Irreverente como pocos, enamoradizo, inocente, creativo talentoso y muy fan de Gilda. Todo eso es el autor de “Morrissey”, un músico fantasioso que regala sus discos en YouTube y sólo quiere que lo quieran.

Como en un constante renacer, el abanderado del pop argentino vuelve al ruedo con una impronta entre kitsch y esencial, inédita en su repertorio. Con menos brillantina y un enfoque más cotidiano, da rienda suelta a su nuevo disco, Algo real, en donde escanea con sus canciones, uno a uno, los pormenores del amor terrenal. “Es lo que me representará por un largo tiempo. Corto un poco con la fantasía que viví durante muchos años. Es el cuadro de mi verdad hoy. De lo que soy, de lo que puedo ver frente a un espejo. Quiero algo real, más allá de que se cumpla o no. Poderlo abordar, tocar, contar. Viví mucho tiempo en otros estadios fantasiosos que después me hicieron mucho daño”, cuenta.

 

 

 

–¿Está viviendo una nueva era de madurez?

 

 

–Puede ser. El último tiempo mío fue de un redescubrimiento asombroso que me fascinó. Volví a ser under de nuevo, a tocar en lugares para muy poca gente. La vez pasada estuve reflexionando y llegué a la conclusión de que con “Morrissey” la pegué, “Reírme más” llegó a todo el mundo, “Tesoro” es un tema que en mis shows lo cantan todos, y eso en definitiva es lo que a un músico lo hace feliz. Después llegó El milagro del pop y me reversioné, pero desde un lugar hasta infantil. Ahora quiero pisar más fuerte, sabiendo que los pasos que doy son los acertados.

 

 

–¿Siente que es un retroceso volver a tocar en bares?

 

 

–No, todo lo contrario. Ir a tocar a los barcitos donde tocan las bandas nuevas me hizo muy feliz. Me ofrece la continuidad que no encontraba desde hacía tiempo, porque me veía postergado a la espera de un escenario grande, que no los hay. Quería un recambio. Estaba estancado, y de esta forma siento que me estoy afianzando nuevamente.

 

 

–¿Eso le abrió las puertas para producir bandas nuevas?

 

 

–Exacto. En esas noches de pub, música y confesiones, descubrí a un montón de músicos impresionantes que me propulsaron a hacer el sello Geiser, junto con la gente de Popart, donde difundiremos su música. La idea es darles espacio a bandas que suenan muy bien, pero que no tienen alcance masivo. Como hizo Gustavo (Cerati) en su momento conmigo. El rock nacional está como geronterizado, y siempre están los mismos: Litto Nebbia, Charly, Fito y Andrés. Agregale un Babasónicos; ponele un Tan Biónica como nuevos, pero muy pocos. Queremos darle identidad a una nueva camada de artistas que son muy talentosos y que saben lo que hacen. De hecho, muchos de ellos me influenciaron a realizar mi reciente disco.

 

 

 

–Su disco Algo real va a ser subido completo a YouTube de manera gratuita. ¿No teme ser el artista que ningún sello discográfico quiere en sus filas?

 

 

–(Se ríe) La verdad es que ya no se puede especular con la venta de discos, si todos sabemos que no se venden. La idea es difundir la música, encontrar nuevos públicos y que eso motive a ir al vivo. Lo importante es que la mayor cantidad de personas disfruten de tu música. Para mí la única verdad es estar juntos en los shows, donde soy más yo que nunca. Es como un acto religioso. El disco es un soporte. Las generaciones cambiaron y no hacen del disco un material de culto. Lo escuchan online, en un pendrive o en un disco grabado con el marcador negro que explica qué artista es. Yo sigo comprando discos, hago un ritual de ese momento, pero porque tengo cuarenta años. Los de veinte no van a gastarse cincuenta pesos en algo que lo tienen gratis en la web.

 

 

 

–Esto que dice es verdad. Vamos entendiendo el significado de su “algo real”.

 

 

–Totalmente. Las nuevas generaciones superaron el síndrome Disney. Hasta el mismo Disney tiene una película llamada Fantasía. Las ilusiones ya no van más. La gente quiere vivir el hoy. Mi disco es posflúor. Basta de ese mundo idílico que nunca existió y que no representa a nadie. Sí, lo real de las cosas y del día a día. Estar a veces muy feliz y otras aguantarse los pesares. No todo es bueno.Entender que los problemas siempretienen solución. Lograr, o al menos generar, un entorno hermoso. Estoy en una etapa de rodearme de gente buena, positiva, que me quiera. Porque cuando se tiene la energía baja, eso ayuda. Se puede estar alejado de la tristeza si uno no piensa tristemente.

