Una mirada local sobre el deporte que sin distinciones de edad ni de género ya es parte del paisaje de las grandes metrópolis del mundo y empieza a convertirse en un movimiento social urbano.

La sociología estudia el comportamiento colectivo de las personas dentro de su contexto. Cuando ese comportamiento adquiere una característica en común y cuando ese contexto es una ciudad, esas personas se transforman en algo conocido como tribu urbana. ¿Son entonces los skaters una tribu urbana?

 

Valeria Bonfede, socióloga especialista en el tema, explica: “Como tribu, hay una apropiación del espacio público transformándolo en su territorio, protegido por la propia presencia del agrupamiento de pares. Una de las principales fortalezas de este deporte es su adaptabilidad a los diferentes escenarios y el disfrute de encontrar spots nuevos.

 

Ellos dicen, ‘los skaters miramos la ciudad con otros ojos’”. La disciplina propone una nueva relación con el cuerpo y entre los cuerpos desde los movimientos y los trucos (patear, tirar pruebas, hacer ollies) que sirve para reforzar la idea de nosotros y otros. Todo esto se ve decorado con una vestimenta común (zapatillas cómodas, remeras largas, gorras) que parece un requisito clave para tener un mejor andar y, a su vez, refleja el espíritu: practicar algo que te relaje. “El skate es mi meditación activa, llegó a mí a los cinco años y me marcó un rumbo. Me mantiene equilibrado en una Babilonia cada vez más colapsada de neurosis y hace más de 15 años que es mi medio de vida; logré convertir mi pasión en mi sustento económico, representa uno de los ejes más importantes en mi vida”, dice Martín Pibotto, presidente de la Asociación Argentina de Skate, surgida de la necesidad de que se los dejara de ver como niños en patinetas y comenzaran a considerarlos como “productores de la difusión y promoción del skateboarding en nuestro país”.

 

El impulso más importante que brinda el Estado es la instalación de los “skateparks”, espacios controlados y acotados, en oposición a los spots espontáneos que cada skater puede encontrar en la calle. Es decir, lo mismo que la ciudad ofrece naturalmente y por separado, pero todo junto: escalones, barandas, rampas… Así, más chicos pueden sumarse con el consentimiento y hasta el estímulo de los padres que ven con buenos ojos que sus hijos permanezcan dentro de los límites de un skatepark.

 

Martín agrega: “Es un deporte de autosuperación, cualquiera puede practicarlo y, al ponerse sus propias metas, persevera hasta alcanzarlas. La satisfacción es indescriptible. El skateboarding genera una sensación de libertad total, no hay reglas para su práctica y cada skater puede hacer lo que quiera con su tabla.

 

Por otro lado, en las ciudades cada vez hay menos espacios verdes y la gente cada vez está mas ocupada, con lo cual coordinar con 10 personas para formar dos equipos para practicar cualquier deporte convencional cada vez es más difícil. Con el skate, lo único que se necesita es la tabla y un piso liso y ya estás haciendo ejercicio y divirtiéndote sobremanera”. Entre la gente que lo practica, hay de todo: madres con sus hijos; chicos desde cuatro años y hombres y mujeres de más de 40, pero la mayor concentración está en el rango de 13 a 20 años. En general coincide con la entrada a la adolescencia porque habilita a mayores libertades y es una forma de sentirse “adultos”.

 

“Arriba de la tabla siento felicidad, libertad, ¡siento que estoy en una alfombra voladora! Que se expande la capacidad de movernos que tenemos como bípedos.

 

Las preocupaciones se van de la mente y esta se ocupa sólo del presente”, dice Martín, quien compite profesionalmente desde muy chico. Valeria refuerza la idea desde el análisis sociológico: “Una de las características que contribuyen a la libertad de este deporte es su esencia: no hay movimientos correctos o incorrectos, no tiene reglas, no necesita de otros, cada uno tiene su estilo particular y sus pruebas, los trucos son infinitos y no tiene estructura de tiempo. Pero además, no se necesita saber nada previo y no tiene grandes requerimientos: si hay un skate, ya está. Es un deporte de código abierto: todo el mundo es bienvenido, respeta las libertades de cada quien y no tiene una demanda de un cuerpo específico. También hay libertad en el armado de la tabla, que puede no comprarse y hacerse muy fácilmente y con pocos elementos, según el gusto particular de cada uno, transformando el skate en algo muy personal, hecho a medida”.

 

La comunidad skater combina la pasión y lo lúdico. Ofrece una opción deportiva, saludable y una conexión con el aire libre y el espacio público. Por otro lado –y es uno de los principales hallazgos– su crecimiento como tribu urbana se puede comprender por su sintonía con el estilo de vida de hoy: el skate reivindica y permite la realización de valores positivos como la libertad, el caerse y volverse a levantar, el sobreponerse a los golpes y el logro personal dado por cualquier práctica deportiva. No hay más rival que la calle a la que cada día se conoce más para perfeccionar el andar. Es una actividad que parece darle aire a la relación con el entorno urbano que a veces pide eso; tomarse un respiro.

 

 

 

SPRITE URBAN TOUR

 

El festival de deportes urbanos Sprite Urban Tour congregó a más de 4.000 personas por primera vez en la ciudad de Buenos Aires. Se trató de una competencia intercolegial y open skate, con clínicas para principiantes, música de la mano de reconocidos DJ y un show de cierre a cargo de la banda de rock Massacre. La iniciativa se pudo seguir en vivo a través de la Fanpage de Sprite y se difundió con una campaña integral que incluyó comerciales de televisión, spots de radio, piezas gráficas, vía pública, comunicación en su sitio web y en redes sociales, donde los participantes pudieron compartir videos y fotos. Además, el programa Pasión Xtrema, que se trasmite por el canal Fox Sport, realizó la cobertura del festival para producir un documental que se emitirá a lo largo de cuatro capítulos de 30 minutos cada uno.

 

 

“Siento que estoy en una alfombra voladora! Que se expande la capacidad de movernos que tenemos como bípedos”. Martín Pibotto, Presidente de la Asociación Argentina de Skate.