Viajamos a Santiago para ver un adelanto exclusivo de la nueva temporada de Prófugos, la primera serie de HBO filmada en Chile.

La industria cinematográfica chilena está pasando por un buen momento. Durante la última década casi triplicó su recaudación bruta y, por supuesto, no es casual el creciente nivel de sus producciones, que actualmente suman unos 40 largometrajes anuales. La nana, Gloria y No (nominada al Oscar) son parte de un suceso comercial y artístico de alcance mundial. Tanto es así que fue el país elegido por la señal internacional HBO para Prófugos, su séptima producción original en América latina, con producción y dirección general de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, de la productora Fábula, probablemente uno los mayores artífices del fenómeno. El equipo de producción lo  completan Luis F. Peraza y Roberto Ríos, de HBO Latin America Originals, y Cristian de la Fuente y Rodrigo Flores, de Efe3.

 

La historia de la serie gira alrededor de cuatro hombres que intervienen en una fallida operación de tráfico de drogas que desata una furiosa persecución a lo largo del territorio chileno. En esta segunda temporada quedan tres de los protagonistas originales: Benjamín Vicuña, Néstor Cantillana y Luis Gnecco. Siendo el primero ya conocido por el público argentino, hay que destacar la hondura interpretativa de Cantillana, con un interesante curriculum en televisión, teatro y cine, y el cínico desparpajo de Gnecco, de amplia trayectoria televisiva y cinematográfica. (Los tres son parte de No, la película de Pablo Larraín que este año fue nominada al Oscar.) La nueva incorporación es un enigmático personaje encarnado por otro monstruo sagrado de la escena trasandina, Alfredo Castro.

 

Las locaciones filmadas en alta definición van desde Iquique hasta Valparaíso, pasando por Santiago Farellones y Temuco, entre otros. La inmensidad del paisaje propicia entonces la paradoja poética del círculo de opresión que se ciñe sobre los protagonistas. En la primera temporada la persecución termina en el punto exacto donde ahora inicia la segunda: la cárcel. Para pintar el clima de un penal latinoamericano se impuso la referencia de Tumberos, y los realizadores convocaron a Adrián Caetano para colaborar.

 

La prisión abrió el portón de la violencia,profundizó los sistemas de lealtades y traiciones en las relaciones y elevó la trama política hasta el presidente. “Me interesaba mostrar el funcionamiento de un equipo de gobierno y cómo se organiza frente a una crisis, pero el mayor desafío era articular esa narración y hacerla verosímil sin ser muy localista”, cuenta Pablo Larraín. Así, la serie es un diálogo permanente entre el drama realista y el vértigo de la acción, con un resultado que no podría pasar desapercibido al público global. 

 

“Es una satisfacción sentir que la industria le da una señal al mundo de que se pueden hacer ficciones con esta excelencia técnica y artística”, dice Vicuña, y amplía: “A veces la televisión tiene esa mirada un poquito distorsionada de la realidad, y si bien esto es ficción y hace un retrato universal, me siento muy orgulloso de la intención de mostrar la realidad sin maquillaje, con verdad”.