 

 

–¿Se psicoanaliza?

 

 

–Hice mucha terapia hasta que dejé porque no me dejaba volar. Estaba muy con los pies sobre la tierra y no tenía la libertad necesaria para componer. Ahora si estoy muy estresado me voy a respirar al aire libre, medito, hago Kabbalah. Soy como un libro de autoayuda abierto. Todo el tiempo estoy buscando la forma de encontrar mi paz interior y exterior.

 

 

–Sus motores son el amor y la música.

 

 

–Porque es de lo que menos entiendo (risas). Entonces busco entenderlos y por eso creo canciones, melodías, me investigo, me pienso, me pongo a prueba. Todo lo demás lo entiendo bien.

 

 

–¿Qué le hace bien de su realidad?

 

 

–Me hacen bien mis amigos, los periodistas, mis músicos, mis productores. Encontrarme con Litto Nebbia y que quiera producirme un disco. Que alguien quiera venir a verme tocar (sonríe). Que vengas vos a hacerme una nota y quieras saber más de mí.

 

 

 

–¿Y qué le hace mal?

 

 

–Soy muy enamoradizo. Cuando me enamoro de alguien sufro mucho, me gasta energía. Sí, okey, lo canalizo en canciones, pero ya tengo muchos discos sobre eso. Qué más voy a hacer. Una opereta si sigo así (se ríe). Me jode obsesionarme con alguien, estar triste si no está a mi lado, sonreír si sí está.

 

 

“DESEAR ME HACE MAL. DESEARÍA NO DESEAR MÁS NADA. PERO NO ES LA RESPUESTA, LO SÉ. TODO LO QUE DESEO ME HACE MAL PORQUE NO ME DA LA GARANTÍA DE SER FELIZ. DESEAR ALGO QUE CUANDO LO ALCANZÁS TE HACE FELIZ SÓLO UN SEGUNDO, Y DESPUÉS VOLVÉS A CERO”.

 

 

–¿Qué más?

 

 

–Soy muy desordenado con la parte contable de mi vida. Soy muy infantil. Todo me sale más caro porque todo se me vence. Me dan cheques, me olvido de cobrarlos y después tengo que volver a gestionarlos. Tengo gente que me ayuda con mi economía, pero si fuese más ordenado tendría  mucho más de lo que tengo.

 

 

–Al escucharlo parece haber logrado todo, o al menos casi todo. ¿Qué desea de la vida?

 

 

–Tengo una canción que dice “no quiero nada más, desear me hace mal”. Y desear me hace mal. Desearía no desear más nada. Pero no es la respuesta, lo sé. Pero pará… Todo lo que deseo me hace mal porque no me da la garantía de ser feliz. Desear algo que cuando lo alcanzás te hace feliz sólo un segundo. Y después volvés a cero. Cuando dejás de desear, llegan mil cosas para elegir. Cuando deseás te estructurás en algo que sabés que no te da garantía de ninguna felicidad. Cuando empiezo a desear me descontrolo. Entro en un mundo de insatisfacción constante que me hace muy mal y que no lo calmo ni componiendo. Tal vez me distraiga, pero por dentro sigo angustiado.

 

 

 

–¿Qué le provoca Gilda?

 

 

–(Sonríe) Gilda es parte de mi vida. El 7 de septiembre pasado puse unas fotos de ella en mi Facebook e iba a ir al cementerio, pero se largó a llover y no fui. Cuando la gente me pide sus canciones, las canto. Me gusta la locura de ser su fan. Estoy loco por ella. Hay que estar loco para ser fanático de una persona que no está viva. Y esa locura es buenísima porque hace real algo que no lo es. Y este “algo real” es parar un poco con todo eso, aunque a veces no le haga caso. “Pará un poco, loco, de vivir fantasiosamente ”.

 

 

–¿Gustavo Cerati?

 

 

–(Sonríe con más intensidad) El mejor productor de mi vida. No habrá otro igual. Lo frecuento como todos sus amigos, me amigué con la situación. Hay momentos que son más difíciles de entender y puteo, maldigo la vida; pero después entiendo. Conmigo nunca se equivocó. Y está todo el tiempo en mí y en mis canciones. Que no es muy distinto a lo que me pasaba antes de conocerlo.

 

 

–¿Un deseo cumplido?

 

 

–Más que un deseo, un sueño cumplido. Con el plus de no sólo haberlo conocido, sino hacernos amigos. Que con Soda Stereo haya tocado una canción mía fue de no creer. Pensá que en los ochenta estábamos todos peinados como él y que después quiera producirme… impensado. Fue todo demasiado. Gustavo me encandiló y me quemó los ojos.