La más bella y la menos ingenua. Exitosa y antidiva. Espontánea y certera. Fresca, simpática, amable, respetuosa, trabajadora, profesional. Ella es todo eso y mucho más.

A la uruguaya más linda de la televisión argentina no le incomodan los desafíos. Se alejó durante siete años de la pantalla chica, hasta que aceptó protagonizar Solamente vos. En este tiempo creció como persona, se consolidó profesionalmente, fue premiada, afianzó su pareja y se convirtió en madre. No cualquiera puede bajarse de la carrera del éxito y permitirse explorar otros caminos: ella lo hizo, apostó a más y ganó. Sin renegar de la heroína que besa apasionadamente y hace reír con su frescura, se animó a recorrer y explorar nuevos senderos. ¿Los resultados? Una prolífica carrera cinematográfica, su marca de ropa totalmente afianzada y el éxito actual más arrasador del prime time local.

 

 

–¿Los besos de la vida real son tan lindos como los de las novelas?

 

 

–Tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno. Yo soy muy cariñosa, re mimosa y superromántica. Me encanta que me hagan mimos y que me rasquen la espalda. Para dormirme, para despertarme. Soy medio gatito. No podría estar con una pareja que no fuera afectuosa físicamente.

 

 

–¿Después de 12 años en pareja, puede mantener este nivel de romanticismo?

 

 

–Sí, porque eso tiene que ver con la ternura, es un vínculo de la pareja. Si no lo tenés lo buscás en otro lado, porque es parte de lo que necesitás para sentirte contenta.

 

 

–¿Cuando lo conoció a Ricardo Mollo imaginó este recorrido?

 

 

–Cuando lo conocí supe que iba a ser el hombre de mi vida,mi cuerpo sintió un cimbronazo. Yo conocía a la banda pero no la cara del cantante. Me lo presentó un amigo en común y lo único que vi fue una sonrisa eterna, muy sincera, muy franca, sonríe todo el tiempo. Me encontré con una persona muy verdadera, y eso me enamoró. Ricardo y yo somos muy parecidos.

 

 

 

–¿En qué?

 

 

–En lo cotidiano. En el gusto por lo simple. En las elecciones. Si no, no podés construir una pareja de 12 años. Nosotros nos casamos a los cuatro meses de estar juntos. Teníamos una fascinación mutua y mucha similitud en nuestros gustos, que es desde donde uno construye. Y en lo que no nos parecemos, nos complementamos.

 

 

–¿Le gusta ser la madre en la que se convirtió?

 

 

–Sé que soy la mejor mamá que puede tener Merlín porque él me eligió. Estoy convencida de que los hijos eligen a los padres y no al revés, y eso a mí me quita mucha presión, si no tendría mucha culpa. Yo trabajo mucho, a mí me gusta lo que hago y no quiero ser una mamá culposa. Obviamente, a partir de él mi prioridad se modificó. Los primeros seis meses del año próximo mi intención es no trabajar, irme a vivir al campo y disfrutar de muchas cosas que hoy no estoy pudiendo hacer.

 

 

 

–¿Las horas que pasa en su casa son de Merlín?

 

 

–Sí, totalmente, aunque estoy cansada. Todos los días aprende algo nuevo y me lo quiere mostrar. Le doy la teta, y eso me cansa mucho porque te baja la energía, pero es un momento maravilloso. Tengo mucha suerte de tenerlo a Ricardo también.

 

 

–¿Es un papá que se ocupa?

 

 

–Es un padre hiperpresente, está más tiempo físico que yo, se lo lleva a todos lados con él, es maravilloso. Siempre dice algo que para mí es así: “El hombre construye el vínculo con el hijo, la madre ya lo tiene porque lo tuvo adentro y eso es para siempre”.

 

 

–¿Cómo es su relación con las hijas de Ricardo [N. de R.: Azul (30) y Martina (24)]?

 

 

–Divina, para el día de la madre me regalaron una orquídea, me re emocionó.  Son dos hermanas superpresentes.

 

 

–¿Cómo influyó la diferencia de edad en la pareja?

