo largo y los sacos Thierry Mugler.

 

 

 

Como me conocían a mí, me avisaban ‘¡Renata! ¡Acá hay uno que debe ser amigo tuyo!’ y yo, por suerte, los podía ir a sacar”, cuenta.

 

 

El 2013 de esta creadora incansable incluyó la realización del vestuario de la exitosa La casa de Bernarda Alba, de José María Muscari; el arte y el vestuario de Querido Ibsen: soy Nora, de Griselda Gambaro, y de los conciertos de Charly García en el Colón. Lo último fue la realización integral de la muestra “Vinicius… saravá! La vida, amigo, es el arte del encuentro”, sobre una idea de la esposa argentina del artista carioca, Marta Rodríguez Santamaría, que acaba de inaugurarse en el Centro Cultural Recoleta.

 

 

–¿Qué relación tenía con Vinicius de Moraes?

 

 

–Lo conocí antes que Marta porque le había hecho la tapa del libro Para una muchacha con una flor. Fue mi mentor, mi padrino, una persona muy importante en mi vida, un maestro de vida, una persona que apretaba el pedal a fondo.

 

 

–¿Y cómo se expone sobre toda una vida?

 

 

–No es una exposición propiamente dicha, es una cosa multimedia con una producción muy grande, con fotos que no son conocidas porque tienen que ver con su parte más personal, con sus amigos.

 

 

– Es decir que está usted ahí.

 

 

–Sí, si bien no es mi obra, de alguna manera siempre estás superexpuesto porque Vinicius fue parte de mi vida y a mí me movilizó mucho este último tiempo ver las fotos y escuchar todo el material y la música… hay muchísimo material de Marta, por supuesto, que fue su compañera, y de Gianni Mestichelli, que se había metido con su cámara en las grabaciones y cuando vino con Dorival Caymmi yBaden Powell a publicitar Café do Brasil. En esos años se vendía mucho el café colombiano, así que mandaron una delegación de artistas para hacer un show y fue tal el éxito, que cortaron la calle Corrientes e hicieron creo que dos funciones llenas en el Ópera. Esas cosas que pasan. Vinicius fue siempre muy porteño y tenía muchos amigos acá muy queridos, le gustaba venir.

 

 

–La muestra es uno más de varios importantes proyectos en los que participó este año, ¿nunca la sobrepasa la vorágine de trabajo?

 

 

–Hay momentos en que sí me siento sobrepasada y me actúa en contra o me pongo muy irritable, muy exigente. Me ha pasado, me di cuenta y traté de modificar algo porque hay un momento en que quiero parar y dedicarme a dibujar, por ejemplo, y para eso, necesito estar más tranquila, parar todo lo que es para afuera, lo colectivo, lo organizativo y estar solita acá con mi alma, con los loros y los perritos.

 

 

–¿Cuesta hacer ese espacio?

 

 

–Cuesta. Estoy tan acostumbrada a lo otro que me da miedo angustiarme un poquito pero tengo que sobrepasarlo y hacer porque me da mucha felicidad producir obra mía, es lo que me ubica en el tiempo y en el espacio: estás acá, esto sos y esto es lo que estás produciendo.

 

 

–La difícil tarea de generar un equilibrio.

 

 

–No… imposible, yo soy de Libra y entonces la gente cree que soy equilibrada, pero no; siempre estoy en la búsqueda del equilibrio dentro de un desequilibrio absoluto. Lo que más me cuesta es encontrar un término medio en las cosas porque soy absolutamente extremista en todo; las pasiones, los deseos, los enojos…

 

 

–¿No fue corrigiéndolo a lo largo del tiempo?

 

 

– No sé a quién le decía el otro día que yo había fantaseado con llegar a la madurez y ser una persona tranquila y armoniosa, pero me doy cuenta de que es todo peor. En ese sentido, estoy cada vez peor. Igual quiero estar más armoniosa, tengo que lograrlo pero las cosas que me ofrecen para hacer son muy interesantes, entonces es difícil decir que no a algo que te divierte hacer y es parte de tu vida.

 

 

–No quiere perderse nada.

 

 

–Puede ser, estoy más impaciente ahora, se me agrava con el tiempo, cuando debería ser al revés. Creo que con la edad viene el tema del tiempo, se vuelve muy valioso; hay muchas cosas que querés hacer y no te bancás bien eso de perder el tiempo.

 

 

–¿Festeja su cumpleaños?

 

 

–¡Hay que festejarlo! A mí siempre me gustó porque lo mío pasa por otro lado; tengo el rollo de la decadencia porque vivo en una sociedad que apuntala eso pero también creo que podés ser una mujer de cincuenta para arriba bella e interesante. Lo otro es muy horrible porque viene de la inseguridad, de no tener otras cosas en la vida como para gratificarte y no sentir solamente que el tiempo pasa y que uno envejece.

 

 

 

–La importancia de los anhelos.

 

 

–Tal cual, lo más importante en la vida para mí es el deseo de todo tipo, desear, desear… creo que el deseo mueve todo: vocaciones, el conocer, la amistad. Es el impulso vital.

 

 

– Pero siempre dice que el estado de enamoramiento atenta contra el impulso creativo.

 

 

–Sí, hay una idea errónea de que el amor nos completa y de que no hay conf licto con ello y cada cual puede hacer su vida. Pero el tema es el desgaste y cómo hacer compatible una cosa con la otra. Yo hice todo tipo de experimentos con mi terapeuta, él me decía: “Guardate un día en la semana para vos”. No puede ser que no pueda decir: “El lunes dibujo”, o “Arreglo mi placard”, o “Me voy a caminar”, no sé. Pero te va envolviendo la alienación y sólo lo hacés cuando tenés un deadline, te ponés y llegás pero en el camino perdés esos momentos en los que a veces uno se pone a hacer trazos o a juguetear sin tener una fecha concreta.

 

 

–Habiéndolo asumido, ¿pudo resolverlo?

 

 

–No… pero el otro día me encontré con una mujer que admiro mucho y me contó que está en pareja hace años en casas separadas. Me parece que está bueno, eso ayuda aunque no sea la solución. Después de pasar varias convivencias, que es divino también, sé que llega ese momento… y no, no lo tengo resuelto. Pero como de todas maneras me enamoro menos, puedo trabajar tranquila.

 

 

– ¿Por qué se enamora menos?

 

 

–Puede ser que no tenga la mirada tan puesta ahí, y para mi generación es difícil porque los hombres de mi edad están con pibas más jóvenes teniendo hijos, lo que te queda es agarrar alguien más parecido a tu hijo, lo cual también es un mambo… ¡No es que deseche la carne joven! (risas). Además estoy muy acostumbrada a estar sola.

 

 

–¿Eso la hace mejor artista?

 

 

–No sé, no… creo que lo que te hace mejor es cómo viviste y haber tenido una gran pasión, eso seguro que te hace mejor, y yo por suerte la tuve, larga y hermosa.

 

 

 

 

“Hay una idea errónea de que el amor nos completa, de que no hay conflicto con ello y cada cual puede hacer su vida”.