Alejado de los rumores sobre su separación, el actor chileno se confiesa en una charla íntima con EL PLANETA URBANO.

 

Las etimologías son pretenciosas y trilladas, pero cuando la literalidad se impone son contundentes. El término “protagonista” viene del griego y significa “primer” (protos) “luchador/ combatiente” (agonitis). Gonzalo Valenzuela es eso: un actor principal que sale a buscar su destino desde la altura de su metro ochenta y cinco, no como un héroe griego sino, justamente, como el epítome del hombre moderno.

 

 

A los 12 años, siguiendo los pasos de su hermano mayor, empezó a estudiar actuación, pero en el momento en que terminaba el colegio y debía elegir una carrera, su hermano murió en un accidente. Para preservar a su madre de dolorosas asociaciones, optó por la carrera de Comunicación Audiovisual y mientras tanto trabajaba como barman y seguía tomando clases de actuación casi a escondidas.

 

 

Finalmente, la vocación se impuso, y contra el miedo materno y el tradicionalismo paterno empezó a actuar primero en teatro y luego en televisión. Un tiempo después, sus padres se enfermaron y murieron, los dos al mismo tiempo. Gonzalo se fue a Europa, conoció a otros artistas y se entusiasmó con la idea de autogestionar un espectáculo allá. Cuando volvió a Chile para ordenar algunas cosas antes de la partida definitiva, le ofrecieron un papel en la versión trasandina de Machos. Entonces, la fama.

 

 

–¿Cómo está?

 

 

–¡Trabajando muchísimo! Estoy con las grabaciones de Socias [la versión chilena de la serie de Pol-ka] y editando los documentales de National Geographic [ver recuadro]. De las grabaciones paso a editar, pero está muy bien, es una experiencia maravillosa y me sentí muy bien, creo que es un gran debut.

 

 

–¿Cómo hace tantas cosas? Tiene fama de desordenado.

 

 

–No, si fuera desordenado no podría. Tampoco soy un obsesivo pero me ordeno muy bien, ordeno mi tiempo bastante bien para poder hacer todo y, ojalá, de la mejor manera posible. Trato de no encarnar el viejo refrán que dice “el que mucho abarca poco aprieta”, prefiero apretar bien lo que pueda. Estoy con una agenda bastante apretada pero eso está buenísimo, eso me mantiene alegre.

 

 

 

–¿Sigue boxeando?

 

 

–No, pocazo. Más que tuve un accidente a principios de este año y me quebré un dedo. Igual todos los días me levanto muy temprano en la mañana para entrenar, me estoy entrenando pero no estoy para pelear.

 

 

–¿Y de dónde saca tanta energía?

 

 

–Claramente yo tengo la suerte de hacer algo que me apasiona, que me encanta y que me mantiene todo el tiempo activo y con ganas de hacer más. Creo que es un gran privilegio haber elegido esta carrera y haberme atrevido en su minuto, hace muchos años atrás, a seguirla. Hoy día estoy completamente agradecido de lo que hago y apasionado todavía, no se me termina la pasión ni por la actuación ni por todas las otras cosas como el centro cultural, gestar cosas, gestar contenidos…

 

 

–Y ahora, volver detrás de cámara.

 

 

–¡Y ahora esto de estar dirigiendo! Es de puro apasionado. No pensaba en hacerlo, pero de apasionado dije “sí, me encantaría”. Yo estudié Comunicación Audiovisual antes de sumar actuación, y realmente es algo que siempre me atrajo. La suerte es esa: hacer lo que a uno le gusta y levantarse todos los días con ganas de ir a trabajar y de aportar un poquitotambién, porque en la tele nuestra, por suerte, participamos muy directo en lo que hacemos. Estamos todo el tiempo creando y proponiendo y ayudando y tratando de que sea mejor, eso te mantiene activo.

 

 

–¿Tiene presente el momento en que tomó la decisión de apostar por el arte?

 

 

–Por supuesto, fue hace muchos años pero fue una decisión superbién tomada, supertomada. No me llegó de casualidad, sino que siempre, desde el colegio, quise ser actor. En el principio no pude y me fui a estudiar otra carrera pero por atrás estudiaba actuación escondido de mi familia. Después, cuando se enteraron, nada… me apoyaron al cien por ciento porque la otra carrera no era algo que me apasionara, y ahí empecé a estudiar en la academia actuación profesional.

 

 

–¿Cuál diría que es su mayor pasión?

 

 

–Va cambiando, yo me apasiono por distintas cosas. Hoy día, cuidar a mis cachorros, verlos crecer y acompañarlos.

 

 

–¿Qué es para usted la familia?

 

 

–Para mí siempre ha sido algo muy importante, muy importante pero que no nos pertenece, uno no tiene que hacer las cosas como cree que debieran ser según ciertos ideales establecidos por una tradición. Tenés que estar contento con que te digan que te aman y no hacerlos a tu semejanza.

 

 

–Hace un tiempo contó que tenía una chamana en Chile.

 

 

–Tuve en mi época, pero no era una chamana, sino una mujer que no practica ninguna ciencia. Ahora hace mucho que no hablo pero en su momento sí. Es una persona que me ayudaba mucho a tomar decisiones y a saber en qué lugares de conciencia uno está parado para tomar decisiones, pero siempre sin ser alguien que tenga un título o que pertenezca a alguna ciencia, sino más bien como una guía.