 

 

–Él me dio una paz que yo no tenía, me enseñó muchas cosas y me hizo confiar mucho en mí. Siempre me apoyó y me dio su punto de vista desde un lugar de mucho cuidado. Él no se estaba buscando, ya se había encontrado, yo me estoy buscando y él en ese proceso me da mucha tranquilidad. Hay momentos en los que yo tengo un pedo en el orto y él me baja, entonces me doy cuenta de que tengo que parar.

 

 

–¿Esa búsqueda tuvo que ver con su alejamiento de la televisión desde 2006?

 

 

–Sí, tuvo que ver con una necesidad mía de resignificar mi profesión. Trabajé desde muy chica y siempre elegí qué quería hacer, hasta que me empecé a dar cuenta de que me estaba limitando en cuanto a las interpretaciones y terminaba repitiéndome. Entonces encontré en el cine mi posibilidad de experimentar con matices distintos.

 

 

–¿Cómo conviven hoy la actriz de comedia que hace televisión con la que este año ganó el Cóndor de Plata por Infancia clandestina y el premio Unasur por Wakolda?

 

 

–No todos los actores son buenos en todos los roles. En mi caso tengo más afinidad con la comedia, pero me empecé a aburrir de hacer papeles similares y empecé a superar mis propios límites. Me gusta interpretar a mujeres fuertes. No ser siempre la heroína, la buena de la historia; me muero del aburrimiento. Para eso necesité ir a la búsqueda de esos personajes.

 

 

–¿Sintió un prejuicio desde el medio?

 

 

–No, nunca sentí un prejuicio de que yo no podía interpretar otras cosas. Quizá pensaban que a mí no me interesaba hacer esos personajes. Luego de haber hecho dos o tres películas se empezó a ver la mujer. Fue una decisión mía rechazar personajes que se iban para el lado de la nena.

 

 

 

–¿Las actrices más grandes son más demandadas en cine que en televisión?

 

 

–No siento que falte espacio para mujeres de más de 30 en tele, creo que se necesitan programas con gente de todas las edades. Lo que sucede es que en el cine te pagan por tener arrugas y en la tele te pagan por que te las saques. A una persona operada en cine la rechazan, porque el cine transmite verdad.

 

 

–Salvo la cesárea y una apendicitis no tiene operaciones hechas, es raro en la tele eso.

 

 

–Yo pienso que uno envejece con la cara que merece. Si estás todo el día para abajo te arrugas así, yo tengo arrugas de reírme, no tengo el seño o la boca hacia abajo.

 

 

–¿Le choca el fanatismo por las cirugías?

 

 

–Que una mujer de más de 40 años se toque la cara no me preocupa tanto. Si es actriz puedo no compartir su elección. Lo que me choca son las chicas menores de 30 que se tocan la cara, eso no lo entiendo, me resulta extraño una chica fresca que se pone botox.

 

 

–Volviendo al trabajo y a la familia, ¿es cierto que con Ricardo se turnan para no trabajar los dos a la vez?

 

 

 

–Esa es la idea, pero este programa tenía que durar diez meses y decidieron extenderlo, ahí flipé porque ese acuerdo que teníamos se tuvo que modificar y fue un tema en la pareja. Él con razón me planteó que no era lo acordado. Aunque sigue tocando, tiene que modificar muchas cosas.

 

 

–¿Y por qué aceptó?

 

 

–Tengo un exceso de responsabilidad en lo que hago, por mis compañeros, porque son dos meses más de trabajo y por el público. La gente me cree cuando a mi personaje le pasa algo, y por eso Ricardo me entendió.

 

 

–A Aurora, su personaje, le molesta cuando sus padres discuten adelante suyo. ¿En su casa cuida que esto no pase?

 

 

–No soy de discutir, quizás en otro momento de mi vida era más guerrera, pero en este vínculo no, nos acomodamos fácil a la necesidad del otro. Somos de escucharnos, de charlar.

