El mejor alumno de Francis Mallmann se convirtió en líder de la nueva generación de cocineros mediáticos y le puso su nombre y su creatividad a uno de los restaurantes gourmet más concurridos de la ciudad.

No es el estereotipo del cocinero que luce sus kilitos de más como un trofeo entregado por lo delicioso de sus platos. Su look se acerca más al de un dandi que bien podría llegar en un descapotable de colección a un atardecer en la playa para mostrar su costado más canchero surfeando las olas a la caída del sol. Lejos está del auto pero no tanto del surf. Aunque está rodeado de infinidad de delicias que ofrece su restaurante –La Panadería de Pablo, en San Telmo–, él elige una colación de media mañana que consta de café, jugo de pomelo y variedad de frutas, y que interrumpe en varias oportunidades para dar alguna indicación en la cocina o el salón principal. Fue alumno destacado de Francis Mallmann, tiene su propio restaurante, una línea de aderezos de su creación y un libro de recetas (Cocina sin excusas). Por todo esto, su apellido es marca registrada.

 

 

–¿Se siente más cocinero que empresario o viceversa?

 

 

–Me parece que soy mucho más cocinero que empresario, pero pensar en construir un restaurante nuevo me encanta. Me fascina la idea de ver cómo la estructura va creciendo. En verdad estoy muy contento con cualquiera de las dos situaciones. Me gusta estar en todo pero también trabajar con un equipo, me parece que es mucho más eficiente toda la situación. Hay veces que pienso en que hay que hacer un programa nuevo de cocina sobre un tema un poco trillado como lo es parrilla, por ejemplo, y me gusta encontrarle la vuelta, ver cómo lo voy a desarrollar, cómo voy a lograr que sea interesante (…)