 

 

–¿Y ahora cómo toma las decisiones importantes?

 

 

–Reflexionando profundamente y con mucha calma. Ya también siento que estoy un poco más grande, uno toma las decisiones con más tranquilidad y pesan otras cosas que antes no pesaban tanto, cosas que tienen que ver con los hijos, con la familia. Ahora todas mis decisiones tienen que ver con todo un grupo, un núcleo.

 

 

–Como la decisión de instalarse en Chile.

 

 

–Ya, sí. Fue una decisión en conjunto, era un buen momento para venir, era muy buena la oferta y ya tenía ganas de volver a meterme en el Centro Mori [N. de la R.: Un importante complejo gestor de salas teatrales que fundó junto a Benjamín Vicuña y Cristóbal Vial en Santiago de Chile] y de volver a gestar cosas que ahora, de a poco, van aliendo.

 

 

–Me imagino que también extrañaba.

 

 

–Sí, también, obvio. Siempre se extrañan las raíces de uno.

 

 

 

“Uno no tiene que hacer las cosas como cree que debieran ser según ciertos ideales establecidos por una tradición. Tenés que estar contento con que te digan que te aman”.

 

 

 

–¿Cómo definiría el amor?

 

 

–Ehhh… [piensa]. Yo he aprendido que el amor de los hijos es una cosa que realmente no tiene palabras y no tienes ni cómo medirlo ni cómo explicarlo, es lo más lindo que me ha pasado, sobre todo si ese hijo puede encontrarse con ese amor, pero… no puedo más del amor de mis niños, no puedo más de amor.

 

 

–¿Y el amor de pareja?

 

 

–Y el amor de pareja también.

 

 

–¿Es más complejo?

 

 

–Son distintos. No le busco la complicación al amor, eso creo que es un error.

 

 

–¿Viven más tranquilos en Chile con respecto al acoso de la prensa?

 

 

–Sí, pero no sé tampoco. La verdad es que yo no me involucro mucho. Nosotros seguimos haciendo la misma vida de siempre, creo que también ya somos más aburridos; ya nos han intentado separar tantas veces… Ya no somos tan entretenidos como antes.

 

 

–Yo no me confiaría.

 

 

–(Risas) No.

 

 

–¿Cómo es tener un pie a cada lado de la Cordillera?

 

 

–Creo que siempre asumí una doble militancia de ambos países porque soy chileno y tengo familia en la Argentina, vamos a estar siempre yendo y viniendo. Desde que hice Doble vida ya han pasado nueve años trabajando en la Argentina, y entre medio también hice cosas muy interesantes acá en Chile, entonces he estado siempre con esa doble militancia que me encanta.

 

 

–A pesar de estar allá, este año llegaron varios estrenos de cine que lo tienen como protagonista y también lo vimos en el video de Fito Páez.

 

 

–Sí, creo que la directora, que es Romina Ricci, estuvo fantástica y la canción es mortal. Una versión de “Ne me quittè pas” de Fito que, la verdad, me parece espectacular.

 

 

–Tiene muy pocos pruritos con la desnudez y las escenas de amor.

 

 

–He hecho de todo y es parte del trabajo del actor, pero siempre a la gente le llama más la atención cuando se ve una teta. Creo que también he hecho cosas que no tienen nada que ver con eso. De hecho creo que he hecho muchas más cosas que no tienen nada que ver con eso, pero en la memoria de la cosa inmediata queda eso. Hay una cantidad de cosas que he hecho y que nadie se entera pero basta que aparezca un poto para que sea noticia. Es lamentable pero es así.

 

 

–¿No piensa que los buenos trabajos se imponen por su propio peso?

 

 

–No sé, hay tantos potos en la televisión… (risas).

 

 

–¿Qué ha aprendido sobre la muerte?

 

 

–Que sirve mucho.

 

 

–¿En qué sentido?

 

 

–Sirve muchísimo para aprender muchas cosas, para darte cuenta de muchas cosas, para comprender muchas cosas, para ver la vida desde diferentes puntos de vista, para ver la vida. Uno ve mejor la vida cuando ve la muerte.

 

 

–¿No le teme al paso del tiempo?

 

 

–No. ¡Qué siga pasando nomás, que viene muy bien!

 

 

–¿Y en qué se apoya cuando las cosas vienen mal?

 

 

–En el silencio.

 

 

–En este medio se suele estar muy rodeado de gente la mayor parte del tiempo.

 

 

–Por eso, lo mejor es el silencio.

 

 

 

Polifacético

 

 

Mientras graba los últimos capítulos de Socias, el actor ultima los detalles de los dos documentales que dirigió para la segunda temporada de la serie Viviendo positivamente, producida por National Geographic/Fox Latinoamérica, que será exhibida en 59 países. Además, Gonzalo participó en tres películas que se van estrenando sucesivamente en nuestro país: Sola contigo, de Alberto Lecchi; El amor a veces, de Eduardo Milewicz, y Olvídame, de Aldo Paparella. Y más: en abril comenzará a filmar en Marruecos y Nueva York un film de Daniel Barone.

 

 

 

 

“No le busco la complicación al amor, creo que eso es un error”.