 

 

 

“No siento que falte espacio para mujeres de más de 30 en tele. Lo que sucede es que en el cine te pagan por tener arrugas y en la tele te pagan por que te las saques. A una persona operada, en cine la rechazan, porque el cine transmite verdad.”

 

 

 

–¿La plata importa en la elección de las propuestas laborales?

 

 

–Depende, yo negocio mis acuerdos económicos y me tienen un poco de miedo. No soy peleadora, pero me hago valer. Si me querés, esto es lo que cobro. Igual, lo que más me importa es lo que me puede aportar a mí artísticamente y si yo me siento preparada para el personaje.

 

 

–En breve llegan sus vacaciones. ¿Cuál es el mejor plan?

 

 

–Me gusta mucho viajar, no hacer nada, cocinar y engordar. Cocino chocolate, torta, brownies, me gusta estar en el campo, la huerta, los rosales, las orquídeas, las manualidades.

–Ahí imagino que no se arregla, no se produce.

 

 

–Noooo, soy un asco.

 

 

–¿Jogging?

 

 

–No, jogging no me gusta, no volvés más, se estira y no te das cuenta. Soy más de las polleras hippies, mi hermana me gasta porque dice que tendría que ser dueña de Rapsodia, no de Las Oreiro.

 

 

–¿Después de las vacaciones va a volver a la tele?

 

 

–No, quiero parar un rato largo nuevamente. La tira es muy desgastante. Encontré en el cine un lenguaje que me gusta mucho, me da la posibilidad de encarar en un mismo año distintos personajes y a la vez la posibilidad de estar mucho tiempo con mi familia. Tengo un proyecto para finales del año próximo para hacer la película de Juana Azurduy, y ahora me voy de gira a Rusia y Polonia.

 

 

–En Rusia la comunidad gay está viviendo una situación de discriminación terrible. ¿Eso le afectó?

 

 

–Sí, yo tengo mucho público gay, y sé que mucha de la gente que me va a ir a ver es gay. Me choca mucho que un gobierno los discrimine. He apoyado el matrimonio igualitario aquí y en Uruguay también.

 

 

–Hablando de Uruguay, ¿por quién hincha cuando juegan al fútbol con la Argentina?

 

 

–Uruguay, aunque no sé nada de fútbol, pero cuando juegan me sale un nacionalismo tonto, más para pelear. Cuando me dicen: “Eh, uruguaya, tu país es una provincia nuestra”, yo respondo: “¡En el fútbol les rompimos el culo!”. Lo hago más como una pica, para mí es lo mismo, Uruguay y la Argentina son lo mismo.

 

 

–¿Si le dan la posibilidad de pedir un deseo, cuál sería?

 

 

–La unión. Me gustaría que existiera más armonía en general. Creo que uno tiene que encontrar su refugio dentro del mundo que nos toca. Yo lo puedo hacer, pero tampoco quiero convertirme en un topo y que mi hijo crezca en un micromundo. La paz en el mundo suena medio Gandhi. Soy una persona pacifista, respetuosa de lo diferente y de la opinión distinta. Tengo amigos de todas las religiones y de todas las ideologías políticas y no quiero más a uno que a otro. Intento respetar su punto de vista, se la peleo a muerte, pero termina ahí la charla, nos tomamos un helado y no queda ningún resentimiento. De eso se trata la vida, de aceptar lo distinto y de no sentir que uno es el que tiene la razón.

 

 

“Cuando conocí a Ricardo supe que iba a ser el hombre de mi vida. Mi cuerpo sintió un cimbronazo. Me lo presentó un amigo en común y lo único que vi fue una sonrisa eterna, muy sincera, muy franca. Me encontré con una persona muy verdadera y eso me enamoró.”

 

 

 

Asistente de producción: Paula Basso. / Maquillaje: Sebastián Estrada. 

 

Peinado: Margarita Porto para Sergio Lamensa. / Manicura: Paula para Estudio Sebastián Correa.

 

 Vestuario: Las Oreiro. Anteojos, Carla Di Sí. Collar, Ginebra. Zapatos, Ricky Sarkany. Sombrero, Roma Renom.