Empezó casi de casualidad: Peter estaba jugando al rugby en Cariló, le sacaron una foto y llamaron a sus padres para ofrecerles que fuera la cara de una marca de ropa infantil. “A los dos años me convocó la gente de casting de Cris Morena, habían visto una foto de la marca y querían hacerme una prueba. Fui y quedé en Chiquititas”, recuerda.

 

Así arrancó quien es hoy uno de los personajes más buscados del medio. No sólo por sus fanáticas, que lo siguen incansablemente, sino por la prensa, que a partir de su reciente noviazgo con Martina Stoessel se desvive por conseguir la foto del romance. “Somos novios, estamos felices”, es todo lo que dice Peter sobre el asunto, y aclara que elige preservar la intimidad de la pareja en contra de la exposición. “Es algo mío, de ella, de la familia”, explica.

 

 

–¿Es cierto que Martina era una de sus fans?

 

 

–No fue tan fan mía, pero una vez me cruzó en la playa y me pidió una foto, calculo que de cholula.

 

 

–Pero no tenía el cuarto empapelado de posters de Peter.

 

 

–No, hasta donde yo sé no.

 

 

–Sus padres formaron una familia muy sólida, con cuatro hijos, y siguen juntos hasta el día de hoy. ¿Se imagina un futuro similar?

 

 

–Si, re, pero falta un huevo. Me encantaría casarme y tener hijos, es el sueño de mi vida. Me encantaría una familia numerosa.

 

 

–¿Cómo se manejó familiarmente su carrera en los medios? ¿Sus padres lo aceptaron?

 

 

–Me bancaron, no les gustaba nada y sigue sin gustarles mucho. Le tienen miedo y respeto, me cuidan en un montón de cosas.

 

 

–¿A qué le temen?

 

 

–A lo que pueda llegar a pasar en un futuro por el simple hecho de que tome malas decisiones, o de que me haga mierda la prensa. Las simples cosas que van pasando a partir de tomar un rumbo que no es el que ellos me enseñaron.Igualmente, cuando me van a ver al teatro les encanta y me apoyan, como me apoyaron desde el minuto uno.

 

 

–Comenzó a trabajar de muy chico. ¿Fue por vocación?

 

 

–Fue todo muy novedoso al principio. Me encantaba, pero nunca hubiera imaginado ni soñado todas las cosas que me fueron pasando. Hoy sí siento que tengo más hambre, y me estoy preparando para eso.

 

 

–¿De qué es ese hambre que empieza a aparecer?

 

 

–Estoy recién empezando a prepararme bien para el día de mañana poder hacer papeles como yo sueño. Copados, que dejen una marca para mí y para otras personas. Estoy arrancando a estudiar Dirección y Producción, y de la mano de Nacho Viale ya empecé a armar un par de cosas.

 

 

–¿Como productor?

 

 

–Sí, empezar a tirar ideas, hacerActor brainstorming y ver qué sale. Aprender, siempre de a poquito.

 

 

–¿Quién es para usted Cris Morena?

 

 

–Es mi inventora, dentro de lo artístico es como una madre. Tiene un ojo muy distinto. Lo que toca lo hace oro. Labura muy profesionalmente, es muy estricta, te forma. Los chicos que salen de ahí tienen una formación muy completa, actúan, cantan, bailan, llegan a horario, se saben la letra.

 

 

–¿Con ese ritmo pudo terminar el colegio?

 

 

–Sí, me tuve que cambiar, yo iba a uno doble escolaridad, y me cambié a uno de medio día, salía a la una y a las dos llegaba a grabar.

 

 

–¿En algún momento se creyó la fama?

 

 

–Creo que no. Mi familia y mis amigos de rugby son mi cable a tierra y son las personas que siempre me mantuvieron en eje.

 

 

–¿Por qué no juega más al rugby?

 

 

–Por tiempo, y porque no me puedo lastimar. Si yo firmo ahora un contrato para el teatro y me rompo la rodilla, me matan.

 

 

–¿Es una cláusula de los contratos?

 

 

–No, es una cosa mía, pero es lógico. Si vos sos modelo y te gusta el box y caés con la cara toda rota, algún problema vas a tener. Es lo mismo.

 

 

–¿Cómo se lleva con el fanatismo que genera en la gente? ¿Le gusta, lo asusta, lo fastidia?

 

 

–Es una mezcla de todo. Mucha gente cree que tener tantos seguidores en Twitter es lo mejor que te puede pasar, pero tu vida personal se limita mucho, no podés ir al shopping un domingo a la tarde. Es ir a sacarte fotos la hora y media que estás ahí, y no sé si eso me parece tan divertido.

 

 

–¿Acepta siempre o a veces se niega?

 

 

–Si la gente se acerca con respeto, y no esa cosa de obligación de que porque salís en la tele sí o sí tenés que querer, está todo bien. Me ha pasado de estar comiendo en McDonald’s y que se me sienten y me coman las papas fritas.

 

 

–Tengo entendido que hasta Robbie Williams se sorprendió de las fanáticas que llevaba Teen Angels.

 

 

–Eso fue increíble. Estábamos nominados para los 40 principales de España, hospedados en el mismo hotel que él; parece que había un par de fans gritando y cuando salió a saludar se dio cuenta de que no era para él. Esto nos lo contó él en los camarines del Palacio de Deportes, el día del show; nosotros lo mirábamos sin poder creer que nos estuviera diciendo eso.

 

 

–¿Qué le regalan las fans?

 

 

–Un montón de cosas: chocolates, cartas, CD, DVD (saben que colecciono), hacen regalos muy personalizados, saben qué regalar.

 

 

–Si quiere, aprovechamos para avisar que quiere cambiar el auto.

 

 

–No (risas).

 

 

–No abusa de su posición.

 

 

–No, ni loco, muchas veces pasa que me regalan algo fuerte y me da cosa aceptarlo.

 

 

–¿Qué fue lo más importante que le regalaron?

 

 

–Una guitarra.

 

 

–¿Cuál es la contra de haber adquirido fama desde tan chico?

 

 

–He perdido un par de cosas: viajes con amigos, viajes de estudio, experiencias, salir al cine. Ahora me tengo que esconder, ir en determinados horarios o estar comiendo y que de la mesa de al lado se estén escondiendo para sacar una foto.

 

 

 

–¿Qué justifica esa pérdida de libertad?

 

 

–Las experiencias que viví no me las saca nadie, nunca más. Estar parado frente a cuarenta mil personas, cerrar los ojos y escucharlos es lo mejor que me va a pasar. Lejos.

 

 

–Uno de los trabajos que hizo fuera del entorno de Cris Morena fue La dueña, con Mirtha Legrand. ¿Cómo fue trabajar con ella?

 

 

–Fantástico, una de las experiencias más interesantes de mi vida. El oficio que tiene es increíble. Ella sabe donde pararse, donde está la luz, donde está la cámara. No tuve nunca un problema. Aparte, soy muy amigo de Nacho.

 

 

–¿Ese vínculo es anterior o posterior a La dueña?

 

 

–Anterior, soy amigo desde hace algunos años, cuando él empezó a salir con la China (N. de la R.: Eugenia Suárez). Yo llego a La dueña gracias a Nacho.

 

 

–¿Pudo ahorrar en estos años de carrera?

 

 

–Sí, ya tengo mi departamento y sigo invirtiendo.

 

 

“Voy a estudiar Dirección y Producción. Quiero aprender, de a poquito.”

 

 

–¿Es una persona austera?

 

 

–Sí, aparte mis viejos me dan la mano más grande con eso. Me ayudan, me aconsejan, me cuidan la plata, me administran.

 

 

–¿En el trabajo también lo ayudan?

 

 

–Sí, por temas de contrato y esas cosas sí. Hoy en día mis mayores representantes son mis viejos.

 

 

–¿Vive con ellos?

 

 

–No, ya no, me fui en febrero. Tenía la experiencia de irme de gira, dormir solo y estar lejos, pero es la primera experiencia viviendo solo acá.

 

 

–¿Cómo lo está llevando?

 

 

–Bien, igual muchos amigos me vienen a visitar, y si termino tarde a veces me voy a dormir a lo de los viejos.

 

 

–¿Se acuerda de pagar las cuentas y llenar la heladera?

 

 

–Sí, me dan una mano igual con esas cosas. Me ocupo de llenar la heladera, de limpiar, de a poquito le voy agarrando la mano, no es fácil.

 

 

–¿Le tiene miedo a algo?

 

 

–Le tengo pánico a las arañas. ¡Pánico mal!

 

 

–¿Algún TOC?

 

 

–En el auto el volumen tiene que estar en un múltiplo de cinco. Cinco, diez, quince, veinte. Es una cosa medio rara, trato de cambiarla, pero me cuesta un huevo.

 

 

–¿Se siente tocado por la varita mágica?

 

 

–Por Cris Morena y su varita. Sí, tuve mucha suerte, pero la verdad es que laburé un montón, le metí muchísimo y estuve muy bien manejado por personas que me supieron acompañar.

 

 

–¿Cree en Dios?

 

 

–Sí, soy de agradecer, pedir, ayudar. Yo creo que siempre hay alguien protegiéndonos.